REVISIÓN DE ESTOS PRIMEROS SEIS MESES DE 2017

Mañana es 1 de julio, han transcurrido ya seis meses, la mitad de este año, y me parece un momento idóneo para hacer una recapitulación de lo vivido en este 2017 y hasta donde nos ha llevado o nos está llevando.

Para este 2017 me fijé tres objetivos. Me vais a perdonar que no los comparta todos ellos públicamente, pero sí voy a evaluar la consecución de los mismos.

El primero de ellos es muy simple y muy obvio (aunque a veces no lo es tanto) y por ello lo comparto: sobrevivir. Estoy publicando esto, por lo que, de momento, lo estamos consiguiendo. Pero no se trataba únicamente de una supervivencia física, que también, sino de una supervivencia emocional, familiar, humana, laboral, económica… en definitiva vital. Debo decir que sí, he sobrevivido en todos esos frentes y estoy contenta con las cosas que me está deparando este año.

El segundo objetivo, que no deseo compartir públicamente, está cumplido. En realidad era un doble objetivo, pero digamos que la primera parte constituía un 80% y la segunda un 20%. Esa primera parte está cumplida y la segunda va camino de cumplirse, por lo que no tengo dudas de que acabará este 2017 pudiendo decir que lo he cumplido al 100% y estoy muy orgullosa y contenta por ello. Es un objetivo de este año pero que compromete, para bien y para mal, años venideros; sin embargo me parece una buena apuesta que espero ganadora.

El tercer objetivo no tengo reparos en compartirlo también de manera pública. De hecho, no estoy segura al 100% de no haberlo mencionado anteriormente en alguna reflexión escrita por estos lares. Hace unos (cuantos) años, recibí coaching y me pareció una disciplina apasionante. Luego seguí con el Mindfulness pero no me enganchó igual. Lo cierto es que desde hace tiempo me interesa mucho profundizar en el mundo del coaching y aprender. Por ello, voy a iniciar mi proceso de certificación como coach. Me he matriculado en un máster muy chulo al que le tengo muchas ganas y muchas expectativas. Empieza en octubre y terminará ya en primavera de 2018, por lo que es un proyecto que iniciaré en 2017 pero que terminará el año siguiente. Aún así, estoy súper contenta por haber tomado esa decisión y haberme inscrito ya. Seguro que os iré contando por estos lares mis aprendizajes y todo lo que seguro que iré descubriendo en los meses venideros respecto a este objetivo.

Por todo ello, no puedo más que sentirme satisfecha y feliz por estos primeros meses de 2017. He cumplido, o estoy en proceso de cumplir, mis tres grandes objetivos del año, pero además, los objetivos vitales, los del día a día, también van bien. En concreto, me gustaría hacer un listado de varias cosas. Empiezo.


Cosas que hago y que me gustan

Pasar tiempo con mi familia, especialmente con mi hija. Desde que nació Henar lo tuve muy claro, quería verla crecer y pasar tiempo con ella, que me notase al lado, que supiese que siempre puede contar conmigo. Paso mucho tiempo con ella y es una elección libre y que me gusta porque la vida vuela y la infancia más aún y sobre todo no quiero perderme su infancia y algún día arrepentirme irremediablemente.

Explorar nuevos mundos con Henar. Si me leéis por aquí, ya sabéis que hacemos muchas cosas divertidas y diferentes. No lo cuento todo, pero sí algunos momentos especiales, que van desde cosas tan sencillas como pintar juntas en casa, hacer galletas y bizcochos en invierno o saltar en los charcos… pasando por viajes, talleres divertidos y diferentes y mucho patear y descubrir Madrid juntas y sus secretos.

Organizarme. Estoy muy contenta con esto, porque creo que he logrado (hemos logrado entre todos en mi casa) organizarme/nos y planificar. Es cierto que a veces el exceso de planificación causa estrés y que hay momentos en los que necesitas hacerte el muerto en la piscina sin más (no es literal, es una figura, pero la podemos extrapolar a cuando me hago la muerta sobre mi cama y espero que el mundo se olvide un poco de mí). Pero también es cierto que planificando horarios, evitando duplicidades y dando tiempo libre a todas las partes integrantes, se vive mucho mejor. Eso no evita que siga yendo a mil por la vida, pero a veces hasta me bajo del tren y todo.

Tener más tiempo para mí. Viene muy relacionado con lo anterior, si te organizas y no van los dos padres al parque, los dos padres a la salida del colegio etc., consigues tener tiempo para ti. Y entonces, de ti depende escoger en qué vas a utilizar ese tiempo, porque tampoco es que sea especialmente grande, claro. Entre trabajo, niña, desplazamientos, cuestiones operativas y dormir, queda poco tiempo para lo demás. Aún así, esto ha mejorado mucho: puedo disfrutar de una tarde a la semana y en ocasiones dos, para quedar con gente o hacer cosas que me gustan. Incluso he disfrutado de un par de fines de semana fuera de casa a solas con amigos, han sido experiencias fantásticas.

Aprender y seguir formándome. Sigo siendo un espíritu al que le saltan muchos nuevos intereses, que terminan plasmándose en cursos, lecturas o búsqueda de información sobre determinados temas. He tenido la posibilidad de disfrutar un par de jornadas sobre Visual and Thinking Design y otra sobre Trabajo en equipo, pero además he leído muchas cosas en muchos blogs, han caído en mis manos ciertas lecturas enriquecedoras y el hecho de poder embarcarme en el curso de coaching del que os hablé más arriba, me parece súper enriquecedor y me encanta.

Ahorro. Viene relacionado con uno de mis objetivos, por lo que este año he intentado ahorrar más, sobre todo centrarme más en qué gasto, cómo, si realmente lo necesito, intentando ahorrar (se nota en el blog con todos los artículos que he escrito sobre este tema), valorar más lo que tengo, deshacerme de aquello que no necesito y en definitiva guardar más dinero y generar más ahorro pero siendo igual de feliz y haciendo las mismas cosas o incluso más, pero mejores.

