SED, UN EJERCICIO DE RIESGO TEATRAL EN ESTADO PURO

Siempre he sostenido que el teatro te tiene que sacudir por dentro para ser bueno, o al menos para que a ti personalmente te resulte bueno. Si asisto como espectadora de cristal a una obra de teatro que no me dice nada, que no es capaz de despertar en mí emociones y preguntas, para mí no tiene el verdadero sentido del teatro. Por ello, prefiero dramas e historias de las que dejan huella a risas inconexas e insustanciales. Soy consciente de que no represento precisamente a un amplio porcentaje de la población ya que, muchos de ellos, lo que buscan en el teatro es evadirse sin más, a ser posible con una historia que yo calificaría como floja y que a ellos les resultaría probablemente hilarante.

La semana pasada asistí a la representación de Sed, una obra convulsa, de ésas que te noquean y que, a momentos, te dejan con una sensación como de falta de respiración. En la sala off del Teatro Lara, sólo dos actores en mitad de la sala, con esa cercanía que sólo es posible en lugares como éste, si extiendes la mano casi podrías tocarlo. Una escenografía que evoca a la infancia y piezas de lego gigantes como muebles, los Playmobil que habitaban entre castillos y fortalezas de Lego. Un entorno así probablemente no consiga evocarte al gran drama oscuro al que vamos a enfrentarnos, le da ese contrapunto aún más intenso.

Él en mitad de la escena, preparando la cena, cortando con ahínco y pulcritud rodajas de calabacín. Llega ella, despampanante y hermosa, una mujer ejecutiva que regresa de un trabajo importante a un hogar de esos que se antojan perfectos a ojo del espectador. Realidad fabricada de felicidad de anuncio. Comienzan a hablar, a juguetear con un punto de erotismo mientras los niños están en algún lugar cercano: el patio, la casa de la vecina, el cuarto de juegos…

De pronto y sin previo aviso todo estalla. Una confesión horrible para cualquiera: para quien la emite y para quien la recibe, nadie nos ha educado para eso. Esa confesión abrirá una grieta ¿insalvable? entre ambos. Se abre el miedo, el rechazo, la ruptura… intentar pegar los trozos tras el estallido, entender, comprender, ¿aceptar? Él grita pidiendo ayuda, ella no está preparada para lo que se le ha venido encima y le surgen dudas, miedos, terrores… y los niños, los niños en alguna parte, tememos por ellos más que por nosotros mismos, ¿o no?


Mentiría si os dijese que esta obra no me costó, me costó muchísimo. Primero, porque es inevitable el rechazo, después porque la carga emocional es tan intensa que hasta duele. Resulta tan profunda que tú yo de autosalvación evita que te hagas preguntas y te sitúas en esa mirada de espectador de cristal que criticaba precisamente al principio de esta obra. Cristal o témpano de hielo, no sabría qué decir.

Sed es un ejercicio de riesgo teatral en estado puro. Un montaje que ataca de pleno uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad, que aunque miremos para otro lado seguirá existiendo, aunque no queramos verlo. Da verdadero vértigo, las profundidades de nuestra propia oscuridad, nuestro yo más íntimo y perturbador.

Una actriz, Sauce Ena, que interpreta a una mujer desesperada, que quiere ayudar a su pareja pero quizá no lo haga de la manera más adecuada. No puede culpársele, ninguno de nosotros estaríamos preparados para ello. Pero ella insiste, lo intenta, por su rostro pasan las emociones más aciagas, las que nunca querríamos haber vivido, y ella las representa en medio de la fragilidad emocional como un auténtico titán interpretativo.

Su contraparte, un actor, Mariano Rochman, que debe enfrentarse al mismo horror y además dar un paso más, porque la monstruosidad, lo más oscuro del mundo habita en su interior. Aunque ella está estupenda, él tiene la verdadera carga interpretativa.



Un montaje que no te dejará indiferente

VIERNES VITALES 57: SI ESTÁS CANSADO, ¡DESCANSA!

No sé si te pasará a ti, que ahora estás leyendo este post. Lo cierto es que, en determinados momentos del año, noto cómo mi energía disminuye y llego más mal que bien al final del día. Enero y febrero son sin duda los meses más difíciles y tristes, en los que hace frío, cuesta más levantarse, prefieres quedarte en la cama y no asomar ni la nariz fuera de casa y además me encuentro con una total falta de energía. En definitiva, me quedo sin pilas. También pasa en otros meses como noviembre o quizá incluso diciembre, pero la perspectiva de las Navidades en el horizonte (y las vacaciones en mi caso) lo hace más llevadero.

Pues bien, si estás cansado, ¡descansa! Parece obvio, ¿verdad? Si estás cansado y sólo te apetece dormir, da igual que te planifiques, que quieras hacer todo lo que tienes en la lista, que te pases la vida haciendo listas de tareas que querrías cumplir… porque si estás cansado o cansada, nada funciona. Sin embargo, en etapas de agotamiento nunca encontramos el momento para descansar, cuando realmente es la piedra angular. Si no descansas, no podrás hacer todo lo demás. Entonces, ¿por qué me quejo constantemente de cansancio y sin embargo sigo, sigo y sigo?


En mi caso, aunque no siempre lo cumplo, me esfuerzo por irme pronto a la cama. Intento, de esta manera, dormir más, descansar mejor. Cuando logro estar durmiendo a las diez y media de la noche (me levanto a las seis y media, así que tengo poco margen), duermo mis ocho horas y todo va mejor. El fin de semana además también me molesto en dormir más y mejor. Con menos sueño y más descanso en el cuerpo, todo funciona mejor.

Pero el día también tiene mucho que decir. Vamos apilando tareas, agendas, cosas importantísimas que no pueden esperar, citas, compromisos sociales… Y claro, ir corriendo de un lado a otro como pollo sin cabeza, no ayuda en absoluto. Libera tiempo en tu agenda cada día, utilízalo para descansar o hacer cosas que te llenen y todo fluirá mucho mejor.

¿Cuántas cosas tienes que hacer hoy?, ¿y la próxima semana?, ¿qué pasa si ahora mismo coges un rotulador rojo y así sin más, sin anestesia, te cargas un 10% de ellas? Pues que seguro que tienes margen para cargártelas y no pasará absolutamente nada. Vivir una vida más simple, sencilla, la hace más fácil y a veces la convierte en deliciosa, nos permite paladearla mejor, hacer más cosas que nos llenan y que nos hacen sentirnos más vivos. De nada servirá que quedes con tu amiga a cenar cuando te mueres de sueño, o que insistas en ir al gimnasio cuando sabes que no vas a rendir. Escoge mejor tus actividades, haz las cosas más simples, quita tareas de tu lista y respira.

