QUOD NATURA NON DAT, SALMANTICA NON PRAESTAT

La vida tiene cosas extrañas… por ejemplo lo poco que hablo de Salamanca por este blog. El otro día una amiga (que además me lee) me comentó tomando un café: Me extrañó que escribieses sobre Soria y que sin embargo nunca lo hagas sobre Salamanca. Os juro que no era consciente de que no hablaba de Salamanca desde hace… (la reseña de Me llamo Miguel no cuenta), sobre todo teniendo en cuenta que desde que empezó el año he ido ¡¡¡dos veces!!! A Salamanca. Y seguro que no serán las únicas de todo 2017.

Mi idilio con esta ciudad viene de largo. De hecho, confieso públicamente que me casé en Salamanca, en el Ayuntamiento, en plena Plaza Mayor, porque me parecía el mejor lugar del mundo para casarse. Y sí, no soy de allí, no tengo familia que viva en esa ciudad, y en determinados momentos, a pesar de estar sólo a dos horas de Madrid he estado meses sin pisarla. Pero me encanta esta ciudad y, aunque habrá quien conozca otros cientos de lugares preciosos para casarse, lo siento, pero para mí no hay nada como hacerlo en ese mágico lugar en una tarde de sol de principios de octubre y luego salir al balcón.

Ya me estoy yendo de tema, así que vuelvo. Me apellido Montero, quien sea de Salamanca sabe que es un apellido que tiene raíces charras desde siglos atrás. Mis abuelos eran de Ciudad Rodrigo (de la que os hablé en este post y que es un lugar desconocido y alucinante, os lo recomiendo a todos). Ciudad Rodrigo, aunque pertenezca a la provincia, poco tiene que ver con Salamanca, pero aún así, además de la afinidad que yo he conseguido con esta ciudad en mi vida, me gusta pensar que hay algo espiritual, de la historia de familia que hunde sus raíces siglos atrás. Por ello, me encanta sacarme una foto cada vez que voy delante de Casa Montero, al ladito de la Plaza Mayor. Quién sabe, igual hasta somos familia y todo.


Pero además Salamanca es un lugar donde siempre he sido profundamente feliz. Aprendí a amar esta ciudad de inviernos fríos inclementes y veranos calurosos, una joya de Castilla en esa tierra en la que la frontera portuguesa ya se siente cercana. A este respecto, yo siempre recuerdo que el gran terremoto de Lisboa se sintió en Salamanca y que algunas grietas en la torre de la Catedral Nueva siguen ahí como testigos silenciosos de la historia.

Tuve la inmensa suerte de tener varias amigas que eligieron la mítica Universidad salmantina para estudiar. Eso me brindó la posibilidad de hacer muchas escapadas en autobús desde Oviedo y quedarme muchos fines de semana, disfrutando de la noche salmantina y de muchas otras cosas. Aquellos eran tiempos muy diferentes, yo ahora me acuesto a la hora en la que lo hacen las gallinas, pero reconozco que he vivido muchas noches de vino y rosas entre sus calles empedradas. Muchas de ellas frías, heladas... de hecho, creo que Salamanca es también uno de esos lugares en los cuales yo he pasado más frío en toda mi vida. Pero también donde más querida me he sentido, con el calorcito de esos lugares que son tan nuestros.



Y desde luego, siempre me enamoré de ella, de su historia, de su imponente figura a orillas del Tormes. Salamanca supura historia en cada uno de sus poros, cada uno de sus rincones. Por allí pasaron figuras clave de la historia de España como Fray Luis de León o Miguel de Unamuno. Frases de la memoria colectiva: "Como decíamos ayer" o "Venceréis pero no convenceréis" encierran mucho más entre sus letras que frases hechas. Encierran la historia de esta España dividida desde hace siglos.

En Salamanca todo es bonito: su Universidad, su Catedral Vieja, el Huerto de Calixto y Melibea, La Ponti y por supuesto el Patio Escuelas. Sí, no he incluido la Catedral Nueva porque no es santo de mi devoción precisamente. En Salamanca tenemos la inmensa suerte de que no derribaron la catedral románica para levantar la gótica, sino que la mantuvieron y tenemos una al lado de la otra. Pocos lugares tan mágicos existen en el mundo como La Catedral Vieja de Salamanca, con su patrona la Virgen de la Vega en su altar mayor. Es difícil encontrarla abierta, pero si lo haces, no dejes pasar la oportunidad de visitarla.

El Patio Escuelas es además con toda probabilidad mi rinconcito favorito de esta ciudad. Ese patio pequeñito, inesperado, que te encuentras al lado del edificio de la Universidad. Recuerdo que cuando fue ciudad europea de la cultura, allí habitaron las figuras del grupo escultórico de Los burgueses de Calais de Rodin. Este lugar también participa de esta mística intensa de esta ciudad única.



Ciudad única bañada por una luz intensa, que se refleja sobre la belleza dorada de la piedra de Villamayor, con la que están construidos sus principales edificios. Soy muy consciente de que este post se queda corto, que no es un buen post de viajes precisamente, pero es un post de sentimiento.

Para mí Salamanca son los atardeceres dorados de la piedra de Villamayor, las tapas de Van Dyck, el vermú en la Plaza Mayor, las noches universitarias de vino y rosas, el hornazo, la belleza intensa de las vidrieras de la Casa de Lys, microteatro en la Malhablada, los paseos junto al río, los desayunos en Caballerizas con un jamón ibérico de Guijuelo que te deja sin palabras. Su gente, sus fiestas, septiembre al sol... Y a veces frío, mucho frío. Pero el calor de mi Salamanca siempre es intenso, aunque el frío en la calle te dé escalofríos


Y recordad siempre otra frase ligada a la historia de esta ciudad... Quod natura non dat, Salmantica non praestat

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MADRID CON NIÑOS 33: FAMILY LAND MARKET

El pasado fin de semana se celebró en la Estación de Chamartín el Family Land Market, según su propia definición, la feria de entretenimiento familiar. Me sorprende porque nunca había oído ni leído nada sobre ella, y eso que tengo el radar en modo on para este tipo de eventos (con una inquieta niña de 5 años en casa no es para menos). Esta vez me enteré de casualidad y eso que no era la primera edición precisamente. Además, el hecho de que se celebre en Chamartín, por proximidad geográfica, me venía francamente bien. Así que dicho y hecho, el sábado por la tarde nos fuimos a ver qué nos ofrecía este evento familiar. 