Vivir con menos. Está relacionado con lo anterior y con dos conceptos que poco a poco han ido permeabilizando mi vida: hacer un consumo más responsable y el minimalismo, aunque este último más a mi estilo que otra cosa. Pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte soy mucho más consciente de que vivimos con demasiadas cosas, que es posible vivir con muchísimas menos y que, sobre todo, cuando te esfuerzas en buscar, revisar, mirar, te das cuenta de todas las opciones que tienes. Eso se traduce en mayor orden, mayor ahorro, mayor conciencia… un poquito de todo.

Vivir más conscientemente. Es un proceso que lleva varios años, pero es cierto que cada vez vivo con más consciencia y también intento vivir con más conciencia. Por ello, le doy más valor a las cosas buenas y las cosas verdaderamente importantes en la vida y mucho menos a las malas y a las que no son importantes. Soy más consciente de cómo pasan los días, las semanas, los meses y de las cosas que vamos viviendo en ese tiempo.


Cosas que no hago y me gustaría hacer

Leer libros. Yo siempre he sido un ratón de biblioteca, me encanta leer. Sin embargo, cuando tuve a mi hija mi nivel de lectura descendió a los infiernos, y aunque ha mejorado en los últimos años, sigue estando muy por debajo de lo que me gustaría. Es cierto que leo muchísimas cosas, muchos artículos en internet, muchos posts de diferentes blogs… pero libros, lo que se dice libros, apenas leo, y suelen estar más vinculados a verano, vacaciones y períodos de descanso que otra cosa. Es cierto que cuando consigo tiempo para mí lo utilizo en otras actividades, incluso en ver series (un vicio adquirido en los últimos tiempos) y por eso no tengo tiempo suficiente para leer, porque lo empleo en otras cosas, pero me gustaría recuperar esa pasión.

Hacer más ejercicio y disfrutar del zumba y el aerobic. Este año, por circunstancias varias, he dejado de hacer zumba y aerobic, y lo echo muchísimo de menos, pero además es que mi cuerpo también se resiente y lo necesita. Empecé haciendo zumba los viernes, pero no me venía bien el lugar y el horario (no me daba tiempo a ir a piscina con mi hija y llegar a una hora decente a clase) y lo dejé. Volví a intentarlo con un curso que sí me hubiese venido bien por horario y distancia, pero no se apuntó suficiente gente y no lo hicieron. Después del verano, me gustaría poder recuperar este punto vital tan importante.

Descansar. Soy una dormilona, lo sé, pero mi cuerpo también lo necesita. Sin embargo, el verano juega en mi contra, ya que cuanta más luz hay, más cosas hago y menos duermo. No hace falta que diga que estoy esperando como agua de mayo las vacaciones de verano, en las que pienso dormir más, incluyendo siestas de sábana y siestas de playa (que son maravillosas). Descansar es fundamental.

También hay otras cosas que han empezado a rondarme la cabeza con fuerza y que seguro que saldrán por aquí en estas reflexiones emocionales que transcribo en este blog, pero ya habrá tiempo para que salgan, se desarrollen y veremos en qué queda.




Resumiendo, que 2017 está siendo un buen año y esperamos y confiamos en que siga siendo así. Ahora, a las puertas de julio, bendito verano, tengo muchísimas ganas de que lleguen las vacaciones y el verano en el norte: espanzurrarme en la arena de cualquier buena playa del Cantábrico, descansar, leer, reír, comer, hacer excursiones, conocer sitios nuevos y disfrutar con mi gente de esta maravilla que es la vida.

Gracias a 2017 por todo lo que nos ha regalado hasta aquí y confiando en que nos regale muchas otras cosas buenas en la segunda parte del año. 

LECTURAS INSPIRADORAS 5: LAS GAFAS DE LA FELICIDAD, RAFAEL SANTANDREU


En mi última entrega de Viernes Vitales os dije que recientemente me había leído un libro de lo más inspirador, y prometí haceros un post sobre él. Aquí estoy manos a la obra. El libro es Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreu. Después de su lectura, tan inspiradora, no puedo negarme a enfrentarme al reto de escribir este post, pero es un grandísimo reto, ya que me resulta muy difícil condensar mis aprendizajes principales. No es un libro extenso, menos de 200 páginas, pero es de esos libros que no tienen nada de paja, van al grano y te permiten aprender y conseguir nuevas ideas en cada página. Pero tiene muchísimos conceptos e ideas. 

Os dejo un listado con los grandes aprendizajes que he extraído de esta lectura: 


1. Aprende a pensar de la manera adecuada

Lo primero que me gustó de este libro fue su enfoque: los seres humanos somos fuertes o débiles dependiendo de nuestra filosofía de vida, de nuestros pensamientos. Los pensamientos son los causantes de las emociones, por lo que si aprendes a pensar de formar adecuada, sentirás de otra forma. En palabras del autor, hacerse fuerte es aprender a controlar lo que te estás diciendo a ti mismo en cada momento. 


2. Creencias irracionales versus creencias racionales

Las personas tenemos tendencia a creer que los hechos externos son responsables de nuestro estado de ánimo pero en realidad las emociones las provocamos nosotros mismos. Además, frecuentemente vagamos por la vida con la pesada losa de nuestras creencias irracionales, que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida y que suelen ser exageraciones o asunciones falsas que complican nuestra vida. Esas creencias irracionales nos generan malestar y debilidad emocional, y sin embargo continuamos con ellas e incluso las defendemos. Sin embargo, debemos desecharlas o cambiarlas.

Éstas son las tres creencias irracionales que estableció Albert Ellis, padre de la psicología cognitiva.

1. Siempre debo hacer las cosas siempre bien.
2. La gente me debe tratar bien.
3. El mundo debe funcionar de forma correcta.