Si estás cansado, ¡descansa!

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Viernes vitales 42: ¿Qué pasa si no lo hago?

OBJETIVO DISNEY: MERECE LA PENA LA SEMANA MÁGICA DE DISNEYLAND PARÍS?

El año pasado fue bisiesto y nada mejor que un 29 de febrero para reservar nuestro viaje a Disneyland París, que disfrutamos el pasado verano y del que todavía no os he hablado en este blog. Un familiar me preguntó hace unos días sobre mi experiencia y recomendaciones respecto a las ofertas de la Semana Mágica de Disney, así que me ha parecido interesante escribir un post sobre ello.

Disney saca dos grandes ofertas al año, una hacia el mes de noviembre y otra durante tres o cuatro semanas entre febrero y marzo. Esta oferta que existe actualmente es la Semana Mágica y creo que es la mejor opción para ir a Disneyland París  a un precio más económico. Aún así, aviso a navegantes: un viaje a Disneyland París es caro, es algo que hay que asumir si se quiere ir. Más aún, creo que además de ser caro y que lo asumas previamente, también deberías saber que es una experiencia única y que merece la pena que te rasques el bolsillo. Vamos, que mejor si aprovechas la Semana Mágica y te ahorras algo, pero que no es el momento de ir de cutres.



¿En qué consiste la Semana Mágica?

Se trata de un período de tiempo en el cual puedes acceder a ofertas especiales (las mejores del año en mi opinión), con niños hasta 7 años gratis y noches de estancia en hoteles gratuitas.
En realidad no es una semana sino varias. En concreto, este año ha arrancado a mediados de febrero y podrás reservar tu viaje a Disneyland París hasta el 22 de marzo.


¿Dónde puedo adquirir los descuentos de la Semana Mágica?

Por supuesto en la propia web de Disney pero además en un montón de agencias de viaje tanto físicas como online.

Las ofertas son exactamente las mismas, como mucho puedes encontrarte una comisión por parte de alguna agencia, pero el precio de los hoteles Disney o de los paquetes Disney no varían. En nuestro caso, lo saqué a través de El Corte Inglés por la sencilla razón de que te permitían hacer la reserva abonando 60 euros por persona (que se descontaban del precio final) y no tenías que pagar todo el importe hasta una semana antes del viaje. Me pareció un sistema cómodo e idóneo. Cobraron un importe por gastos de gestión pero fue pequeño.


¿Qué servicios puedo contratar con esta oferta?

En realidad puedes contratar todo: hoteles, entradas a los parques, comidas, vuelos, traslados…

En nuestro caso contratamos el hotel (en régimen de alojamiento y desayuno) y las entradas a los parques. El vuelo lo saqué por nuestra cuenta porque nos salía mejor, así como el traslado del aeropuerto a Disney. Para ello, y ya que éramos cinco, contratamos el traslado en coche con conductor y fue estupendo a través de Civitatis, realmente cómodo y por el mismo precio que nos habría salido ir en autobús los cinco desde el aeropuerto al parque.


¿Por qué es tan buena esta oferta?

Porque verdaderamente te permite tener noches gratis en el hotel. Con un paquete de cinco días/cuatro noches, dependiendo de las fechas, puedes llegar a tener hasta dos noches gratis. Y es buena porque con esta oferta puedes ir en fechas de verano. La que sacan en otoño es similar en cuanto a descuentos, pero no incluye las fechas estivales.

En nuestro caso cogimos este paquete, cuatro noches al precio de dos. Hay quien se pregunta si realmente merece la pena estar tanto tiempo, nuestra experiencia en un rotundo SÍ. Con cinco días tienes tiempo de todo, incluso de ir a la piscina del hotel, como fue nuestro caso. Vimos los dos parques con calma, pudimos repetir ciertas cosas y a pesar de la paliza que es Disney, fuimos relajados. Para mí, el paquete de cinco día/cuatro noches con dos noches gratis es el idóneo.


Este año la Semana Mágica es diferente a las anteriores

He leído recientemente que Disneyland París no es rentable. Básicamente es un lugar que ha sufrido la crisis económica que ha golpeado Europa y que, cuando parece que las cosas volvían a enderezarse, los atentados de París les devolvió el golpe de nuevo. La realidad es que no están facturando lo que esperaban e incluso he llegado a leer que Disney no cierra el parque más por un tema de marca y reputación que por temas financieros. Mientras el parque de China, o los de Estados Unidos son una máquina de hacer dinero, París sigue renqueando.

Ante ello, ¿qué ha hecho Disney? Obviamente: subir los precios. Han subido los precios de los hoteles, de las entradas a los parques y por supuesto de la comida y los productos que puedas adquirir allí. Ya que la afluencia de gente no es la esperaba y que el importe medio consumido también es inferior a lo que les gustarían, subiendo los precios recaudarán más. ¿Por qué? Pues porque cuando por fin decides ir, pagar 100 o 200 euros de más o de menos es algo asumible, son lentejas y tú quieres ir a Disney sí o sí.

La Semana Mágica de este año sigue siendo probablemente la mejor oferta del año pero es más cara que el año pasado. De media, yo he calculado que es un 10 o un 15% más caro el precio del paquete de hotel + entradas a los parques (replicando lo que yo contraté el año pasado y utilizando las mismas fechas para ir este año). Además, ya no está disponible la opción de alojamiento y desayuno. Ahora, o vas sólo con alojamiento (y creedme que no es una opción, tomar un desayuno buffet en el hotel antes de salir al parque me parece fundamental) o te pasas a la media pensión como poco.

Para que os hagáis una idea: la media pensión para dos adultos y un niño menor de 7 años cuesta algo más de 500 euros de media. La pensión completa algo más de 700, si además incluimos el producto Premium que nos permitirá desayunar o comer con los personajes Disney se va a 1.200 euros. Una auténtica locura. Además, como os imaginaréis, la comida no es precisamente maravillosa. Pero estás en Disney y lo pagas.

¿Qué haría yo? Pues este año no voy, pero el próximo me planteo ir con mi hija de nuevo antes de que cumpla 7 años. Si tuviera que hacer la reserva con estas condiciones, creo que me decantaría por la media pensión Premium que cuesta 864 euros y que es una pasada sin dudarlo, pero incluye los personajes Disney, que a los niños les gustan mucho, y ya que estás… Pues eso, que lo terminas pagando.