Cuestiones organizativas previas: las entradas se pueden adquirir en la propia feria y costaban 2 euros por persona. Existía la posibilidad de comprarlas por Internet (que fue lo que yo hice), en cuyo caso el coste era menor, de 1 euro cada uno. Eso sí, en internet debes elegir el día en el que quieres ir (sábado o domingo) y la entrada te servirá sólo para ese día, por lo que no vale que cambies de opinión sobre la marcha.

Esta feria se celebra en el ático de la Estación de Chamartín, donde hace años se celebraba también el Nómada Market (antes de que la trasladasen al Mercado de la Cebada). No es un lugar muy grande, pero la verdad es que para este tipo de eventos está muy bien. En esta ocasión, en el Family Market existía una zona de tiendas (indispensable en cualquier feria o mercado), una zona de ocio con hinchables, otra de discoteca para peques y zona de comida y en uno de los extremos una fantástica granja. Sí, como lo leéis, ¡una granja!


Ni qué decir que eso de las granjas en Madrid está muy de moda. Resulta curioso porque yo me pasé mis veranos entre un pueblo en Asturias y otro en Segovia, por lo que ver una gallina o una cabra no me impacta en absoluto. Mi hija también va al pueblo de vez en cuando y ve este tipo de animales, pero está claro que hay niños en Madrid que no han visto una oveja fuera de este tipo de granja-escuela o granja itinerante. 


En este caso, la granja itinerante traía consigo animales de lo más pintoresco. Había clásicos como ovejas, cabras, conejos, pollitos… y otros más curiosos como tortugas, una chinchilla e incluso un cerdo vietnamita. A mi hija le gustaron todos, pero el cerdo vietnamita fue sin duda la estrella de la fiesta. Le encantó, era de lo más achuchable, un cachorro que aún no había cumplido un año, y allí estaban todos los niños encantados con él. 


He de decir que a mí también me gustó mucho la granja. Estaba muy bien organizada, las dos chicas que guiaban a los asistentes eran muy majas, pero además Nuria, la que nos acompañó a nosotros, era muy cariñosa con los niños. Los animales se notaba perfectamente que estaban muy habituados a ver niños y personas, se portaban fenomenal, se dejaban tocar... y además nos dejaron meternos en sus cubículos y estar con ellos. Me pareció una experiencia estupenda porque, aunque Henar ha estado varias veces en la granja, e incluso llevaron una itinerante a su guardería, lo cierto es que yo nunca había ido a ninguna y me gustó la experiencia. 

La visita a la granja era uno de los talleres de la feria. De hecho, había muchos más: desde pintar tu camiseta a decorar galletas, hacer pasta fresca o decoupage. El precio de los talleres oscilaba entre los 3 euros de la granja y los 6 euros el más caro. Personalmente, creo que la granja por 3 euros era una actividad sencillamente genial. 

Pero no sólo de granja vive el niño (en nuestro caso la niña), vive de pasárselo bomba saltando y desfogando. En concreto, había dos hinchables: uno gratuito y otro con entradas a 3 euros. Hacían las delicias de los niños. Henar se subió cuatro o cinco veces en el castillo, que era gratis, incluso se encontró a un compañero del cole y se lo pasaron fenomenal. 

Eso sí, a mi hija dadle música. En una feria como ésta no podía faltar además una zona de discoteca infantil, y con lo farandulera que me ha salido mi peque, por supuesto no dudó ni un momento en subirse al escenario desde el minuto uno. 

No podía faltar además una zona de discoteca infantil, y mi hija, con lo farandulera que me ha salido, por supuesto no dudó ni un momento en subirse al escenario desde el minuto uno. Una imagen vale más que mil palabras. 


Al lado se encontraba la zona de comida, así que mientras los niños disfrutaban de la fiesta, los papás y mamás podíamos tomarnos un cafetito. 

Pero la traca final vino con la visita de Pocoyo. Los niños estuvieron encantados de bailar con él, hacerse fotos y seguir la fiesta en su discoteca particular. 



 En resumen, nos gustó mucho el Family Land Market. A partir de ahora, estaré atenta a nuevas ediciones, porque entretiene muy bien una tarde de fin de semana. En nuestro caso, al final estuvimos allí unas tres horas y media, porque cuando nos íbamos a ir, Henar encontró a un compi de su clase y nos quedamos una hora más. Pero para ser sinceros, fue divertido y estuvo bien. Entre la actividad de la granja, los tres o cuatro ratos bailando, los cuatro o cinco ratos saltando en el hinchable y la merienda, se nos pasó bien el tiempo. 

Recomendación final: yo diría que esta feria está bien para niños desde 3 a 4 años a 8 ó 9. Los talleres duraban entre media hora y una hora, eso sí, quizá estaban muy orientados al universo niña, porque si te fijabas, todas eran niñas las que estaban cocinando, pintando etc. Un niño de 8 ó 9 años probablemente se aburriría. 

Este tipo de ferias y mercados están muy bien como plan de niños en Madrid. Apuntadlo, igual alguna vez os animáis a ir y disfrutar la experiencia. 

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VIERNES VITALES 62: DISFRUTA AL AIRE LIBRE

Me hace gracia a mí misma ponerme a escribir este post... ¡¡¡precisamente ahora!!! Que sí, que ya sé que estamos en las puertas de la primavera, que el sol empuja a salir de casa y que, de hecho, estas últimas semanas hemos disfrutado de un tiempo increíble. Las casas las dejamos para el invierno, que está muy bien eso de vivir bajo mantitas los domingos por la tarde, pero ahora que empieza el buen tiempo hay que salir ahí fuera y disfrutar. Que conste que a mí me encanta. Y entonces, ¿dónde está el problema? Pues en que soy alérgica, pero muy muy alérgica, y los plataneros que abundan en todas las ciudades (y en Madrid ni os cuento) me lo hacen pasar francamente mal. Por ello, a pesar de que me muero de ganas de salir a la calle, disfrutar al aire libre y vivir intensamente tantas horas de luz y buen tiempo, sé que pasaré unas semanas jod... empastillada con antiestamínicos y, como comprenderéis, no me mola nada. 

Pero reconozco que mi cuerpo me pide parque, aire libre, excursiones, hasta picnics si nos ponemos y todo. Los beneficios de pasar tiempo al aire libre están demostrado y son muchos y variados: es bueno para la salud, para el desarrollo del cerebro en los niños, combate la depresión y el estrés (un baño de sol y tranquilidad te recarga las pilas y te da alegría), mejora el estado de ánimo, aumenta tus niveles de vitamina D. Pues bien, ha llegado el buen tiempo (aunque a veces siga haciendo rasca), los días son largos y creo que bien merece la pena que salgamos ahí fuera a disfrutar de la naturaleza.