Para ser feliz no hace falta hacerlo todo bien, sino con amor. Tampoco necesitas ni puedes pretender que todo el mundo te trate bien en cada momento. Y el mundo nunca ha funcionado perfectamente y la gente ha seguido viviendo y disfrutando de la vida. Yo también puedo hacerlo. Tú también puedes hacerlo.

Frente a este tipo de creencias, debemos desarrollar las creencias racionales, mucho más lógicas y sosegadas, que producen ilusión por mejorar las cosas pero sin obsesionarse por los resultados.


3. Bastanidad

Otro de los conceptos que me han gustado mucho de este libro es la bastanidad. En realidad, necesitamos muy poco para estar bien, por lo que la bastanidad consiste en decirnos a nosotros mismos: ya tengo bastante. En concreto, sólo necesitamos comida y agua, quizá cobijo en los días fríos y muy poquito más.

Me gustó especialmente cómo Rafael Santandreu enfoca la bastanidad, porque si bien es cierto que cada vez vemos más prescindibles y superfluos los bienes materiales, no lo tenemos tan claro con lo inmaterial. En Occidente somos insaciables respecto a las virtudes, los amigos, la salud, el amor, la cultura, la necesidad de respeto, la libertad, la pasión, el entretenimiento… Es decir, muchas veces enfermamos más por exigirnos bienes inmateriales que por dinero o poder.

En esta vida no importan nuestras circunstancias, sino lo que hacemos con ellas. Vivimos de forma antinatural, nos inventamos necesidades cada vez más imperiosas y urgentes que, en poco tiempo, se transforman en pesadísimas cargas.


4. Felicismo: el juego de la vida

Y aparece un nuevo concepto: el felicismo, que consiste en emprender lo que más te guste en cada momento de tu vida, sin dar muchos rodeos: jugar al juego de la vida sin darle la trascendencia loca que le queremos dar a todo. Contrariamente a lo que pudiésemos pensar, no te conviertes en un pasota ni te hundes en el fracaso social y personal. Cuando vives la vida como un juego y te diviertes, sacas lo mejor de ti mismo.

Los deseos están bien pero no debemos convertirlos en necesidades absolutas. La felicidad la da no crearse necesidades y disfrutar de lo que se tiene en cada momento.


5. La mente del mono loco

Cuando nos volvemos locos, olvidamos que la felicidad reside en nuestra mente y empezamos a buscar compulsivamente fuentes de gratificación externa. El mono loco es un primate que va de rama en rama, frenético, buscando la rama perfecta donde estar perfectamente cómodo. Y no la encuentra jamás. «La felicidad está en cualquier rama, ¿no lo ves?».

Albert Ellis decía que debemos reevaluar nuestras creencias acerca de lo que es bueno, malo o terrible. Compara tu situación con las de otras personas que sufren tragedias: ¿Lo que a mí me preocupa es tan terrible? Niégate a creer que tu vida es una desgracia, aunque no todo marche bien, puedes ser feliz. Nada es terrible si aprendes a ser positivo, es una cuestión de esfuerzo y perseverancia.


6. El pensamiento realista

El pensamiento positivo no es realista y por eso, tarde o temprano, la realidad acaba imponiéndose dando al traste con ese optimismo exagerado. La psicología cognitiva se basa en el realismo más estricto porque afirma que las cosas nos pueden ir mal, que muchas veces hay aspectos negativos en nuestra vida pero nos podemos negar a verlo como «terrible». Siempre puedes construir algo positivo y disfrutar de ello, acepta que los sucesos son malos o muy malos, pero nunca terribles ni absolutamente desastrosos. Aprende a reevaluar lo que te sucede.

La terapia cognitiva no nos dice lo que tenemos que hacer, pero sí nos induce a sentir con sosiego, amor por los demás y por la vida. Y con esa actitud, lo normal es ser feliz, independientemente de nuestra situación.


7. La rutina del debate

Transforma las creencias irracionales en racionales, no hay nada terrible bajo el sol y mucho menos las pequeñas adversidades. En el debate empleamos todos los argumentos posibles para transformar nuestras creencias: pruebas sobre que necesitamos muy poco para estar bien. Cuantas más creencias irracionales vayamos eliminando, más fuertes y felices seremos.

La rutina del debate consiste en transformar las creencias irracionales en racionales: todos los días. Revisa los malestares del día y asigna la creencia que los ha provocado. Desenmascara esa lógica con argumentos contrarios y redacta una creencia racional.



8. Técnica de la visualización positiva

Al visualizar, el cerebro crea recorridos neuronales que construyen carreteras en nuestro cerebro, por las que podrán circular nuestros aprendizajes. Al visualizar con intensidad nos provocamos una reacción emocional que nos ayuda a convencernos, a solidificar las nuevas creencias racionales que deseamos instaurar en nuestra mente. Todas esas visualizaciones tienen que estar apoyadas en argumentos racionales, porque si no, nunca nos lo creeremos.

Algunas de estas técnicas de visualización:

La visualización de la vida plena.  Pretende comprender emocionalmente que podemos disfrutar de nuestra vida tal y como es, es una visualización antiqueja, incompatible con la protesta y el victimismo. Está centrada en el presente y se concentra en disfrutar más de todo, poniendo más pasión en lo que tenemos entre manos. Tenemos una gran capacidad de hacer interesante cada actividad de nuestra vida.

Visualización en ausencia de miedo. Consiste en verse en una situación que nos atemoriza, pero estando tranquilos gracias a una nueva visión, conectando con los buenos tiempos (recuerda un período bueno de tu vida, piensa en él, visualízalo y trasládalo al presente) y logrando la armonía con el entrono actual (aprecia los detalles de tu alrededor, siente la armonía con todo lo que te rodea).

Cuando nos situamos frente a nuestra vida con ánimo de disfrutar amamos lo que nos rodea, desaparecen los miedos. Nos sentimos bien porque estamos vivos, porque estamos rodeados de belleza, porque amamos la vida y la sabemos apreciar la bastanidad, que es la piedra angular de nuestra fortaleza.

