VIERNES VITALES 55: REGÁLATE ESO QUE TE HACE FELIZ, AUNQUE NO LO NECESITES


El otro día tenía una auto-reflexión conmigo misma sobre la complejidad de los deseos contradictorios. Va a ser difícil explicarlo sobre el papel (virtual de este blog, se entiende) ya que hasta me cuesta explicármelo a mí misma. Por ello, pido perdón por adelantado si no soy capaz explicarme. Me refiero a esas contradicciones de la vida misma, tipo me quiero poner a dieta pero este trozo de chocolate no se va a notar, estoy en fase ahorro total pero me compro ese vestido porque no puedo vivir sin él (aunque en realidad puedes) o disfruto mucho del tiempo que paso con  mi hija pero necesito irme y respirar. Si la vida ya de por sí es contradictoria, en mi caso ni os cuento… yo soy pura contradicción con patas.

Pues bien, hace unas semanas leí un artículo sobre los remordimientos (algo que suele aparecer cuando llevamos comportamientos contradictorios) y sobre la necesidad de cuidarnos más y de darnos caprichos. Pero no caprichos porque sí, sino permitirnos a nosotros mismos disfrutar de las cosas que nos hacen felices.

Recupero mi última reflexión del año: Menos cosas más vida (está linkado por si alguien siente curiosidad por conocer mi contradicción en toda su dimensión). Sigo manteniendo punto por punto lo que sostuve entonces, más me vale, cambiar diametralmente de opinión en seis o siete semanas debe de rozar la locura por lo menos. Creo que podemos vivir con muchas menos cosas de lo que lo hacemos; me he propuesto comprar mucho menos y no sólo lo estoy consiguiendo, sino que debo reconocer que me resulta sencillo. Si lo piensas fríamente, la mayoría de las cosas que compramos en realidad no las necesitamos, muchas veces consumimos por impulsos y no por necesidades, haciendo gala de una absoluta falta de planificación. Si somos sinceros, todos tenemos en casa ropa que no nos ponemos, cosas que no sabemos ni que tenemos, objetos varios que llenan nuestras estanterías y armarios y que no nos sirven para nada, pero ahí siguen.

También es cierto que hay ciertas pertenencias que ni necesitamos, ni muchas veces usamos, pero sabemos que tenemos y de vez en cuando nos gusta admirarlas. Esas cosas bonitas, llenas de un significado o un valor personal, emocional son importantes para nosotros. Da igual su valor económico, su coste de mantenimiento, el que ocupen espacio… para nosotros son importantes y punto.  De hecho, la razón de su importancia suele ser emocional, histórica, familiar… da igual, son importantes y punto.

Cuando  nos planteamos adquirir algo nuevo, hay veces que probablemente sea algo que no necesitamos pero que sin embargo nos hace feliz. No hace falta recordar que ni el dinero ni las cosas dan la felicidad, pero yo sí creo que hay cosas especiales que arrancan sonrisas, generan ternura o se convierten en cosas importantes para nosotros y que nos dan un pellizquito de felicidad. Es cierto que creo que la mayoría de ellas necesitan una pequeña reflexión previa sobre si realmente las queremos y van a hacernos felices o en realidad estamos ante un espejismo del tipo de necesito otro bolso (cuando en realidad no lo necesitas, de hecho tienes demasiados) o este bolso me va a hacer muy feliz (es posible, pero hace falta distinguir de las compras por impulso que te hacen creer que ese bolso te va a encantar y tres semanas después lo dejas aparcado en el armario y se te olvida durante años el simple hecho de que lo tienes).

Pues bien, me acabo de comprar una maravilla que anhelaba desde hace años: una Hispano Olivetti. La razón para comprármela ha sido estética y emocional. Estéticamente, creo que no hay que aclarar que es una máquina de escribir bonita, de las que ves sobre un mueble y piensas ¡qué bonita es! De hecho, la quiero tener a la vista, no tanto para usarla como para verla, aunque teóricamente aún funciona (tendré que hacerme con una cinta nueva de tinta y probarla). Llevo meses pensando en comprarla y, tras pensármelo mucho (y que mi padre y mi costillo me echasen para atrás hace un par de meses), llegué a la conclusión de que la quería y una oferta en Wallapop la puso a mi alcance (mis anécdotas en Wallapop). La persona que me la vendió, una señora de cincuenta y tantos, me dijo que había sido de su abuela, que la había utilizado para preparar unas oposiciones. Me pareció que un objeto como éste, de los años treinta o cuarenta, con esa historia entre sus recuerdos, era aún más mágico.

Pero la verdadera razón detrás de querer una Hispano Olivetti está en un verso de Sabina. Por supuesto es una razón absolutamente emocional. Se trata de un verso de La canción más hermosa del mundo:

Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso…


No sé si os parecerá una tontería, pero para mí no lo es, por su significado emocional. Sabina es el culpable de la banda sonora de mi vida, y ¡bendita culpa! Yo no sería igual sin sus versos, no sé cómo sería, pero sería diferente, no igual.

Y ahora, esta pequeña joya histórica, con ese gran valor emocional, es por fin mía. ¡¡¡Mi Hispano Olivetti!!!, ¡¡¡Mi tesorooooo!!!!

1 comentario:

  1. Una vez más estoy de acuerdo contigo, no puedo decir otra cosa.

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