Este finde, entre mis planes, se encuentra visitar un parque muy especial que hay aquí en Madrid y al que hace demasiado tiempo que no voy. Lo dejo en formato sorpresa, si salen bien los planes y vamos, espero poder hacer un post mucho más amplio sobre este lugar tan bonito y que me gustaría compartir con vosotros a través de esta ventanita al mundo virtual.

Pero ahora, a disfrutar del mundo de verdad, a aprovechar estos días largos de primavera y levantar nuestro estado de ánimo, que ya ha estado bien de largo invierno.

Piensa que la vida es muy corta, aprovecha tu momento 
Sé tú misma, sal ahí fuera empieza a creer en ti 
Piensa que no hay forma más bonita de pagar el cariño de la gente que se unió por ti en tu rincón

Recuerda siempre quién eres tú

¡Grita! 


PINTOR DE BATALLAS: EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE

Debo confesar que un día (hace ya muchos años) yo fui una enamorada de las novelas de Reverte. Me enganché con ellas a finales de los 90, cuando estudiaba COU. En la misma primavera me leí prácticamente todo lo que había publicado hasta ese momento y me enamoré especialmente del personaje de Irene Adler en El Club Dumas (que a día de hoy creo que sigue siendo mi novela favorita de este autor). Es cierto que años después Polanski destrozó el mito con una película bastante lamentable de la que sólo se salvaba Johnny Depp y las orillas del Sena, qué manera más absurda de destrozar una novela. Pero, a lo que iba, que entre COU y mis primeros años de Universidad yo soñaba con ser personaje Pérez-Reverte.

Lo que sucedió después probablemente haya sido que crecí y empezaron a interesarme otras cosas. La vanidad en aumento del señor Reverte creo que tampoco ayudó a que la ecuación fuese precisamente positiva. Tardé mucho en darle nuevas oportunidades a las obras que fue publicando posteriormente y, además, sin duda tampoco elegí bien. Me compré un ejemplar de Cabo Trafalgar y me pareció bastante difícil de tragar, después lo volví a intentar con El asedio y me pareció muy insufrible. Es verdad que El tango de la guardia vieja me devolvió al mejor Reverte, el de mis años de juventud, pero no fue suficiente porque ya había perdido el interés en lo que el insigne académico dice o deja de decir. De entonces hasta ahora, no he vuelto a leer nada suyo.

El caso es que, cuando me enteré de que una de sus novelas, El pintor de batallas, había sido llevada a las tablas y que se representaba en los Teatros del Canal, reconozco que me picó la curiosidad. No había leído esa novela (pertenece a la época en que ya había perdido el interés revertiano), pero se juntaba una vieja pasión (las novelas de Reverte) con una pasión labrada con los años, como es mi amor al teatro. La ecuación merecía al menos darle una oportunidad. Y lo intenté, pero en mis círculos no había mucho interés por ver esta adaptación, así que lo fui dejando, hasta llegar a Semana Santa en sus últimas funciones. Un miércoles santo es un día estupendo para ver teatro, ¿no creéis?

La cita era en la sala verde de Los Teatros del Canal. Sobre el escenario, un espacio que representaba una antigua torre medieval, último retiro de un reportero de guerra que había abandonado hacía décadas las contiendas con demasiadas heridas en el alma. Su nombre, Faulques, que ahora, reconvertido en pintor, recreaba escenas de batallas, ya que, por diferentes y lugares y épocas en las que estas se produzcan, siempre hay un patrón común que se repite. Allí, en su retiro eremita, nuestro pintor de batallas vive alejado del mundo, sin tener, ni querer tener, contacto con nadie, enfrascado en su pintura y sus recuerdos.


Pero un día recibirá una visita inesperada. Ivo Markovich, el protagonista de una de sus fotos más conocidas, que le granjearon reconocimiento internacional, llega a su mundo dispuesto a desgranarle, una a una, las razones por las que aquella foto convirtió su vida en un auténtico infierno. Tomada de regreso de la guerra, aquel hombre, simplemente por el azar de aquel clic que generó esa fotografía maldita, ha sufrido mucho, demasiado. Toda su vida cambió por aquella fatídica fotografía y ahora viene a matar a Faulques, culpándolo de todas sus desgracias.

Mientras Markovich busca respuestas, entre ambos se abrirá un debate que llevará a preguntas tan profundas como la maldad humana, la idiosincrasia del ser humano, las guerras y el azar. Un texto que sin duda te remueve por dentro, una obra que resulta muy dura y que te hace profundizar en temas que probablemente nunca te hayas planteado.

Sobre el escenario dos únicos actores. Por un lado, Jordi Rebellón (al que muchos recordamos por su papel de Vilches), a quien yo ya había visto sobre las tablas en otra ocasión, en un montaje que hubo hace unos años en el Teatro Bellas Artes. Debo reconocer que ese punto cínico que caracteriza a sus personajes, como de vuelta de todo, le va como anillo al dedo en esta ocasión, en su papel de Faulquer. Pues si el propio Reverte reconoció que Pintor de batallas era su obra más autobiográfica, está clara la inspiración que hay detrás del reportero de guerra retirado.

Su partenaire en esta ocasión era Alberto Jiménez, a quien me costó reconocer (pero que pronto recordé su papel en una conocida serie de televisión). Alberto lleva el peso del drama; su personaje, ya desde el acento croata tan creíble que consigue imprimirle, resulta grandioso. Creo además que hay buena química entre ambos actores y que el espectador disfruta de esos choques entre ellos. Desde posiciones enfrentadas, dos personas con nada que ver salvo un clic en una foto, hasta momentos en los que se reconocen en el otro o son capaces de entenderle.


En definitiva, fue una obra muy dura. Ese día no estaba yo preparada para esa ducha de horror filosófico, pero una vez más disfruté muchísimo desde mi butaca. Siento llegar tarde porque sus funciones terminaron el pasado domingo, pero me parece un buen montaje, que recomiendo, pero siendo consciente de la dureza de las ideas que encierra.

PIRÁMIDE DE CONSUMO RESPONSABLE

Empiezo por agradecer a Escarabajos, bichos y mariposas, que además de tener un blog estupendísimo y con muy buenas ideas, es carbayona como yo. Me encanta su blog porque está lleno de naturalidad, pasión por vivir y muy buenas ideas. Admiro a María porque creo que es una de esas personas de verdad, que no viven de cara a la galería, que se nota que le ponen ilusión a la vida y viven de una manera tranquila e intensa a la vez.