Consejo de Itaca: deja que prime la comodidad

Soy Doña busca-chollos, una ahorradora nata siempre que puedo. Sin embargo, creo que hay que ahorrar con la Semana Mágica sin dudarlo pero también que Disneyland París no es el lugar en el que tu meta debe de ser ahorrar. Dedícate a ahorrar todo lo que puedas antes, pero una vez allí, deja que prime tu comodidad y la de los tuyos. A este respecto, tengo unos cuantos consejos.

Traslado en coche con conductor.  Muy cómodo, te recogen en el aeropuerto y te llevan hasta el hotel y viceversa. El trayecto es cómodo, las maletas van contigo, no tienes que andar subiendo y bajando de un autobús lleno de gente ni tirarte medio día utilizando cinco conexiones de transporte público para llegar a tu destino. Más caro pero sin duda merece la pena.

No escatimes en el hotel. Hay quien busca el ahorro alojándose en hoteles asociados que no son Disney y que están en Marne La Vallée en lugar de en el parque Disney. Para mí no, gracias. Los hoteles Disney te ofrecen cercanía, posibilidad de entrar antes a los parques, de irte al hotel a descansar, incluso a la piscina si tu hotel tiene… para mí toda esa comodidad prima. Ya que has ido hasta allí, te la mereces.

Dentro de los hoteles disponibles, por supuesto el hotel Disney de la entrada del parque es un hotel de ensueño, pero con un precio del que mejor no hablamos. Entre el resto, el mejor probablemente sea el New York. Yo lo elegí por su cercanía al parque (es el primero en la zona de hoteles) y sus comodidades: las habitaciones son enormes, tiene piscina… He de reconocer que después de alojarme allí pensé que para la próxima vez podíamos alojarnos en el Sequoia, que está cerquita y es un poquito más barato. Pero luego he pensado que el Nueva York es la mejor opción ya que el hotel Disney de la entrada del parque no es una opción para mi bolsillo.

Disfruta de la experienciaIr a Disney es una decisión personal, no a todo el mundo le tiene que gustar. Pero una vez que estás allí es una experiencia fantástica si te gusta la magia Disney, que sin duda existe. Además, este año celebran el 25 Aniversario del parque, por lo que estoy segura de que lo harán por todo lo alto y será aún más especial. Disfruta y olvídate del mundanal ruido y también de las finanzas al menos durante esos días. No es lugar para pensar en ahorrar, los precios son los que hay y ahora toca disfrutar. Ya tendrás el largo invierno para meter dinerillo en la hucha. Ahora, ¡disfruta!

Espero que os haya resultado útil el post, nosotros lo pasamos fenomenal en Disney, es una experiencia inolvidable con niños, la recomiendo sin dudarlo. 

MIS TRUCOS DE AHORRO 1: TARJETAS DE PUNTOS Y DESCUENTOS (LAS MÍAS)

Algunas personas cercanas a mí me consideran una buscachollos. No sé si es totalmente cierto, pero sí es verdad que en la gran mayoría de las cosas que consumo, compro, adquiero o disfruto, me molesto por buscar (normalmente a través de internet) algún descuento, regalo, sistema de puntos etc. ¿Por qué? Pues porque claramente puedes llegar a ahorrarte mucho dinero al año simplemente siendo previsor y aprovechando determinadas ofertas y descuentos puedes llegar a ahorrar muchísimo dinero al año. Nunca he llevado un cálculo real de todo lo que llego a ahorrar cada año, pero a grandes rasgos estoy segura de que puede superar fácilmente los 2.000 euros anuales. Y lo de fácilmente lo digo por versión doble: es fácil llegar a ese importe, pero también el proceso es fácil simplemente si te molestas en hacerlo.

Me llama la atención que hay muchas personas que se quejan de que no ganan mucho, o que no consiguen aumentos de sueldo, se quejan de lo que suben ciertos servicios como el transporte público o la gasolina… y sin embargo gastan “de más” en un montón de cosas que podrían conseguir por mucho menos. Y cuando digo conseguir por menos digo exactamente eso. Hay veces que puedes reducir cantidad o calidad, o simplemente dejar de hacer algo y efectivamente ahorras. Pero no estoy hablando de eso (que también daría para otra reflexión), sino simplemente de comprar lo mismo por un precio inferior. Es el mismo producto o el mismo servicio, exactamente igual, pero si te molestas en buscar descuentos, aprovechar promociones y regalos, puedes reducir mucho tu gasto consumiendo lo mismo. Eso sí, asegúrate de que son promociones reales que conllevarán un ahorro en tus finanzas personales. En ocasiones, el marketing nos entra por los ojos pero en realidad la ventaja no existe. Hay veces que ves descuentos del 60% por ejemplo, pero en realidad el precio inicial está inflado en el mismo porcentaje o similar, ojo con eso.


Y ahora, os cuento algunos de los trucos que yo pongo en práctica de manera habitual y que os puedo asegurar que SÍ me permiten un ahorro real. En esta ocasión os voy a hablar únicamente de las tarjetas de puntos o descuentos que suelo utilizar, pero si este post de ahorro os resulta interesante, probablemente me anime a hacer una serie completa.

Tarjetas de puntos o descuentos. Soy Doña tarjetas, teníais que ver mi súper cartera. Eso sí, sólo tengo las que realmente me compensan porque terminan dándome un beneficio cada año. Os pongo algunos ejemplos.

La tarjeta Carrefour me permite repostar en Cepsa (normalmente) y me da un 4% de cada repostaje, incluso en verano suelen ampliarlo a un 5%. No es que saque mucho con ello, porque tampoco gasto tanto en gasolina y no siempre voy a un Cepsa, pero pongamos que son ¿30 o 40 euros al año? Cuando voy a Repsol paso la de Iberia, que me da avios. Como es poquito importe, es más difícil de contabilizar, pero ahí van sumando y por ejemplo el año pasado ahorré más de 100 euros en unos billetes a París. Ahorro estimado: 40 euros anuales.

La tarjeta del VIPs me da Eurovips, que puedo canjear allí. Normalmente suelo recibir, pongamos,  entre 12 y 15 Eurovips al año, que a veces sí gasto en cenas de lunes y jueves a partir de las 8 y se duplican, aunque muchas veces los gasto cuando tocan. Ir al Vips alguna vez a comer, o a merendar tortitas con mi hija, incluso a veces a cenar con una amiga es una práctica habitual que puedo hacer varias veces al año, incluso cada mes. No me cuesta nada y me da dinero. Además, tengo vinculada la Tarjeta de la Mutua y con ella me hacen un 5% de descuento cada vez, de manera que quizá me inviten además una vez cada año a cenar o merendar. Ahorro estimado: 25 euros anuales.

