VIERNES VITALES 59: HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA, O CÓMO DARLE LA VUELTA A LOS REVESES

Cambiar de planes a veces está bien. Es un ejercicio de adaptación porque lo que tenías pensado no ha sucedido y, de pronto, tienes que echar mano de tu imaginación e innovación para salvar una situación. Muchas veces cuando algo no sale como lo planeábamos, nos frustramos. En seguida nos sentimos mal, nos enfadamos con nosotros mismos y con el mundo y en medio de esos momentos nos lo ponemos aún más difíciles y somos más infelices.

¿Por qué? Porque un gran agujero de la tradicional educación que casi todos los españoles hemos recibido es precisamente ése. No estamos preparados para los reveses y cuando suceden casi siempre actuamos de una manera que está lejos de ser la mejor posible. Es cierto que en determinados momentos reaccionamos, buscamos soluciones y salimos del paso (porque eso sí, en lo de buscarnos la vida sí que solemos estar educados). Pero lo cierto es que lo hacemos con frustración, rabia, impotencia, enfado… y que si aprendemos lo hacemos a golpes y no desde una actitud positiva y fijándonos en el reto superado.

Esta pequeña reflexión viene de algo que he visto esta semana, uno de esos momentos inspiradores que te dan para pensar un poquito más allá, o un poquito más profundamente. Pero lo cierto es que este viernes vital no tengo mucho tiempo de explayarme en vicisitudes filosóficas que nunca llegan a ninguna parte. Pero sí me gustaría hacer un pequeño post de viernes vital sobre ello. Para eso, me voy a centrar en un revés que no va mucho más allá: simplemente un viaje que habías planeado y que no sale. Genera frustración prácticamente de manera inmediata, porque se supone que es un plan que llevas meses pensando, habías hecho la reserva, te habías informado sobre el destino, tenías claro que querías visitar éste y aquél lugar, hacer determinadas actividades o comer en aquel restaurante del que te habían hablado. Y de pronto: todo al traste. Si encima el viaje coincide con una fecha irremplazable (un puente, tu semana de vacaciones que no puedes cambiar etc.), muchas veces te paralizas y terminas quedándote en casa enfurruñado y lamentándote de esa maldita suerte aciaga que tienes.

Pues bien, ¿ése es el único viaje que puedes hacer?, ¿por qué no explorar más opciones? Quizá termines encontrando un plan alternativo que igual pueda gustarte más. Si te ofuscas y te sitúas en esa sensación de nada será igual, da lo mismo lo que haga, en realidad si no voy allí no me va a gustar… pues lo cierto es que hagas lo que hagas (o lo que no hagas), dará igual porque tú mismo te estás cerrando a otras posibilidades. Pero a veces, aunque pretendías ir a Nueva York y ese viaje seguirá estando entre tu lista de futuribles imprescindibles, es posible que más adelante le llegue su momento. Y que, si mientras, terminas en las Rías Bajas, o explorando el Valle del Jerte (por poner un ejemplo), es cierto que en muchas cosas no tendrá nada que ver, pero en otras, tendrá mucho que aportarte y con lo que poder sorprenderte. Si te quedas ahí, enfurruñado, lamentándote de tu (mala) suerte y lamiéndote las heridas, serás más infeliz. Y lo que es peor, no habrás hecho nada por intentar cambiarlo, por aprovechar esos días, por darle la oportunidad a la vida de que pueda sorprenderte.

Viernes vitales primavera Madrid

Pongamos que has cancelado el viaje porque no tienes dinero o simplemente ahora no te viene bien gastarse ese importe. Se ha roto la lavadora, has tenido que llevar el coche al taller, te has acordado de que el mes que viene te toca pagar aquella factura pendiente… Vale, has decidido que no es el momento y que tienes que ahorrar. Pues bien, tampoco se acaba el mundo. Puedes escaparte a pasar el día a un sitio cercano a tu casa, ir y volver y hacer algo diferente. O si no, ¿por qué no explorar tu ciudad? Quizá haya un plan de ésos que en realidad siempre quisiste hacer y que nunca has encontrado la fecha. ¿Y si es ahora? O aunque te venga fatal gastarte dinero y no tengas un euro disponible, quizá puedas darte un caprichillo. No será gastarte miles de euros en el viaje de tu vida, pero igual sí puedes gastarte 50 en ese restaurante al que le tienes echado el ojo desde hace años, ¿por qué no?


La vida está hecha de pequeños momentos y la actitud que pongamos ante ellos es determinante. Deja de lloriquear y de lamerte las heridas, sal ahí y disfruta de la vida, que al fin y al cabo es lo único que tienes. 

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