Gracias a ella, conocí esta imagen, que ahora comparto con vosotros. Se trata de La pirámide de Sarah Lazarovic. Inspirada claramente en la pirámide de Maslow, esta pirámide se centra en lo que tenemos y necesitamos de verdad. No dudo de que es muy difícil ponerlo en práctica, pero también que deberíamos de pensar más a menudo en qué consumimos, cuánto, cómo… y hacer un poco de análisis de conciencia y quizá aprenderíamos ciertas cosas de nosotros mismos en las que no habíamos caído.

Es cierto que hemos crecido con el hábito de comprar, tener, acumular… y creer que necesitamos. Claro que sí, ¿cómo vas a vivir con dos abrigos pudiendo tener veinte? Y si de repente pasas delante de una tienda y ves otro que te gusta, pues te lo compras; o si tienes un evento en el que no tienes nada que ponerte, pues te compras otro más. Si encima ya no es que pases por un escaparate sino que en internet lo tienes todo al alcance de un clic, pues más fácil todavía. Sin embargo, si lo piensas fríamente es muy probable que no necesites ningún abrigo también y es igualmente probable que de los veinte que tienes, te sobren quince o dieciocho.
¿Qué propone la pirámide? Pues creo que lo primero es hacernos pensar.


Paso 1: Utiliza lo que tienes

Esto, la primera vez que lo lees, quizá te parezca una verdad de Perogrullo. Claro que utilizo lo que tengo, para eso lo tengo, para eso lo he comprado. ¿Estás seguro? Seguro que nunca te ha pasado de encontrarte una camiseta en un cajón ¡que ni recordabas que tenías! O tener un armario repleto de ropa que no usas porque no te gusta, ya no es tu estilo, no es tu talla pero la tienes para por si acaso o está esperando esa boda del año que nunca llega. Y sin embargo, sigues saliendo y comprando. ¿Has leído todos los libros que tienes?, ¿de verdad no tienes nada en la nevera?, ¿de verdad no tienes qué ponerte?

No tengo ni idea qué porcentaje de cosas tenemos y no utilizamos porque en realidad no necesitamos. Lo peor es que existen muchísimas cosas a nuestro alrededor que ni siquiera recordamos que tenemos, que las tenemos duplicadas (o siete iguales) y aún así seguimos comprando, nos siguen regalando, continuamos acumulando.


Paso 2: Toma prestado

El consumismo con el que hemos crecido además nos ha inculcado la idea de que necesitas que todo lo que usas sea tuyo. Es cierto que las cosas están cambiando, ahora por ejemplo cada vez se usan más los coches de alquiler o de carsharing por ejemplo, y quien más y quien menos (al menos en el universo femenino) ha pedido prestado un bolso para una boda o alguna cosilla así. Pero lo cierto es que ni lo hacemos habitualmente ni tampoco se ve del todo bien como sociedad. Insisto en que las cosas están cambiando, la eclosión de la economía colaborativa hace que pidamos más prestado o paguemos por usar (alquilar) un bien determinado. Pero deberíamos hacerlo muchísimo más.

Por ejemplo, ¿estás pensando en comprarte un robot de cocina pero no sabes si vas a usarlo? Quizá puedas pedirlo un mes a tu amiga, que lo tiene muerto del asco en la encimera de su cocina. ¿Quieres probar suerte y vas a ir por primera vez a esquiar?, ¿realmente necesitas comprarte todo el equipo? Vale, igual exagero, nadie en su sano juicio hace algo así, pero ¿y si te compras una tienda de campaña de tres al cuarto para ir de camping y lo odias? O si te encanta estás en el mismo punto, porque te has gastado un dinero en la tienda de camping patatera y querrás una mejor. Fiesta de disfraces, pídele a alguien ese disfraz que no usa. Hay miles de ejemplos.


Paso 3: Intercambia

Creo que aquí el mundo también está cambiando, ya hay quien intercambia hasta su casa. De hecho, la propia María, de Escarabajos, bichos y mariposas, es fan de este movimiento y lo practica. Pero tampoco es fácil, la sociedad sigue mirando mal este tipo de cosas, o al menos no lo impulsa. Es cierto que hay algunos eventos (por ejemplo The Ropantic Show) pero aún estamos lejos.

María habla de cosas como recoger a varios niños en el colegio. Lo cierto es que yo lo pienso habitualmente, cada padre o madre recoge a su hijo, cuando si nos molestásemos en organizarnos, nos vendría muy bien el tiempo extra y no ir todos a la vez. Se me ocurre también intercambio de libros, de ropa, de clases… Podríamos hacer miles de cosas que no hacemos.

Paso 4: Vende a tráves de segunda mano

Sí, con el auge de Wallapop y otras plataformas está muy claro que se ha puesto de moda y que quizá ya no se mira tan mal, pero aún queda mucho por hacer. Estamos lejos de salir a la puerta de nuestra casa y montar un mercadillo o de ofrecer en nuestra oficina las cosas que hemos descubierto en nuestro armario y que ya ni nos valen ni queremos.

Yo llevo años utilizando el segunda mano, aunque reconozco que en Madrid está más extendido y es más fácil. Por ejemplo, cuando nació mi hija, hace ahora cinco años, me compré algunas cosas a través de segunda mano como una cuna de viaje o una mochila. También es verdad que la mayoría de las cosas las compré o me las regalaron y que al final nos gastamos un pastizal en cosas que mejor si hubiésemos comprado a través de segunda mano. Pero ahora compro y vendo de todo, y no me avergüenza. Por ejemplo: el bolso que llevo ahora mismo, la vajilla Disney con la que comemos todos los días o la serie de Los Tudor que estoy viendo últimamente. Los Reyes me trajeron unas gafas Rayban wallapoperas nuevecitas, a mi marido por su cumple le compramos una Fitbit también sin estrenar a través de esta aplicación, o mi hija tiene un disfraz de Rapunzel ideal que también lo compramos de segunda mano. Por decir unos ejemplos, de éstos tengo decenas.