Visualizaciones laborales, familiares, de ocio, sentirte bien con tu cuerpo etc. La técnica de la visualización es extrapolable como veis a cualquier otro punto de tu vida. Los complejos viven en nuestra mente irracional, a través de nuestros valores, rodeándonos de personas que nos apoyen y dejando nuestras ideas claras, los superaremos.



9. Inteligencia emocional

La clave para tener una mente excepcional es la inteligencia emocional: saber movilizar la gasolina que hace carburar las pasiones de nuestra vida: disfrutar de lo que hacemos, aprender, amar, jugar, hacer arte y, sobre todo, no perder el tiempo quejándose.


Debemos construirnos una autoestima muy sólida, basada sólo en el amor. Tenemos que convencernos de que somos geniales no porque seamos guapos, listos o hábiles, sino sólo y exclusivamente por una sencilla pero poderosa razón: porque somos seres humanos con capacidad de amar.


10. Relaciones con los demás

Saber lidiar con las imperfecciones del otro y crear buenas relaciones es una gran fuente de gratificación. Creemos canales de comunicación sencillos y fluidos para influir en los demás. Las personas fuertes y felices no se pelean casi nunca porque no quieren perder su tiempo ni su energía en eso. Están centradas en disfrutar con sus proyectos y su vida.

Debemos aprender a apartarnos del loco con racionalidad, no molestarnos ante los agravios de los demás y decidir si deseamos seguir o no con esa relación. No debemos olvidar que las personas saludables somos más y, sobre todo, somos más fuertes. Nosotros gozamos de una capacidad de unión y cooperación que supera de forma definitiva a los que endiosan valores trampa. Podemos emplear esa capacidad de asociación para mantenernos cuerdos y unidos. Nosotros podemos aislarnos de los lisiados emocionales. Ellos a lo suyo y nosotros a lo nuestro: no perdamos tiempo con su ideología y su loco mundo. No es mala idea apartarse de las personas inmaduras que sostienen un sistema de valores equivocado. Es una forma de combatir esos valores trampa en nuestra sociedad y evitar su influencia.


11. Aceptación positiva

Me gustó especialmente esta disyuntiva que plantea el autor entre trabajar y luchar. Trabajar es una palabra positiva, Luchar negativa. Trabajar alude a divertirse, hacer cosas hermosas. Luchar implica obligarse, sufrir, presionarse. Luchando lo pasaremos mal y rendiremos muy poco: nos agotaremos hasta acabar con nuestra salud mental. Trabajando con ilusión la vida seguirá siendo hermosa y los resultados de nuestro esfuerzo, mucho mejores. Esto es la aceptación positiva frente a la aceptación sombría.


12. Disfruta de lo que posees sabiendo que no lo necesitas

Las cosas de la vida no son tan importantes: los logros, el estatus, la condición física, incluso la salud… no tienen la relevancia que tendemos a otorgarles. Podemos disfrutar de todos nuestros proyectos, como en un juego, pero no debemos sufrir por el resultado. Lo verdaderamente importante es el presente y disfrutar de él.

Ceremonia de disolución del mandala. Sólo podemos disfrutar de lo que podemos renunciar. Hoy estamos vivos, mañana muertos. Quítale toda la presión al trabajo imaginando la posibilidad del peor escenario: podemos perderlo todo y estar igualmente satisfechos porque hemos disfrutado del proceso. Vivir sin apegarse nos permite adquirir una enorme apreciación por la vida.


13. Conviértete en un potenciador

Si empleamos la capacidad de aumentar el disfrute, nos convertiremos en potenciadores, mientras que si no, seremos dilapidadores. Un potenciador va siempre a por el sobresaliente, se fija una meta alta que le ilusione. Se reta a sí mismo con nuevos proyectos personales y se automotiva con sus innovaciones. Algunos proyectos salen bien y otros no, pero no importa. Los potenciadores además planifican y sudan la camiseta.


14. La libertad: el cambio voluntario

Cualquier cambio, para ser profundo y duradero, debe ser voluntario, si es forzado, no lo hacemos nuestro. Toda adquisición duradera y valiosa es fruto del interés, la curiosidad, la diversión y el mérito. Todo lo demás es una enorme pérdida de tiempo y energía: es mala educación. Nadie puede imponer ningún conocimiento a nadie: el profesor sólo muestra con paciencia unos posibles resultados y espera que el niño desee llegar a ello. Con el ejemplo, éste aprende; a su ritmo, disfrutando. Después, depende de él mismo mantener esa nueva conducta.

No des por sentado que deberías saber hacer las cosas, sé imaginativo a la hora de encontrar métodos de aprendizaje. Para transformarnos, tenemos que plantearnos otras visiones de la realidad. Tener apertura de mente no significa aceptarlo todo a pie juntilla, sino dejar en suspenso el juicio hasta haber entendido bien los conceptos.

La vida es cambio constante, pero a veces el ser humano se imagina que sería mejor que las cosas fuesen estáticas y se equivoca, el orden natural de las cosas es el mejor posible. Todo lo que emprendemos, todos nuestros objetivos al margen de la comida y el agua, tienen como objeto la diversión. Es idiota darle demasiada importancia a todo ello, aunque muchas veces, neuróticamente, lo hacemos.


15. Las emociones negativas forman parte de nuestra naturaleza

Modificando nuestras emociones a través de nuestros pensamientos nos volveremos más racionales, fuertes y felices, pero habrá momentos de locura transitoria en los que exageraremos los problemas y sentiremos miedo, ira o tristeza infinita. Los monjes budistas aprendieron que las emociones negativas son parte de la naturaleza humana. La ilusión contraria, la fantasía de poder erradicarlas, provoca gran parte del sufrimiento humano.