La tarjeta de la Mutua. Es curioso porque muchos mutualistas desconocen las ventajas de esta tarjeta, que te deja entrar gratis a museos y que te da un montón de descuentos en muchos productos y servicios. Lo del Vips ya os lo he contado, pero además en Rodilla tiene un 8% de descuento, dispone de descuentos en teatro, cine y por ejemplo, las entradas a la Warner tienen un 40% de descuento. Estimo que mi ahorro anual con esta tarjeta es, al menos, de unos 70 u 80 euros.

La tarjeta de Ikea también nos da posibilidades: descuentos, café gratis, el menú de los niños normalmente es gratis en los puentes, y además en tu cumpleaños te regalan un menú de adultos y un vale descuento de 6 euros. Usándola simplemente cuando vamos y aprovechando algún tema puente y algo más, estoy segura de que otros 40 ó 50 eurillos nos da de ahorro al año.

El pase anual del Parque de Atracciones y demás. Ya os he hablado varias veces en el blog de este Pase Anual, al que en mi casa le sacamos mucho partido. Hoy os hablo simplemente de sus descuentos. Normalmente te hace un 5% de descuento en todo lo que adquieras en los parques, pero además cada vez que vas (sólo por el hecho de entrar) y consumes, genera puntos que puedes convertir en entradas y descuentos. En mi casa, Henar y yo tenemos pase anual y el buenpadre nos acompaña a veces con esas entradas gratuitas. Este año además tenemos el súper pase, que incluye todos los parques y que conseguí a un precio muy asequible en el Black Friday. Este súper pase nos da un 10% de descuento por entradas y consumiciones. Tomando como referencia el gasto que hicimos el año pasado (en el Club de la Diversión queda todo registrado), el descuento del 10% sería fácilmente de alrededor de unos 15 euros al año. No es mucho, pero es que salvo en la Warner, donde comemos, no solemos consumir mucho más que cafés, helados y poquito más. El ahorro a través del canje de entradas, y contabilizando el precio que yo pagaría por ellas (ya las pongo con descuento, nunca las compro a precio oficial), fácilmente sacamos un par de entradas para la Warner y una para el Zoo como mínimo, probablemente más. Si las de la Warner con el descuento de Mutua salen por unos 22 euros y las del Zoo por 16, estamos hablando de 60 euros adicionales. Este año, además, celebramos el cumple de Henar en el Teleférico, de manera que en lugar de 12 euros por niño, pagamos 10,8€ por cada niño, lo que hace un ahorro real de 20 euros. En total y sin hacer aspavientos ni esfuerzos: 95 euros al año, no está mal, ¿no? Al margen de la cantidad de tardes que nos entretiene y así no gastamos en otras cosas.

Aunque no sea una tarjeta propiamente dicha, quiero hablar del programa de Yums del Tenedor. Además de que reservar a través del Tenedor tiene descuentos reales en restaurantes, el programa de puntos te da 100 yums por reserva. Con 1.000 yums tienes 10 euros de descuento y con 2.000 yums, 25. El truco está en que muchas veces hay códigos que si los incluyes tienen promo de 500 o 1.000 yums. Es sencillo que buscándolos (uno de los trucos que os contaré en el siguiente post sobre ahorro) y molestándote en aprovecharlos, puedas hacer 5 o 6 reservas al año y con ellas simplemente y como mínimo ahorrarte 25 euros reales en yums cada año. Podríamos sumarle además los descuentos reales en la propia comida, y depende de si vas mucho a comer o cenar fuera, que podría ser mucho más. En mi caso, 25 euros anuales me parece un mínimo aceptable.


Hasta aquí, llevamos más de 300 euros sin haber hecho nada especial. Si tu sueldo, pongamos, es de 25.000 euros anuales, el importe de 300 euros supondría un aumento del 1,2%, algo superior a lo que marcan muchos convenios. Además, estaríamos hablando de ahorro real, es decir que para que tú tengas 300 euros el bolsillo, en realidad lo que te deberían pagar serían 300 + el % de IRPF + el % de Seguridad Social. En realidad, en lugar de un 1,2% de subida, probablemente sería entre  1,4 y 1,5%. Eso sólo con tarjetas de puntos y descuentos y sin hacer nada, realizando el consumo normal, sin consumir más y simplemente metiendo unas cuentas monedillas en la hucha. 300 euros no está nada mal y esto es sólo el principio, ya os contaré más trucos.

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Otros posts sobre ahorro 

VIERNES VITALES 56: EL TIEMPO NUNCA SE PIERDE

Hace un par de meses hice un curso sobre creatividad que terminó siendo más bien una sesión intensiva de coaching, pero lo cierto es que me aportó mucho. Me dejó una de esas cuantas frases que cuando las oyes no les das demasiada importancia pero que luego te marcan y les das vueltas y vueltas… y terminan abriendo un nuevo camino y un nuevo horizonte.
  
Este viernes vital arranca precisamente de una de esas frases: El tiempo nunca se pierde. 

En este mundo, en el que a menudo vamos corriendo de aquí para allá como pollo sin cabeza, que no somos muy conscientes de quiénes somos ni de dónde estamos, que tenemos listas interminables de cosas pendientes, tiramos de agenda y de planificaciones que ni la NASA… sí, en este mundo perder el tiempo está muy mal visto. El simple hecho de pensar estoy perdiendo el tiempo, ese bien tan valioso y escaso, que necesito para hacer esto, lo otro, lo de más allá… nos hace ponernos enfermos sólo de pensarlo y arrastrar un infinito sentimiento de culpa.

¿Lo que estás haciendo sirve para algo?, ¿te has planteado si podrías utilizar ese tiempo en algo mejor? Seguro que sí. ¿Estás segur@ de que puedes permitirte invertir tu tiempo en esto?, ¿has pensado dónde te ves en un mes, un año, una década?, ¿qué estás haciendo para mejorarlo? Pues chic@, si estás ahí tirada, en la cama descansando, mirando al infinito y pensando, o sin hacer nada que le puedas poner una etiqueta, ponerlo en una lista y darle un número de prioridad, esta sociedad en la que vivimos fruncirá el ceño y te dirá, con dedo acusador: ¡estás perdiendo el tiempo! Y, por ende, eres culpable de todo lo malo que te pase.

Pues bien, cuando alguien viene y te dice que no, que el tiempo nunca se pierde, que lo estás viviendo y que eres libre de poder tirarlo si deseas, te quita un peso de encima. Simplemente te está dando la posibilidad de quitarte la inmensa losa de culpa que arrastras y permitirte respirar. Y de paso, reflexionar sobre qué quieres.