Paso 5: Hazlo tú mismo

Hacerlo tú mismo a veces no resulta más barato, pero sí suele resultar más divertido y te da ese punto interno de subidón de pensar lo he hecho yo con estas manitas. Es cierto que en otras cosas sí se ahorra, pero creo que el ahorro real de dinero no es la mayor motivación de este paso. Aprende a cocinar: ahorrarás, comerás mejor y te divertirás mientras aprendes algo nuevo. Si customizas los pantalones de los peques (que todos se terminan rompiendo por las rodillas) te lo pasarás bien y tu hijo irá con algo diferente y único (os lo contaba aquí). Y como esas ideas, mil más. No lo cuento todo ni mucho menos en este blog, pero lo cierto es que últimamente sí hacemos cosillas en mi casa del modo handmade, resulta divertido, a veces ahorramos y otras muchos reutilizamos cosas, le damos más valor y sobre todo no generamos más consumismo y más basura.


Último paso: si ninguno de los anteriores te ha funcionado: compra

La cúspide de la pirámide y la parte más pequeñita de todas. Si seguimos las recomendaciones de esta pirámide, debería de ser la última opción. Es muy posible que tengas algo que te pueda servir, o si no que alguien te lo preste, que puedas intercambiar con terceros, adquirirlo a través de la segunda mano o quizá hacerlo tú mismo (o customizar algo que ya tienes). Pero si nada de lo anterior encaja y necesitas ese objeto nuevo sí o sí… ¡pues compra!

Hay quien iría algún paso más allá y se preguntaría si verdaderamente lo necesitas ya o si puedes esperar, si es algo que puedes comprar sin más o que precisa un ahorro previo (en cuyo caso quizá debas ponerte a ahorrar para ello) y un largo etcétera. Me considero una persona bastante ahorradora pero quizá no haya que llevar las cosas tan hasta el extremo. Pero lo que sí es cierto es que si te planteas un consumo más responsable y consigues no comprar por impulso, te darás cuenta de todo lo que tienes, lo que no utilizas (y que quizá puedas vender, regalar, intercambiar, prestar…) y todas las posibilidades de ahorro que desconoces. Es cierto que no es fácil, tener tanta oferta de cosas que nos entran por los ojos a nuestro alrededor, a veces tan sólo a distancia de clic, lo hace todo aún más complicado.

De hecho, María, de Escarabajos, bichos y mariposas se ha embarcado en una grandísima aventura: un año sin compras. Para mí me parece una utopía, pero quizá me anime a hacer un mes sin compras, que por algo hay que empezar.

¿Qué os parece esta Pirámide de Sarah Lazarovic?


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SORIA, LEJANA Y SOLA

Soria no coge de camino casi a ninguna parte, pero no por ello deja de ser una joya olvidada en medio de algún lugar. Si quieres visitarla, tendrás que hacerlo ex profeso, plantearte hacer un viaje que te lleve al paseo de la orilla del Duero, donde se encontraba el viejo olmo seco de Machado y donde tantas tardes paseó el poeta. O cruzar al otro lado y encontrarte con uno de esos lugares mágicos y místicos: Los Arcos de San Juan de Duero. En mi opinión, San Juan de Duero tiene ese halo único y misterioso, hermanado con el mismo halo que tiene la Igreja do Carmo en el corazón de Chiado. Los grandes arcos, en el caso de San Juan de Duero más pequeñitos, apuntando a ese cielo azul intenso, que se tiñe de estrellas cada noche.


Recuerdo la primera vez que visité Soria y especialmente cuando entré en San Juan de Duero. Esa sensación íntima, especial… tan imposible de expresar con palabras. No hace tanto tiempo de eso, ni siquiera han pasado diez años, porque Soria no pilla nunca de camino hacia ningún sitio y hasta el final de mi segunda década no me empeciné en conocerla. No podía entender entonces cómo no había ido antes, cómo no había oído hablar de aquel lugar único. Esas sensaciones me las llevé en mi mochila vital y volvieron a salir, redobladas, las volví a sentir intensamente hace apenas unas semanas, casi diez años después, cuando mis pasos volvieron a encaminarse a esa Soria de poetas, castellana, olvidada, recia y pura.

Este vez me llevé a mi amiga Virginia de cómplice, en un road trip corto e intenso, con poco, mucho o nada que ver con unas Thelma y Louise muy diferentes. Pero llegamos a Soria en el final de una mañana espléndida de sol y cielo azul que alumbraba primavera. Antes, habíamos parado en Medinaceli, a veces todo es demasiado previsible.

Llegamos a Soria, bajamos hacia el río, nos encontramos con Leonor, la esposa de Machado, y también con Gerardo Diego. Nuestros pasos se encaminaban a esas veredas del río, a los chopos que inspiraron versos, a los arcos de San Juan de Duero… Previsibles de nuevo nosotras. Pero fue una jornada bonita y tranquila a partes iguales. Recalamos en medio del río, en una terracita preciosa donde comimos, descansamos, hablamos, nos reímos… y disfrutamos de esa primavera que explosionaba por doquier. Soria, la fría Soria de invierno quedaba lejos. La vida, intensa, tranquila y el mejor regalo, nos acompañaba.


Muchas veces no se necesita casi nada. Sólo estar ahí, sentir el sol sobre la cara, respirar despacio, pensar en esa Soria desconocida que tantas veces intuiste entre los versos de Machado. Disfrutar de la amistad de verdad, de la buena compañía bajo el sol, de un viaje que estoy segura que recordaremos muchos años. Porque no tuvo nada y lo tuvo todo, fue un día tranquilo, una Soria somnolienta, una jornada para desconectar de Madrid y su ritmo demasiado rápido.



Aún nos quedaba volver a La Alameda, cuesta arriba, por las calles empedradas entre edificios con siglos de historia tras sus puertas. No había nadie, sólo silencio. La hora de la siesta en Castilla sigue siendo sagrada, en inverno, verano o primavera. Soria tranquila, envuelta en las sábanas y adormecida, recluida para el caminante que deja atrás el río y los arcos de San Juan, que vuelva a una vida de una ciudad somnolienta. 

Soria, de nuevo me has dejado ese poso intenso de vida y sueño. 

Soria lejana, olvidada, silenciosa.. en cuyas calles se enamoró el poeta. 

MIS TRUCOS DE AHORRO 5: BOTES, CAJAS Y OTROS TRUQUILLOS

Este post quiere hablar de pequeños gestos que se convierten en grandes ahorros. Son gestos a veces imperceptibles, que puedes incluir en tu rutina sin darte casi cuenta. Pero que si eres constante y vas acumulando todos esos pequeños ahorros, te aseguro que terminarás financiándote con ellos unas vacaciones o al menos una escapada. Yo los pongo en práctica de manera habitual, de hecho soy la típica que abre cuatro o cinco botes a la vez en los que va depositando dinero con diferente cadencia y para distintos propósitos. Pero de eso ya os hablaré otro día, ahora os hablo de los pequeños gestos de ahorro.