La psicología cognitiva reduce las emociones negativas exageradas a través del pensamiento pero no puede eliminarlas del todo, una parte del miedo o la tristeza hay que aceptarla mientras seguimos trabajando en pos de nuestros objetivos vitales. Hay que aprender a vivir con una cierta cantidad de ello, ya que si lo rechazas, lo tendrás más. Tolerándolas, conseguiremos que esas emociones negativas disminuyan en intensidad, podemos seguir nuestro camino y aprender muchas cosas en él.

Las personas frecuentemente nos hacemos rehenes de nuestras emociones negativas. Tener recaídas es normal. Aunque suene paradójico, si queremos estar bien tenemos que dejarle cierto espacio a la debilidad y al malestar ocasional. Filosofía de aceptación tranquila de esos bajones esporádicos: cuando tengas un día malo, acábalo cuanto antes y vete a dormir.


Está siendo largo este post, pero está tocando a su fin. He intentado resumirlo al máximo y por supuesto me he dejado un montón de temas importantes que también toca este libro, como la muerte, la enfermedad, la comodidad… por eso os animo muchísimo a que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

Rafael Santandreu nos invita en él a que eliminemos la palabra queja de nuestro diccionario, deshaciéndonos de nuestros miedos y complejos y entrando en el club de las personas fuertes.

La terapia racional consiste en apreciar la vida en cada momento viendo oportunidades donde los demás sólo ven adversidades.




VIERNES VITALES 65: VIVE TU VIDA, NO LA DEL MURO DE INSTAGRAM

Estos días de atrás, en pequeños ratos, a pequeños sorbos, he ido leyendo un libro que me ha encantado. Prometo una entrada en el blog más extensa sobre él, aunque habla de tantos conceptos diferentes que sé que es todo un reto afrontarla. Pero, a lo que voy, esa lectura inspiradora ha calado en mí una serie de reflexiones personales, y hoy, quiero recuperar estos Viernes Vitales que van como el Guadiana y compartir con vosotros una de esas reflexiones que me ha inspirado esta lectura.

Se trata de la Utopía de la felicidad. Permitidme llamarla de esta manera, porque en realidad no se menciona ese término en ningún momento, pero sí se menciona la idea de que actualmente, nuestro mundo nos empuja a un be happy absurdo y sobre todo irreal. Están de moda las libretas molonas con frases inspiradoras, los libros de autoayuda, el pasarnos las horas buscando esa foto perfecta para subirla a Instagram en la que se nos vea felices, o disfrutando de un lugar paradisíaco y único, o de cosas chic en nuestro día a día. No abogo porque vengamos a contar nuestras tristezas, que ya cada uno tiene bastante con las suyas, pero ese alarde constante de felicidad muchas veces irreal y esa carrera por la perfección, la belleza y la eterna sonrisa es una utopía, porque la realidad tiene muchos colores, y no todos ellos son tan bonitos.

Pero la psicología cognitiva, en la que he ido profundizando a través del tiempo, no se basa en la búsqueda de la felicidad, sino en la aceptación de la realidad.  Y a través de esa aceptación, de la aplicación del pensamiento racional ante los reveses de cada uno, nos acercamos a una especie de felicidad o al menos de paz.


Yo, como todo el mundo, tengo mis complejos. Me gustaría estar más delgada, ser más alta, hablar inglés a nivel bilingüe, ser reconocida en el trabajo… ¿y quién no tiene sueños? Cada uno tiene sueños, caminos, proyectos… no todos se cumplen y muchos no dependen sólo de nosotros mismos. Quizá podría adelgazar, probablemente sí, también podría mejorar mi nivel de inglés o cambiar la percepción que determinadas personas tengan de mí, aunque es imposible que crezca a estas alturas de mi vida. Por ello, aceptarlo, pensar en lo positivo y admitir las partes no tan bonitas, me acerca a vivir la vida con intensidad.

Se puede trabajar en ciertos proyectos pero luchar contra viento y marea no es una buena idea. Trabajar implica desarrollo, perseverancia, amplitud… luchar implica cabezonería, desgaste… Son sólo palabras, ¿o no? Palabras que encierran actitudes, que a su vez contienen emociones, y nosotros y nuestras vidas somos puras emociones. Es bueno tener sueños, también fijarse proyectos y trabajar por ellos, pero no sacar el látigo y darnos muy fuerte cuando no lo conseguimos. Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no, de nosotros depende asumirlas de la manera más serena posible y continuar nuestro camino. Lo que no podemos hacer ni permitirnos es parar, abandonar el camino sin coger otro, dejar de vivir, mantenernos en el duelo, en el daño, en la frustración…

Un muro de Instagram puede ser bellísimo y tener fotos muy chulas, o no tenerlas, o ni siquiera existir ese muro de ese perfil. La vida es otra cosa, no es lo que mostramos en redes sociales. Y vivir no es fácil, pero es bonito, una alegría. De nosotros depende mirar por la ventana y enamorarnos de la luz del sol, o la sonoridad de la lluvia, ese momento no volveremos a vivirlo jamás.


¿Quieres vivir lamiéndote las heridas? , ¿quieres vivir de cara a la galería de Instagram?, ¿o quieres vivir tu vida? 

MADRID CON NIÑOS 35: MUSEO SOROLLA, VISITA Y TALLER

Ya os he contado en varias ocasiones (como por ejemplo aquí), que el Museo Sorolla es uno de mis sitios favoritos de Madrid en general y probablemente el museo que más me gusta. Me parece un lugar especial y con muchísimo encanto, y por ello es un lugar que suelo visitar con frecuencia y que me gusta compartir con mi hija. Además, tenemos la inmensa suerte de que en el Museo Sorolla se realizan talleres fantásticos para niños y para familias, que son incluso totalmente gratuitos. Eso sí, hay que ser muy rápidos cuando publican las plazas, porque literalmente vuelan. Los organiza el mismo Museo Sorolla (si os interesan, os recomiendo que os suscribáis a su newsletter y así podréis enteraros) y además también hay otros talleres a través de la Fundación Mutua, para cuya inscripción es necesario ser mutualista.  En nuestro caso, Henar ya ha disfrutado tanto de uno organizado por la Mutua, al que acudió hace unos meses, como otro organizado por el propio Museo Sorolla, que además en este caso se trataba de un taller familiar y yo tuve el inmenso placer de poder acompañarla. 