He pensado en esos momentos en los que “pierdo el tiempo” y que sin duda me encantan. A veces son muchos menos de los que querría, porque esta sociedad me impele a no perder ni un segundo más, pero todos perdemos pasamos nuestro tiempo en actividades que no tienen por qué conducir a un fin concreto, estar planificadas de aquí a cinco años y tener su propio peso, porcentaje y medida en el resto de nuestras vidas. Reivindiquémoslo: me gusta perder el tiempo. ¿En qué tipo de cosas? Pues aquí unas cuántas que se me ocurren.

Me gusta tirarme en la cama y no hacer nada. ¿A ti no? Reconozco que a veces, después de la ducha, vuelvo a meterme bajo las mantas tres minutos y me encanta. También me gusta tirarme en la cama, cuando puedo y me dejan, a no hacer nada, mirar el techo es la actividad más instructiva en ese momento. Como mucho, también me gusta meterme en la cama y ver series, no busco nada con ello, sólo entretener mi tiempo en algo que me relaja y me gusta.

Me encanta pasear sin mucho rumbo fijo, que me dé el aire en la cara. Esa misma sensación de aire en la cara me gusta cuando voy en moto y, aunque normalmente voy hacia algún punto determinado, a veces me permito dar un rodeo o una vuelta de más por el mero hecho de disfrutar de esa sensación perdiendo el tiempo.

Me gusta hacer cursos, estudiar, leer…. E invierto tiempo y dinero en ello, además de ilusión. La mayoría de ellos no me sirven técnicamente para nada en concreto, no busco sacarles dinero o rentabilidad, conseguir un mejor trabajo a través de ellos. He hecho cursos de cosas tan variopintas como desde cocina a idiomas, he aprendido a coser a máquina o hablar en público, incluso hace muchos años hice un curso de defensa personal. Sin embargo, soy muy feliz llenando mi mochila vital de experiencias y conocimientos, por eso lo hago, aunque muchos piensen que pierdo el tiempo.

De hecho, también me encanta escribir en este blog cuando tengo algo de lo que quiero escribir. Y cuando no lo tengo, o no me apetece, pues no lo hago y no se acaba el mundo ni mucho menos.

Pero de las cosas que más me gustan en esta vida es sentarme frente al mar, en la playa, mirando el azul infinito… ese mar Cantábrico en un apacible día de sol, en el que perderte simplemente mirando al horizonte, de nuevo con la brisa en la cara. Y que pasen minutos u horas….



Y tú, ¿te permites perder el tiempo alguna vez?

FELICIDADES A MI PRINCESA DE 5 AÑAZOS

Hoy cumple años la princesa de mis sueños. 5 añazos para ser exactos. Y parece que fue ayer la primera vez que la vi, con esos ojazos y esas pedazo pestañas que ya las quisieran muchas (entre ellas yo). Fue amor a primera vista, un auténtico flechazo del 14 de febrero.

No ha sido fácil el camino hasta aquí, ser madre sin duda te cambia la vida. La vida tal y como la conocías hasta entonces desaparece, se volatiliza, en ocasiones estalla en mil pedazos. Creo que adaptarte a ellos resulta sumamente difícil y quizá lo peor de todo es que llegas con una falta absoluta de preparación. Y a este respecto, hablo de prepararse para ser madre a nivel emocional. Puede haber clases de parto, clases donde te cuenten cómo cambiar un pañal o puedes leerte mil libros sobre alimentación, pautas de sueño… Pero el cataclismo emocional que supone ser madre es un tabú del que nadie habla y creo que hay una necesidad que nadie está cubriendo, debería haber un acompañamiento emocional y una preparación en este ámbito. Pero bueno, ése es otro debate y no quiero que este post vaya sobre ello.

Mi princesa es uno de los centros de mi vida. Sí, mi vida tiene varios centros, o varios reinos, pero ella es la princesa de cuento de uno de los más importantes. Cambió mi vida para siempre, y aunque no siempre es fácil, de hecho casi nunca lo es, no la cambiaría por nada del mundo. Tener un hijo te cambia para siempre, establece otras prioridades, te hace ver la vida con una mirada absolutamente diferente. Aprendes muchísimo sobre organización y planificación porque no te queda otra. Pero sobre todo aprendes sobre amor infinito. Y el camino no es fácil, pero es una aventura maravillosa.

Con Henar he aprendido muchas cosas y he recordado otras muchas cosas de mi infancia que me habían abandonado para siempre. La vida a su lado es un aprendizaje continuo en el que la mayoría del resto de las cosas dejan de ser importantes, se volatilizan.

Una sonrisa a su lado es un infinito que se abre. La playa con castillos de arena y saltando sobre las olas huele a infancia perdida. Saltar en los charcos es el mejor ejercicio para recuperar la sonrisa...


Aprendes a escuchar y a que el mundo se pare cuando sus pequeños ojos te miran y le cuesta tanto arrancar y contarte qué le pasa, algo que quizá sea nimio pero que para ella tiene una importancia trascendental y lo que es verdaderamente importante es escucharla con el corazón y con todos los sentidos para que se sienta protegida y escuchada en ese momento.

En estos años he aprendido a cambiar pañales, hacer coletas, nuevas recetas de galletas para hacer juntas, infinidad de manualidades, vestir, desvestir, bañar, coser, cantar, saltar en los charcos, hacer castillos de arena, jugar con muñecas… Algunas de esas cosas las había olvidado y gracias a una pequeña princesa las he recuperado.

He aprendido a imaginar, a soñar, a volar, a reír a carcajadas, a llorar… A entender que existe el color cerveza, que los pantalones de deporte sirven para hacer zumbi y que el mundo se derrite con una mirada de mi princesa de largas pestañas. Que sí, que es peleona (como su madre), cabezota (tiene genes por ración doble en esto, me temo), a veces saca de sus casillas hasta el santo Job. Pero es una niña pizpireta, lista, curiosa, amorosa y fantástica. Espero que algún día se convierta en una gran persona y en eso intento poner mis fuerzas cada día.

¡Te quiero princesa!



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LAS VISITAS TEATRALIZADAS DEL TEATRO LARA DE LA MANO DE LOS ABSURDOS TEATRO

Este post me lo debo a mí misma desde hace meses, en concreto desde antes de que terminase 2016. En diciembre, pude disfrutar, ¡¡¡por fin!!!!, de una visita muy especial, a la que le tenía muchas ganas. Se trata de la visita teatralizada al Teatro Lara, mi teatro fetiche de Madrid. No lo visito tanto como me gustaría, pero la verdad es que en las butacas de la sala principal del Lara tengo la sensación de encontrarme como en casa. No es para menos, este lugar mágico e histórico, que aún sigue en pie y abierto al público, es uno de esos lugares especiales que tenemos la suerte de disfrutar en Madrid.