El bote de las monedas pequeñas

Algo sencillísimo, pero que tienes que hacer cada día o al menos varias veces a la semana. Abre tu cartera y revisa, todas las monedas sueltas de una determinada cantidad que tengas en ellas, las metes en un bote. Yo lo hago con monedas de 50, 20 y 10 céntimos. En realidad tienen su propia caja y las suelo destinar sobre todo a pagar el comedor de mi hija durante los campamentos de verano. Es cierto que antes las destinaba a otros fines, pero el año pasado mi hija comenzó a ir a un campamento en el que debíamos abonar al monitor cada día, en efectivo y a ser posible con el dinero justo 4,40 euros. Era difícil tener ese dinero suelto, que fuese justo, y además 4,4 euros por 5 días semanales, durante cuatro semanas, hacen 88 euros. Si los tienes en esa caja y los has ahorrado casi sin darte cuenta, ese dinero extra que tienes para las vacaciones.

La hucha de cerdito con monedas de uno o dos euros

Tuvimos durante una temporada una hucha de cerdito por cuya abertura cabían las monedas de dos euros. No era una hucha muy grande, pero la rompimos el año pasado y tenía casi 300 euros mayoritariamente en monedas de dos euros, aunque alguna de euro también había. Ahora tenemos otra en cuya abertura caben las monedas de euro. Aquí no pongo monedas cada día, pero sí incluyo dos o tres cada semana, y mi marido también. Al ser una hucha de cerdito de las de siempre y no tener posibilidad de sacar las monedas, cuando al cerdito le llegue su San Martín, probablemente tengamos 300 ó 400 euros, que nos vendrán fenomenal.


El bote de las invitaciones y las cosas gratis

Esto lo llevo haciendo unos cuantos años y os sorprendería ver todo lo que cabe aquí. Que recibo unas invitaciones para ir al teatro, meto su valor en el bote. He de decir que no introduzco el valor real de la entrada sino el valor de lo que yo habría pagado por ella, que no siempre es lo mismo. Pongamos que hubiese pagado 10 euros por ir a ver una obra de teatro a la que he asistido gratuitamente, pues meto 10 euros, independientemente de que la obra valga 25 si no estaría dispuesta a pagar ese importe.

Aquí entra absolutamente de todo: el valor de los regalos recibidos, las cosas gratis (por ejemplo, si voy con mi hija a un taller gratuito, ¿qué valor le pongo? ¡al bote!), si iba a coger el autobús y alguien me lleva en coche, el valor del billete de autobús al bote. Hay infinidad de cosas susceptibles de integrar este ahorro: el café que no te tomas, el descuento que te han hecho y no esperabas (siempre que no sea muy alto), cuando ibas a comprar algo, te molestas en buscar un sustituto en tu casa y lo encuentras (quizá no necesites otro boli más) y un largo etcétera.

Peaje del 10%

Esta idea la saqué hace años del estupendo blog No quiero otro pijama, que aunque lleve tiempo desactualizado, os recomiendo la lectura de todo lo publicado allí. Se trata de que, cada vez que cambies un billete, guardes el equivalente de un 10% de su valor para otra cajita o bote. Lo hago con billetes de 20, 10 y 5 euros, por lo que guardo monedas por valor de 1 y 2 euros y de 50 céntimos. Es cierto que no lo hago siempre, pero también es cierto que hace que mi bote de peaje ingrese alrededor de 30 euros cada mes. Multiplica lo que sacas al año.

Wallapop

Como podríais esperarse, también tengo un apartado para los ahorros de Wallapop. El marido de una de mis mejores amigas dice que lo que se saca de Wallapop, se gasta en Wallapop. Me parece un buen lema, aunque he de decir que no lo cumplo del todo. Es cierto que cuando tengo dinero por ventas, aprovecho para comprar productos que tenía marcados en la plataforma y que quería adquirir, pero también que, al menos en mi caso, ingreso más que gasto. Y ese ingreso extra acaba en un bote que suelo utilizar cuando nos vamos a Oviedo. Quien dice Wallapop dice cualquier venta a través de la segunda mano, bien sea mediante plataformas y aplicaciones o si le vendes algo a tu compañero de trabajo, da lo mismo. Vosotros me entendéis.

Como veis, es dinerillo que o bien no esperabas, o que no te cuesta desprenderte de él y que poco a poco no es que se convierta en una gran fortuna, pero sí que hace bastante. Como os decía, con estos botes y cajitas en los que voy metiendo el dinero de este tipo de casos, calculo que personalmente llego a ahorrar probablemente alrededor de 1.000 euros al año. Siempre lo termino utilizando para otras cosas, es decir, que me lo gasto, pero no deja de ser dinero que no he sacado del banco para esos gastos y que por tanto conforma un ahorro. Además, el sacar dinero de tu cartera hace que también seas más cauto con los gastos. Si sacas del cajero y tienes 200 euros en la cartera hace que termines gastando más o a mayor ritmo, mientras que según van escaseando los billetes y monedas disponibles al alcance de tu mano, bajas el ritmo de gasto, o al menos eso me sucede a mí.


Espero que os haya resultado útil y que ahorréis esas monedillas que no van a ningún lado. Pero que todas juntas, ¡vaya que si cuentan!

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VIERNES VITALES 61: NO SEAS ESCLAVO DE TUS GASTOS (NI DE TUS INGRESOS)

Llevo un par de semanas con parón inspiracional. Y como las musas me habían abandonado, los Viernes Vitales se habían esfumado. Pero esta semana he vuelto a recibir el flechazo de la inspiración sobre algo que leí en algún lugar y que me ha hecho reflexionar un poquito, así que aquí me lanzo con el viernes vital de hoy.

Hace algún tiempo, os escribía un viernes vital que titulaba: Regálate eso que te hace feliz y hoy voy a escribir un texto que, a priori, podrá parecer contradictorio, pero no lo es en realidad. Tenéis enlazado el artículo, por si alguien siente curiosidad o simplemente desea releerlo. En resumen, lo que decía entonces era que vivíamos con demasiadas cosas (no necesitamos en realidad ni una décima parte, por poner un porcentaje, de lo que tenemos) pero, a veces, hay caprichillos o cosas que es cierto que no necesitamos, pero que nos hacen felices. Y sólo por esa felicidad (llámese sonrisa que te arrancan cuando las ves, las usas, te las pones etc.) bien merece la pena comprarlas. Es cierto que tampoco dura eternamente, porque por mucho que adores tu vestido nuevo, llegará un día en el que te cansarás de él o lo dejarás olvidado en un armario. Cuestión de tiempo.