Ésta pretende ser, por tanto, la crónica de nuestro último taller familiar en el Museo Sorolla. Curiosamente, la guía que lo impartió, María, fue la misma con la que yo hice la visita guiada el verano pasado. Me gustó muchísimo cómo llevó la visita, pero sobre todo cómo conectaba con los niños. El lenguaje utilizado, la forma de involucrarlos en la historia y hacerles preguntas, sentándose a su lado y explicándoles en su idioma (no el de los adultos sino el de los niños) quién fue Joaquín Sorolla, quiénes fueron su mujer y sus hijos, cómo vivieron en aquella misma casa, así como algunas cuestiones pictóricas más técnicas sobre algunas de sus obras más representativas.



Ya os conté en mi último post: El juego y los niños (parte II), talleres multidisciplinares, la importancia que tiene para mí llevar a Henar a este tipo de talleres, donde puede descubrir y aprender muchas cosas mientras se divierte. Siento pasión por los museos y por el Sorolla en particular, por lo que me encanta llevarla precisamente a estos talleres, donde puede conocer de primera mano el concepto de Casa-Museo y aprender muchas cosas. Además, la parte final del taller nos pone manos a la obra, reproduciendo uno de los cuadros que más nos hayan llamado la atención. En su primer taller, Henar eligió el famoso cuadro del caballo y en esta ocasión se decantó por el cuadro con el que casi todos relacionamos a Sorolla, el titulado como Paseo a orillas del mar y que representa a su mujer, Clotilde, y a su hija mayor, Elena.  


Me gustó muchísimo este taller porque resultó lúdico, divertido y muy instructivo. Si le damos a nuestros hijos la oportunidad de relacionarse con los museos desde pequeños, como si fuese un juego, les estaremos dando un gran regalo para el resto de sus vidas, ya que no los considerarán algo aburrido, sino que serán para ellos lugares especiales, que formarán parte de su infancia y de los recuerdos felices que atesorarán de ella. 

Como os contaba antes, Henar ya había hecho hace unos meses otro taller en el Museo Sorolla, aunque en aquella ocasión entraban los niños solos. Por ello, partía con ventaja para éste, ya que conocía bastante a Sorolla y su mundo. Aún así, lo pasó fenomenal y además le hizo ilusión que en esta ocasión yo pudiese acompañarla. 

Pero si hablamos del Museo Sorolla, para mí resulta fundamental hacer una muy especial mención al Jardín del Museo Sorolla. Este lugar es mágico en cualquier momento del año, un auténtico oasis en el centro de Madrid. Un sábado por la mañana, además, el tráfico que transita por la calle General Martínez Campos es muy inferior al de los días laborables, por lo que la paz de este sitio se multiplica. 


Es clara la inspiración de Sorolla: los jardines de la Alhambra. Sin duda es fácil pensar que te encuentras en un jardín andaluz cuando traspasas los muros de acceso, un lugar donde el agua, las flores y la luz tienen un papel predominante, reflejado en los preciosos azulejos que lo jalonan. Pararte en el jardín es casi una obligación, más aún si se trata de una calurosa mañana de verano (y aunque el pasado fin de semana estuviésemos en primavera, la ola de calor nos situaba más en un terrible julio que en un mediado junio). Henar y yo pasamos también un rato fantástico en el Jardín de Sorolla, haciéndonos fotos, descubriendo los rincones más bonitos y enamorándonos de nuevo de este museo y sus jardines. 


Hacerle una visita al Museo Sorolla puede ser un plan con niños estupendo para este verano de Madrid. Es un plan familiar bonito y divertido, seguro que lo disfrutáis muchísimo. 

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EL JUEGO Y LOS NIÑOS (PARTE II): TALLERES MULTIDISCIPLINARES

Hace una semana publiqué un post muy personal en el que plasmaba mis reflexiones sobre el juego y los niños. Creo que es un derecho que tienen y a veces les negamos. En aquel post explicaba los beneficios innegables de que un niño crezca jugando y nuestro deber moral como padres de jugar con él (aunque también debe jugar solo y con otros niños). Si alguien tiene interés en leerlo, puede hacerlo aquí.

El caso es que, inicialmente, cuando me puse a escribir aquel post mi idea no era exactamente ésa. No quería centrarme en los beneficios del juego, sino en lo buenos que son los talleres multidisciplinares en los que los niños aprenden jugando. Pero lo cierto es que, cuando me puse a escribir, me salió la reflexión sobre los beneficios del juego y simplemente la dejé salir porque me pareció interesante y quise escribir sobre ella. Y aquel tema inicial, los talleres en los que aprender jugando, los dejé para este segundo post (de ahí lo de Parte I y Parte II).

En aquel post os hablaba de que yo trasladaba a mi hija las cosas que me gustan, quizá induciéndola a un camino que puede que no sea el suyo. Como me gusta el teatro, la llevo al teatro desde que era un bebé; como me gusta leer, leo con ella prácticamente cada tarde (lo que se traduce en que a sus cinco años ya sabe leer ella sola); como adoro pintar, pinto con ella y la apunté en clases de pintura, donde la verdad es que se lo pasa genial y parece que tiene talento para ello; al encantarme los museos, mi hija ha hecho ya varias visitas y talleres en diferentes museos y exposiciones; y así un largo etcétera.