Las visitas teatralizadas del Lara nos llevan por los entresijos y los espacios más representativos de este mítico teatro, que lleva más de 135 años de historia a sus espaldas. De la mano de algunos de sus personajes más célebres, interpretados maravillosamente por Alfonso Mendiguchía y Patricia Estremera, componentes del grupo Los Absurdos Teatro, pueden vivir una experiencia única determinadas mañanas de domingo. A lo largo de una hora aproximada de duración, nos llevarán por lugares mágicos del teatro que ni conocemos (por muchas veces que hayas asistido a representaciones allí) y que algunos de ellos ni siquiera seríamos capaces de imaginar. Por si hay algún curioso en la sala, os invito a participar en sus próximas visitas. Las próximas fechas programadas son 26 de febrero, 26 de marzo y 16 de abril. No dejéis pasar la oportunidad, es una experiencia única.

Don Cándido Lara fue el promotor y dueño de este mítico teatro madrileño, que se inauguró el 3 de septiembre de 1880, permaneciendo siempre abierto y en actividad desde aquella fecha, salvo cortos períodos de cierre provisionales. Aquel día, bajo el reinado de Alfonso XII, el Rey no asistió a la inauguración, pero sí la Infanta Isabel, La Chata, hermana del Rey y tan querida por el pueblo de Madrid. Desde aquella primera tarde, el Teatro Lara ha asistido a funciones y estrenos memorables. En su escenario se han representado obras imprescindibles de la dramaturgia española, como Los intereses creados, de Jacinto Benavente, o el ballet El amor brujo, de Manuel de Falla.

Sin embargo, la idea de Cándido Lara de abrir un teatro en Malasaña se consideró en su día excéntrica y fue acogida con mucho escepticismo. Aquel barrio alejado, de callejuelas angostas y sin tranvías cercanos hacía presagiar que aquel teatro iba orientado al fracaso más estrepitoso. Más aún si tenemos en cuenta que el Señor Lara no tenía ni idea de teatro. Así lo vaticinó un redactor del ABC, que se quedó más ancho que largo tras escribirlo. Sin duda ahora tendría que renunciar a sus palabras. El Teatro Lara, también conocido como La Bombonera de Don Cándido sigue abierto y muy abierto, el teatro más antiguo de Madrid que siga abierto de manera ininterrumpida y que sigue recogiendo aplausos cada tarde. Un lugar mítico y también mágico sin el cual, no nos engañemos, nuestro Madrid no sería lo mismo.

















Alfonso Mendiguchía y Patricia Estremera, los Absurdos Teatro, están una vez más fascinantes en sus interpretaciones a lo largo de esta visita, este viaje en el tiempo que nos llevará a conocer los entresijos de este lugar único. De su mano recorreremos la zona noble, con el palco de la familia Lara (que sería ocupado por otras personalidades quizá no tan gratas), el parnasillo donde tantos autores se sentaron y pelearon por sacar adelante sus obras, entre ellos el mismísimo Jacinto Benavente o los Hermanos Álvarez Quintero. No nos olvidemos de los camerinos, donde vivieron tantos actores y actrices que habitaron el propio teatro, y que aún hoy siguen en activo como hace más de un siglo. Entre ellas, nombres míticos como Balbina Valverde, Rosario Pino o Lola Membrives ; entre ellos, Rafael Rivielles, Julián Romea… Algunos nunca abandonaron el teatro, dicen que el fantasma de Lola Membrives aún sigue viviendo allí, quizá te lo cruces en esta visita teatralizada.

Pero este teatro tiene muchos más secretos que tienes la oportunidad de descubrir de la mano de Alfonso y Patricia. Pasadizos, laberintos, escaleras… mucha historia y mucha pasión a sus espaldas y por delante, en un futuro que seguirá siendo del Lara. Y al final, el escenario de la Bombonera de Don Cándido. Si alguna vez habéis pisado algún escenario de un teatro, conoceréis esa sensación que da estar sobre esas tablas, mirar al patio de butacas y enamorarte. Pero en el Lara esa sensación se multiplica exponencialmente. Yo, que tengo alma de patio de butacas y no de escenario, no pude evitar emocionarme al mirar desde allí, desde lo alto, ese patio de butacas único, donde personalmente he pasado tantos buenos ratos pero también donde tantas y tantas generaciones de amantes del teatro han sido felices. Y lo que nos queda. Porque el Lara aún tiene mucha historia por escribir.


Gracias a Alfonso y a Patricia por poner voz, cuerpo y talento infinito en esta visita teatralizada, que cualquiera disfrutaría de principio a fin. Pero los enamorados del Lara, aún lo disfrutamos más.  

VIERNES VITALES 55: REGÁLATE ESO QUE TE HACE FELIZ, AUNQUE NO LO NECESITES


El otro día tenía una auto-reflexión conmigo misma sobre la complejidad de los deseos contradictorios. Va a ser difícil explicarlo sobre el papel (virtual de este blog, se entiende) ya que hasta me cuesta explicármelo a mí misma. Por ello, pido perdón por adelantado si no soy capaz explicarme. Me refiero a esas contradicciones de la vida misma, tipo me quiero poner a dieta pero este trozo de chocolate no se va a notar, estoy en fase ahorro total pero me compro ese vestido porque no puedo vivir sin él (aunque en realidad puedes) o disfruto mucho del tiempo que paso con  mi hija pero necesito irme y respirar. Si la vida ya de por sí es contradictoria, en mi caso ni os cuento… yo soy pura contradicción con patas.

Pues bien, hace unas semanas leí un artículo sobre los remordimientos (algo que suele aparecer cuando llevamos comportamientos contradictorios) y sobre la necesidad de cuidarnos más y de darnos caprichos. Pero no caprichos porque sí, sino permitirnos a nosotros mismos disfrutar de las cosas que nos hacen felices.

Recupero mi última reflexión del año: Menos cosas más vida (está linkado por si alguien siente curiosidad por conocer mi contradicción en toda su dimensión). Sigo manteniendo punto por punto lo que sostuve entonces, más me vale, cambiar diametralmente de opinión en seis o siete semanas debe de rozar la locura por lo menos. Creo que podemos vivir con muchas menos cosas de lo que lo hacemos; me he propuesto comprar mucho menos y no sólo lo estoy consiguiendo, sino que debo reconocer que me resulta sencillo. Si lo piensas fríamente, la mayoría de las cosas que compramos en realidad no las necesitamos, muchas veces consumimos por impulsos y no por necesidades, haciendo gala de una absoluta falta de planificación. Si somos sinceros, todos tenemos en casa ropa que no nos ponemos, cosas que no sabemos ni que tenemos, objetos varios que llenan nuestras estanterías y armarios y que no nos sirven para nada, pero ahí siguen.