Desde hace ya bastante, intento reducir mis pertenencias, comprar menos, ahorrar más, invertir… y así dar valor a las cosas que tienen valor para mí y no llenar mi mundo de trastos. Sin embargo, eso no quiere decir, en modo alguno, que haya dejado de consumir. Sigo comprando, pero me planteo antes si lo necesito, si lo quiero, si me hace feliz. Pero, como os decía al principio, esta semana he leído un texto sobre el consumo que me ha inspirado a pensar un poquito. Hay muchísimas cosas que se cruzan en nuestra vida y nos gustan. Son como pequeñas chucherías, la mayoría de las veces absolutamente momentáneas. Ese bolso que ves en un escaparate y del que te enamoras, la necesidad vital de comprarte ya el último libro que tu escritor favorito acaba de publicar, o cualquier cosa que ves en una web y te entra por los ojos (sin darte cuenta lo habrás pagado con tu tarjeta y lo recibirás dentro de unos días. Bien, la mayoría de ellos, desengañémonos, no nos dan felicidad, nos dan un subidón momentáneo, nada duradero. Esa sensación de satisfacción con ese objeto nuevo volará antes o después.

El problema viene que cuanto más tenemos y más cosas vamos acumulando a nuestro alrededor, ocurren dos factores.

El primero: crecen nuestras expectativas. No puede ser que tenga sólo un bolso, necesito primero dos, uno para invierno y otro para verano; no, un par de ellos para cada estación (ya son 8); mejor uno de cada color de veinticinco colores diferentes, y luego que sean de verano y de invierno, y de primavera, y para salir de noche, y para irme de viaje… Probablemente termines teniendo un armario lleno de bolsos que no usas. Utilizo el ejemplo de los bolsos porque normalmente las mujeres tenemos decenas de ellos. Y no, normalmente no los usamos. Lo cierto es que algo que no tenías (y que no necesitabas) se convierte en imprescindible en tu vida y no sólo quieres uno, sino veinticinco. Sin ello, no serás feliz. Que para eso trabajas, para eso ter levantas tan pronto, para eso aguantas todo lo que aguantas…


El segundo: crecen tus necesidades. Las necesidades, de facto, se multiplican. Primero está el hecho de que tener veinticinco bolsos se hace absolutamente necesario, pero es que, además, en algún sitio tendrás que meterlos. Para ello necesitas un armario mayor, una casa mayor, un coche mejor para ir hasta tu casa mayor y más lejos… En definitiva, necesitas más dinero para gastar y mantener tus necesidades. Vale, en este caso los bolsos no son el mejor ejemplo, pero seguro que os hacéis una idea sobre por dónde voy. El caso es que empiezas necesitando un bolso mejor y terminas necesitando toda una vida ¿mejor?, no: una vida más cara. Para ello necesitas cobrar más, cambiar de trabajo, trabajar más horas… Y es súper importante todo ello, porque necesitas más y más… y volvemos a lo de antes: para eso trabajas, para eso te levantas tan pronto, para eso aguantas, para eso estás tan cansada…


¿De verdad? ¡Anda ya! Cuando sales de la ruleta del ratón del consumo te das cuenta de lo gilipollas que has sido (y que sigues siendo). Trabajar más horas para ganar más dinero no tiene sentido. Lo que tiene sentido es la vida que estás dejando pasar mientras pagas y pagas y sigues pagando. Intenta trabajar en algo que te guste, las horas que puedas (agradecerás mucho tener tiempo para ti) y antes de comprar el enésimo bolso, la enésima camiseta piensa si lo necesitas. Más aún, dale la vuelta a tu armario. Anda, que tienes una camiseta igual y ni te acordabas de ella, ¿curioso no?



No dejes que tu tren de vida te consuma, que te obligue a trabajar más horas si no quieres. No puede ser que necesites cobrar más para consumir. Reduce tu consumo, ahorra, vive, experimenta, invierte… algo que tenga un buen propósito detrás, que verdaderamente merezca la pena. No te hagas esclavo de tus gastos y tus ingresos. Piénsatelo. No puede ser que tengas que vivir peor y trabajar más y más horas por acumular, tener más cosas, pagar deudas. No, lo importante es vivir, tener relaciones, experiencias, compartir, salir a la calle y disfrutar. Eso es lo que importa, no tener un armario lleno de bolsos. Reflexiona un poco y mira a ver si puedes aplicarlo en tu vida diaria, quizá te sorprendas.

MADRID CON NIÑOS 32: EL MAGO DE OZ EN EL TEATRO MARAVILLAS

Hace un par de domingos fui con Henar a disfrutar de una obra que teníamos fichada desde hace tiempo. Ahora que lo pienso, demasiado tiempo… De hecho, una de las cosas buenas del blog es que sirve de cuaderno de bitácora y me recuerda que ya por el otoño del 2013 esta obra se encontraba entre mis futuribles con Henar (podéis ver aquel post aquí). Si lleva tantos años de representación en un escenario tan importante en Madrid como es el Teatro Maravillas, sin lugar a dudas es por algo.

Estoy hablando, que aún no lo he dicho, del musical El Mago de Oz, un cuento imprescindible y atemporal que irremediablemente te pone una sonrisa en los labios cuando empiezas a caminar con Dorothy sobre el camino de baldosas amarillas. Es una historia que ha enamorado a niños de diferentes generaciones y que hoy en día sigue siendo un gran reclamo. Es normal que surjan infinitas adaptaciones teatrales, ligadas al género musical, porque siguen siendo un éxito entre los niños. Lo demuestra el hecho de que esta adaptación en el Teatro Maravillas, como os comentaba antes, lleva ya varios años en cartel. Nosotras fuimos un domingo por la tarde y el patio de butacas estaba prácticamente lleno de niños dispuestos a embelesarse con la historia de Dorothy y los amigos que irá conociendo en su viaje iniciático para visitar al famoso Mago de Oz.

Dorothy es una niña que vive en Kansas con su tía Emma, pero que una tarde un tornado la llevará hasta el mágico mundo de Oz. La niña quiere regresar a su casa, para lo que tiene que visitar al gran mago de Oz, que con su magia será capaz de devolverla al lugar que tanto añora. Pero antes, vivirá aventuras increíbles siguiendo el camino de las baldosas amarillas, con unos zapatos mágicos, que le entrega el hada Glinda y que la librarán de la maldad de la Bruja del Oeste.