Pero lo cierto es que hay otras muchas cosas que quizá a mí no me seducen tanto y que puede que a ella le encanten. Tengo una gran amiga, Mercedes, que es profesora de química y un día me dijo: voy a tener que encargarme de que Henar conozca el mundo de la ciencia, porque si de ti depende lo vas a dejar de lado. No le faltaba parte de razón, porque a mí, personalmente, la ciencia es de las cosas que menos me interesan (soy un alma de letras puras, qué le vamos a hacer). Se extrañó mucho de que apuntase sin embargo a Henar a un campamento científico en el que se convierte cada verano en una excelente pequetífica. Pero, siendo sincera, reconozco que eso ha sido fruto de la casualidad, ya que mi amiga Patricia coordina esos campamentos, si por mí fuera, probablemente hubiese acabado en uno de artes plásticas o de teatro, para qué lo vamos a negar.

Sin embargo, sí creo que debemos hacer el esfuerzo de mostrar a nuestros hijos todos los caminos posibles, para que ellos puedan elegir el suyo. Eso implica que abramos nuestra propia mente con otras áreas o actividades que no son las nuestras, que desconocemos o que no nos gustan. Puede ser que sea su pasión y descubran un mundo maravilloso que a nosotros no nos dice ni fu ni fa. De hecho, yo decía antes que soy un alma de letras puras, quien ha conocido mi familia y mi entorno sabrá que era muy difícil que fuese otra cosa, porque los caminos de mi casa y de mi infancia fueron esos: pintura, música, lectura…

Hoy en día existen multitud de opciones para niños, infinidad de talleres y actividades a los que poder apuntarlos y donde pueden descubrir sus pasiones. De hecho, esto es una de las cosas que más me gustan de Madrid, pero aunque vivas en una ciudad más pequeña, estoy segura de que si buscas encontrarás muchas opciones estupendas.

Después de la conversación con Mercedes, me di cuenta de que efectivamente debía hacer ese esfuerzo “científico” y abrirle a Henar esas posibilidades que mí me pasaban inadvertidas. Pero también pensé que no debía cerrarme al mundo de la ciencia, sino a otras muchas cosas. Por eso, en los últimos meses la he ido apuntando a talleres de unas horas, en los que descubrir nuevos aspectos. Es cierto que ya os he hablado en este blog de alguno de ellos, como el del Museo del Romanticismo, pero hemos ido a otros talleres en museos, como los del Museo Sorolla, que organizan unos talleres estupendos y muy divertidos. Sin embargo, como os decía, he ampliado mi horizonte y he llevado a Henar a talleres con otras temáticas diversas.


Por ejemplo, hace un par de sábados fuimos al taller de PhotoEspaña en la Fundación Canal. Es una actividad para niños de 5 a 15 años en la que, con una duración de un par de horas, les adentrarán en el mundo de la fotografía clásica. A este respecto, deciros que mi hija entró diciendo que ya sabía que las fotos se hacían con el móvil o la tablet y salió de allí habiendo descubierto ese gran invento de antaño, ¡¡¡la cámara fotográfica!!! (en esas conversaciones eres muy consciente de la brecha generacional). Sé poco del taller, únicamente lo que ella me contó, pero salió muy contenta habiendo hecho tres fotos: una con sombras, otra con una manta blanca al aire (titulada las nubes en el cielo y que se trajo de recuerdo a casa) y otra tercera que no recuerdo muy bien. Por cierto, en la Fundación Canal, además de talleres sobre exposiciones, hacen un taller científico para niños a partir de 6 años. El año que viene, la apunto seguro.

También ha hecho un par de talleres de cocina, uno de ellos de galletas en inglés y otro de galletas en español. Este último lo hizo en un supermercado Día a través de la página web Démosle la vuelta al día. Son talleres gratuitos, pero es difícil conseguir plaza. En cualquier caso, en las dos actividades (en inglés y español) salió encantada de la vida, sintiéndose una cocinillas en toda regla y degustando su hazaña. Es cierto que lo de hacer galletas y bizcochos es una actividad que solemos hacer en casa determinadas tardes del largo invierno, pero no es lo mismo cuando sale fuera, comparte su tiempo con niños nuevos y hace cosas diferentes a las que puede encontrar entre las paredes de nuestra casa.

Por supuesto, siempre es muy socorrido acudir a talleres de manualidades. Me gustan mucho estos talleres porque soy una amante del Hazlo tú mismo, lo sabéis de sobra. Creo que los talleres de manualidades despiertan la creatividad, la imaginación, el ingenio… y además los peques socializan y se lo pasan fenomenal. Soy muy fan y mi hija también (por inducción de caminos, como os contaba al principio de este post).

La última actividad de temática alternativa que ha hecho Henar ha sido un taller de plantas en Ikea. Una de mis abuelas adoraba las plantas, aunque yo no consigo cogerles el punto, necesitan mucho trabajo y no me llaman la atención precisamente. Sin embargo, igual mi hija termina siendo una gran jardinera y descubre en el mundo vegetal una gran pasión.


Beneficios de los talleres multidisciplinares

De lo que estoy absolutamente segura es de que, sin pasarnos y saturarlos demasiado, la posibilidad de acudir a talleres diversos y de temáticas tan diferentes es algo muy bueno para los niños.


1. Disfrutan y se lo pasan francamente bien

Estos talleres tienen el juego como su elemento fundamental y los niños tienen derecho a jugar y divertirse. Si a través de ello además se lo pasan bien, se entretienen y aprenden, pues mucho mejor.


2. Aprenden muchas cosas diferentes. 

Esa diversidad les abrirá nuevos caminos y más adelante podrán hacer sus propias elecciones sobre las cosas que les gustan y les interesan más y menos.


3. Les da la oportunidad de socializar y conocer gente nueva

Conocer nuevos niños, más allá de su grupo de amigos. Para mí, la socialización es también un punto fundamental, conocer gente diferente les abre también nuevos universos y pueden desarrollar más empatía ante lo diverso.



Y además, constituye un reto para la que suscribe, abrir la mente para que mi hija pueda elegir caminos que quizá no sean los que más se adapten a mis preferencias.