También es cierto que hay ciertas pertenencias que ni necesitamos, ni muchas veces usamos, pero sabemos que tenemos y de vez en cuando nos gusta admirarlas. Esas cosas bonitas, llenas de un significado o un valor personal, emocional son importantes para nosotros. Da igual su valor económico, su coste de mantenimiento, el que ocupen espacio… para nosotros son importantes y punto.  De hecho, la razón de su importancia suele ser emocional, histórica, familiar… da igual, son importantes y punto.

Cuando  nos planteamos adquirir algo nuevo, hay veces que probablemente sea algo que no necesitamos pero que sin embargo nos hace feliz. No hace falta recordar que ni el dinero ni las cosas dan la felicidad, pero yo sí creo que hay cosas especiales que arrancan sonrisas, generan ternura o se convierten en cosas importantes para nosotros y que nos dan un pellizquito de felicidad. Es cierto que creo que la mayoría de ellas necesitan una pequeña reflexión previa sobre si realmente las queremos y van a hacernos felices o en realidad estamos ante un espejismo del tipo de necesito otro bolso (cuando en realidad no lo necesitas, de hecho tienes demasiados) o este bolso me va a hacer muy feliz (es posible, pero hace falta distinguir de las compras por impulso que te hacen creer que ese bolso te va a encantar y tres semanas después lo dejas aparcado en el armario y se te olvida durante años el simple hecho de que lo tienes).

Pues bien, me acabo de comprar una maravilla que anhelaba desde hace años: una Hispano Olivetti. La razón para comprármela ha sido estética y emocional. Estéticamente, creo que no hay que aclarar que es una máquina de escribir bonita, de las que ves sobre un mueble y piensas ¡qué bonita es! De hecho, la quiero tener a la vista, no tanto para usarla como para verla, aunque teóricamente aún funciona (tendré que hacerme con una cinta nueva de tinta y probarla). Llevo meses pensando en comprarla y, tras pensármelo mucho (y que mi padre y mi costillo me echasen para atrás hace un par de meses), llegué a la conclusión de que la quería y una oferta en Wallapop la puso a mi alcance (mis anécdotas en Wallapop). La persona que me la vendió, una señora de cincuenta y tantos, me dijo que había sido de su abuela, que la había utilizado para preparar unas oposiciones. Me pareció que un objeto como éste, de los años treinta o cuarenta, con esa historia entre sus recuerdos, era aún más mágico.

Pero la verdadera razón detrás de querer una Hispano Olivetti está en un verso de Sabina. Por supuesto es una razón absolutamente emocional. Se trata de un verso de La canción más hermosa del mundo:

Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso…


No sé si os parecerá una tontería, pero para mí no lo es, por su significado emocional. Sabina es el culpable de la banda sonora de mi vida, y ¡bendita culpa! Yo no sería igual sin sus versos, no sé cómo sería, pero sería diferente, no igual.

Y ahora, esta pequeña joya histórica, con ese gran valor emocional, es por fin mía. ¡¡¡Mi Hispano Olivetti!!!, ¡¡¡Mi tesorooooo!!!!

COCINANDO CON NIÑOS: BIZCOCHO DE CHOCOLATE FACILÍSIMO (Y MUY RICO)

Ayer domingo hizo un día terrible.... mucho viento y muy pocas ganas de salir de casa, así que decidimos quedarnos y pasarnos un día de pijamas. Qué bien sienta quedarse en casita un día entero, es algo que hacemos muy poco (niña y perro no suelen quererlo ni en pintura), pero esta vez Henar quiso quedarse y disfrutar del día en casa y mi castillo se encargó de Athos, así que las chicas pudimos disfrutar de un pijama' s day. 

Pero claro, un día entero en casa se hace muy largo. Como no es cuestión de tirarse el día viendo la tele (algo que a Henar probablemente no le importaría pero yo no estoy por la labor), tuvimos que hacer planes alternativos en casa para llenar el día y pasarlo fenomenal. 

Hacía mucho tiempo que no hacíamos un bizcocho y a mí me apetecía,  pero como a mi hija le encantan las galletas, terminamos haciendo las dos cosas. El único requisito era que como estábamos en casa, en pijama y sin ninguna intención de sacar la nariz fuera, necesitábamos tener los ingredientes. Por ello, tiramos de dos recetas muy típicas,  bizcocho de chocolate y galletas de mantequilla, ambas recetas sencillas y con ingredientes que es fácil tener en casa. 

Probablemente no fue la vez que mejor me salió el bizcocho, porque más bien la lié algo parda, pero aún así,  me ha dado por contaros los secretos de este bizcocho, cuya receta es apta para cualquiera, es imposible que salga mal, y la verdad es que más bien diría que sale bastante bien, así que os animo a hacerlo. 
  
Ingredientes

3 huevos
1 vaso y medio de leche
1 vaso y medio de chocolate en polvo (tipo Nesquick)
1 vaso y medio de harina para repostería 
1 vaso y medio de azúcar 
1/2 vaso de aceite (yo utilizo de oliva porque es el único que compramos en casa, pero de girasol probablemente salga más ligero)
1 sobre de levadura Royal (para mí es la mejor, nada de marcas blancas en esto)



Y ahora, manos a la obra

Es sencillísimo, simplemente se trata de mezclar, mezclar y mezclar.  

Pero antes de nada, vete precalentando el horno a 180 grados.

Primero, hay que coger los huevos, ponerlos en un bol y batirlos. Cuanto más te molestes en batirlo todo, mucho mejor, para que quede bien cohesionado y sin grumos. Yo lo hago a mano con un tenedor, así que es sencillo.  

Cuando estén perfectamente batidos, añade el vaso y medio de azúcar y otra vez a remover. 

Después añade la leche y el aceite y otra vez lo mismo,  a remover y batir. Ojo, cuando hayas añadido estos dos líquidos ten cuidado porque es fácil que te salpique.
Le toca el turno del chocolate en polvo. Antes dije tipo Nesquick, y a este respecto me gustaría hacer una aclaración.  Yo ayer utilicé Nesquick porque era lo que tenía en casa en ese momento, pero normalmente utilizo chocolate en polvo de marca blanca para este bizcocho. Para tomar un vaso de leche con chocolate en polvo sin duda utilizo Nesquick, pero en este bizcocho no se nota la diferencia entre esta marca y otra marca blanca mucho más barata, así que no merece la pena gastarse ese dinero de más (a ahorrar se ha dicho).