En ese camino, no estará sola, irá conociendo a seres increíbles de los que se irá haciendo amiga y juntos irán a ver al mago de Oz. El primero de ellos: el Espantapájaros, que necesita un cerebro; después el Hombre de Hojalata, que quiere un corazón; y por último el León, que no tiene valor y quiere que el mago de Oz le convierta en un león con gran coraje.

Con los acordes de la canción vamos a ver al gran Mago de Oz recorrerán el camino de aventuras, teniendo que enfrentarse a la Bruja del Oeste y llegando al final a ver al Mago, que será capaz de darle los dones que cada uno de ellos desea. Pero todo lo que necesitan está dentro de ellos, aunque no sean conscientes. El gran Mago en realidad lo que hará es hacerles creer en sí mismos y encontrar en su interior todo lo que necesitan: la inteligencia en el caso del Espantapájaros, los sentimientos en el del Hombre de Hojalata y el coraje y el valor en el León.

El mago de Oz me parece un cuento muy ilustrativo que, entre canción y canción, hace que los niños aprendan una lección muy importante: creer en ellos mismos.


El montaje del Teatro Maravillas resulta idóneo. En formato musical es ameno y divertido, logra mantener la atención de los espectadores y los niños y los papás pasamos un buen rato y aprendemos, o recordamos, algunas cosas verdaderamente importantes, como creer en nosotros mismos. La actriz y los actores de esta función estuvieron volcados sobre el escenario, haciendo que los niños (y los mayores) se trasladasen (nos trasladásemos) al maravilloso mundo de Oz. No se necesita mucho más que talento, ganas y un poquito de creatividad sobre el escenario para que la imaginación haga el resto. Nosotras pasamos una tarde estupenda en un espectáculo que ¡por fin! hemos visto y que me parece súper recomendable para los niños y no tan niños. Tenéis una cita con ellos los domingos por la tarde en el Maravillas, y además, en Semana Santa tienen triple función: domingo de ramos, domingo de resurrección y además el viernes santo. Puede ser un plan estupendo si os quedáis en Madrid.


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MIS TRUCOS DE AHORRO 4. VIAJES II: TRANSPORTE EN DESTINO Y COMIDAS

En el post anterior sobre ahorro en viajes, os hablé de mis trucos a la hora de comprar billetes de avión y reservar alojamientos, intentando conseguir siempre la mejor oferta y ahorrar unos eurillos siempre que sea posible.

Hoy toca hablar de otros trucos de ahorro en viajes, en concreto la partida de transportes en destino y comidas.

TRANSPORTE EN DESTINO

Una vez llegado a nuestro destino de viaje, es posible que tengas que utilizar otros medios de transporte para desplazarte. La primera recomendación: aprende de los que son de allí y muévete como ellos. Parecerá una perogrullada, pero no lo es. Yendo de viaje tiramos más de taxi y de medios para turistas que de los medios que utilizan los oriundos. Hay veces que debe de primar la comodidad, pero otras veces el sentido común. Por ejemplo: coger un barco de los que utilizan los turcos para cruzar de un lado a otro de Estambul, además de ser una experiencia fantástica y que te acerca al verdadero sentir del lugar, es mucho más económica y menos turística y más viajera. Otro ejemplo: desde el aeropuerto de Lisboa se llega divinamente al centro en autobús y además se incluye dentro de la tarjeta de transporte que puedes sacar por períodos de 24 horas. La recomendación es ver qué compensa más, es posible que te compense un taxi si sois más de tres personas o si no pensabas sacar la tarjeta ese día: haz cuentas y valora la comodidad de uno y otro medio.


A este respecto, es muy importante informarte sobre las tarjetas de transporte. Hay tarjetas con infinidad de descuentos, que incluyen a veces viajes ilimitados o descuentos asociados a restaurantes, entradas a museos etc. Merece la pena tirar de internet e informarte de las diferentes opciones. Piensa cuántos desplazamientos harás cada día y qué te compensa más: puedes ahorrarte bastante.

¿Cuánto puedes ahorrar? Pues depende, pero fácilmente unas cuantas decenas de euros por persona en un viaje de cuatro o cinco días.


COMIDAS

Mi época de llevar embutido envasado al vacío en la maleta creo que ya ha pasado. Quizá aún merezca la pena en lugares en los que la comida es carísima y malísima a partes iguales (se me vienen a la cabeza ahora mismo Londres o Disneyland París por ejemplo). En cualquier caso, hay muchas y variadas opciones. En mi experiencia personal, especialmente en esos sitios de comida cara y mala, merece la pena incluir el desayuno en el alojamiento. Un buen desayuno bufet te sirve para recargar las pilas y además para llevarte algún bocadillito o similar que probablemente te evite el importe de la comida y te permita centrar tu presupuesto en la cena, que en mi experiencia es mucho más provechoso. Esto lo he hecho cientos de veces, desde los días de playa hasta en grandes ciudades que patear. Te paras en un parque o un banco, comes algo y sigues adelante. Luego, sobre las tres o las cuatro puedes darte el gusto de pararte y tomarte un café, un helado, un buen batido o incluso un trozo de tarta. Luego por la noche date un buen capricho y vete a un restaurante en condiciones.

Vuelvo a recordar que ahorrar no significa sufrir, sino decidir bien dónde y en qué gastar tu dinero. Para mí, pasar el día con un par de sándwiches (si los saco del desayuno del hotel genial, y si no siempre puedes parar en un supermercado y comprarlos o comprar algo de fruta por ejemplo), es algo positivo. Te permite ahorrar tiempo, dinero, ir más ligero y coger la cena con ganas. Además, puedes adelantar la cena a un horario más europeo y disfrutar después de la caminata del día (en turismo urbano) o de un día de playa.

Ten en cuenta además que en muchos restaurantes existen promociones, ofertas, descuentos por internet… No sólo pasa eso en tu ciudad. Aprovéchalos.  También aprovecha ofertas como menús del día, menús de cenas, happy hours… Todo ahorro es bienvenido.


¿Cuánto ahorramos así? Es variable, pero probablemente desde 10 euros por persona en un lugar a barato a 25 o más en una ciudad cara. Multiplícalo por cada persona en tu grupo familiar y el número de días. Un buen importe que puedes dedicar a cenar un día en aquel restaurante especial que tenías fichado o en darte algún caprichillo extra.

Mis trucos de ahorro 3: Viajes I: vuelos y alojamiento 

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