Por último añade el contenido del sobre de levadura Royal y a remover de nuevo bien.

Deposita la mezcla en un molde no desmontable. Ojo, que este punto es importante, porque en el molde desmontable (que fue el que se me ocurrió a mí utilizar ayer, mala idea por cierto), se sale el líquido y la lías parda. Así que cogemos un molde de los de toda la vida, embadurnamos bien los bordes con una mezcla de mantequilla, harina y azúcar, ideal para que no se pegue y vertemos toda la mezcla de ingredientes en su interior.


Al horno entre 40 y 50 minutos aproximadamente

Déjalo en el horno y vete a disfrutar de un buen libro si te dejan. Tardará unos 40 minutos mínimo en hacerse, aunque mi recomendación es que, cuando pase media hora, lo pinches con un cuchillo largo. Si la punta sale manchada de chocolate, aún le quedará un poco más. Si sale limpia, ya puedes apagar el horno y sacarlo. 

Se desmolda, se decora si se quiere y se deja enfriar para servir más tarde. 

En cuanto a la decoración, lo idóneo (al menos en mi opinión) es untar Nutella por la parte superior (nada de Nocilla ni marcas blancas, como la Nutella no hay nada comparable). Luego lo puedes decorar por encima con lo que se te ocurra o tengas a mano: fideos de colores, cereales de chocolate, lacasitos... échale imaginación. Desgraciadamente, como ayer no queríamos salir de casa por nada del mundo, nos faltó la Nutella porque no teníamos y es una pena porque yo creo que le da "el toque". Siempre se puede poner al día siguiente, no pasa nada, pero como Henar se empeñó en decorarlo ya, sin más esperas, pues tiramos de lo que había: azúcar glass y fideos de chocolate de colores. 


Últimos consejillos 

No os olvidéis de precalentar el horno, que es muy habitual enzarzarse con la mezcla y darnos cuenta al final de que el horno está apagado y tenemos que esperar un buen rato más. 

Utilizad siempre un molde no desmontable, que si no se lía parda (palabrita de cocinillas metepatas que lleva haciendo años este bizcocho y que ayer tuvo la brillante idea de hacerlo en un molde desmontable y la lió). A ser posible, mejor si es un molde sin agujero en el centro, ya que este bizcocho sube bastante y queda más esponjoso con un molde redondo sin agujero. A este respecto, y para que suba, no abras siquiera la puerta del horno durante la primera media hora y ni se te ocurra sacar el bizcocho fuera del horno. 

La Nutella es el elemento indispensable para el último toque, con o sin decoración. 

Una vez que esté frío, tapadlo al menos con papel de plata. Idóneamente, después de atacarlo por primera vez (cosa que en mi casa se suele hacer rápido, en cuanto templa), ya podéis cortarlo y meterlo en un tupper, donde se conserva perfectamente varios días si está bien cerrado, ya que en caso contrario se endurecerá mucho antes. 

Y ahora... ¡a disfrutarlo! Es una receta sencillísima, con la que acertaréis seguro. 

Henar y yo nos lo pasamos fenomenal ayer en la tarde de cocinillas reposteras. 

VIERNES VITALES 54: EL PODER DE LO SIMPLE

El poder de lo simple

Vuelve a leer la frase anterior y siente todo el poder que tiene dentro. Sí, no me he vuelto loca, ni cursi, o al menos eso creo. Simplemente, de un tiempo a esta parte, me centro en el poder de lo simple y la verdad es que mi vida ha mejorado.

¿Por qué? Muy sencillo, porque lo simple siempre funciona. Cuando te enfrentas a un reto, da igual que sea enorme o que sea una simple cuestión operativa, una decisión del día a día, seguro que tendrás varias opciones delante. Pues bien, la complejidad es inversamente proporcional al resultado. Cuanto más compleja es la opción elegida, menos probabilidades de salir bien tendrá, y por lo tanto, probablemente sea peor.

Ocurre en todos los ámbitos de la vida: el personal, el laboral… Haces un súper plan, muy organizado, con un montón de cuestiones a tener en cuenta… y puede salir bien o mal, pero quizá hayas puesto demasiadas expectativas, la organización falle, el resultado no sea como esperabas… Sin embargo, lo sencillo también puede salir mal pero incluso cuando eso sucede, sale menos mal. Ojo que con eso no quiero decir que llevemos lo simple al absurdo o incluso a lo cutre. Pero entre opciones complicadas, las simples suelen ser mejores.


Os pongo un ejemplo. Una compañera se casó en octubre del año pasado y no pude ir a su boda, pero quería hacerle un regalo. Como tenía dos niñas, pensé que unas entradas para el espectáculo de Navidad en el Circo Price sería una buena actividad que podrían disfrutar. Vaya si lo hicieron (no es para menos, yo estoy enamorada de este evento y no me lo pierdo ningún año), pero lo mejor de todo (mejor para mí, no sé si para ella) es que una de las niñas le dijo: Mamá, me ha encantado, es mucho mejor que el Circo del Sol. Probablemente no lo sea, pero para la percepción de esa niña sí lo fue, y eso es lo importante. Tener entradas para el Circo del Sol es un proceso complejo, las entradas son mucho más caras, normalmente te lo piensas mucho más… y sin embargo algo como el Circo Price (lo simple) funciona.

Lo mismo ocurre cuando intentas explicar algo. De vez en cuando participo en eventos en los que tengo que hablar en público, muchas veces de cosas técnicas que, o son difíciles de entender, o simplemente no interesa al público que está ahí (que te escuche ya es otro cantar). Si empiezas a utilizar gráficas, términos técnicos, explicaciones encadenadas… desconectan y no te escuchan. Tener mensajes cortos, claros y que sean pocos (de nuevo lo simple) es lo que funciona.

Y no hablemos de la agenda personal. Mi agenda echa humo, muchas cosas, una familia, cosas tan triviales y necesarias como hacer la compra o preparar la comida se cuelan en ella. La sensación de no llegar a nada, de vivir en un estrés permanente… Coge tijera y recorta, quédate con lo simple. Le puedes dar mil vueltas a ese post y no siempre queda mejor, cuando expones una idea de manera clara y desde el corazón sin embargo sí suele funcionar. A mi hija le encantaría participar en un taller de tartas con la cara de la Bella y la Bestia, pero el hecho de hacer cookies y regalarlas a la familia y compañeros del cole en bolsas con un lazo la pone igual de contenta (el poder de lo simple).

En definitiva, recorta tu agenda y la lista de to do’s, céntrate en lo verdaderamente importante (lo simple), ganarás tiempo, perderás estrés y ganarás calidad de vida.


Palabrita de viernes vital