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SER MINIMALISTA POR ENTREGAS PARTE 6: NO TENGO NADA QUE PONERME

Hace unas semanas leí un artículo que contrastaba las casas de otros países con las casas españolas. Lo siento, porque no guardé la URL y ahora no la encuentro para enlazarla, y como ni siquiera recuerdo si lo leí en español o en inglés, no hay quien lo encuentre. El caso es que me pareció una buena reflexión, ya que venía a decir que el problema de los españoles, frente a los suecos como prototipo pero también frente a muchas otras nacionalidades, es que no tiramos nada. Para nosotros, cualquier cosa tiene un valor emocional, un recuerdo asociado. Y decía que lo poco que tiramos es ropa, y ni por ésas.

Es cierto, frecuentemente estamos vinculados emocionalmente a lo compré en un viaje, tengo muy buenos recuerdos de aquel verano, me lo regaló Fulanito, era de mi abuela… Y así tenemos las casas, con un claro síndrome de Diógenes para cualquiera oriundo de fuera de nuestras fronteras. Y tienen razón, porque la mayoría de las cosas que tenemos no las necesitamos, o lo que es peor aún, ni siquiera recordamos que las tenemos.  Lo único que hacemos es llenar todo el espacio de almacenaje que nos pongan por delante y mucho más aún. Así tenemos las estanterías y los armarios a reventar y es muy probable que nuestra casa (salvo excepciones) no esté del todo ordenada, porque vamos dejando los trastos por doquier.

Sin embargo, ese artículo parece que nos exoneraba un poco en el caso de la ropa. En mi opinión, creo que es una exoneración parcial, porque el retrato habitual de nuestro vestuario se puede resumir en lo siguiente:

Tenemos los armarios (cajones, estanterías, altillos…) repletos de ropa.
Mucha de ella ni recordamos que la tenemos, otra ni nos vale.
Y de repente, a pesar de todo ello, nos surge con fuerza el síndrome: No tengo nada que ponerme.


A ver, tienes muchísima ropa en el armario, mucha de ella ni sabes que la tienes, otra hace años que no te la pones, diez personas podrían fácilmente vestir durante un año con el contenido de tu armario y… ¿¿¿no tienes nada que ponerte???, ¿estás verdaderamente segur@?

La realidad es que en un 90% de las ocasiones (por decir un porcentaje y ser conservadora), sí tienes que ponerte. Más aún, probablemente no tengas sólo una cosa que ponerte, sino que tienes varias. El problema es que ni sabes lo que tienes ni sabes dónde encontrarlo. Que levante la mano quien nadie en su vida haya encontrado ropa en un cajón que ni recordaba que tenía… con la etiqueta puesta sin usar, que hace cuatro años que no te la pones y un largo etcétera (no veo muchas manos levantadas en la sala ;).


La realidad suele ser la siguiente:

Tienes tanta ropa acumulada que ni siquiera ves lo que tienes. Los cajones están hasta arriba, con infinidad de prendas embutidas, tapando unas a las otras. De las perchas de los armarios ya ni hablamos, puede ser que de la que abres la puerta termines sepultada. Sólo abrir la puerta ya produce agobio y ponerte a buscar ni te cuento. Conclusión: no encuentras nada y crees que no tienes nada que ponerte.

Compras demasiada ropa y luego no te la pones. Hay quien compra ropa pensando en el trabajo y luego no quiere ni verla los fines de semana; o al revés, quien compra ropa muy informal y luego no encuentra ropa para ir a trabajar; o quien compra ropa de fiesta que luego en el día a día jamás vuelve a ponerse.

La ropa ya no te vale, ya no te gusta. Por el motivo que sea, esa ropa ya no es para ti. Has cambiado de talla o has cambiado tu gusto y sigues teniendo los armarios repletos de por si acaso… pero en realidad nada de eso te sirve o va con tu estilo y tus circunstancias actuales.



Pon en práctica algunas buenas lecciones de minimalismo:

1. Revisa lo que tienes y desecha lo que no te vale. Sí, el mundo no se acaba porque tires medio armario. Si empiezas a sacar ropa, estoy segura de que un porcentaje alto de todas las prendas que contiene tu armario se englobarán en alguna de las siguientes circunstancias.

- Ya no te vale. No es tu talla, lo fue en su día pero lo cierto es que ya no te vale o no te queda bien. Algunas de esas prendas quizá puedan tener una segunda oportunidad porque te siguen gustando y puede ser que las arregles y queden bien. En ese caso, no las tires, pero llévalas a arreglar ya. Y si no lo haces, deshazte de ellas.

- Ya no te gusta. Lo mismo si has cambiado de estilo, puede ser que sean tu talla pero lo cierto es que no te ves con ellas. Deshazte de esas prendas: dónalas, recíclalas, véndelas, tíralas… Un día te encantaron pero hoy ni te ves con ellas ni van con tu estilo, las personas cambiamos con el tiempo y nuestra ropa también.

Lo mejor es que seas generos@ en dejar ir las cosas. No cometas el error de siempre, de quedarte de nuevo con por si acasos. Si no te vale, o lo arreglas o lo tiras, no lo dejes para futuribles del tipo por si adelgazo, por si engordo, por si se vuelve a llevar, por si tengo tres bodas el próximo verano… Deshazte de muchas cosas, te permitirán ver mucho mejor lo que tienes y aprovecharlo.


2. Ordena bien lo que te queda. Nada de poner cosas sin más, unas sobre otras, sin ningún orden ni concierto. Intenta ordenar por tipo de ropa, por colores, por look completos… Y dale una pensada a qué combina con qué, construye al menos en tu mente ciertos looks, pruébalos conjuntamente y toma decisiones. Esto te permitirá encontrar lo que buscas, ir a tiro hecho y estar mucho más tranquil@ en decisiones de ropa. Así no te pasará eso de no saber ni lo que tienes.


3. Construye un buen fondo de armario. Los básicos, clásicos y prendas que vayan con tu estilo son los que deben quedarse. Lo mejor es tener un fondo de armario robusto, que no se deje llevar por las últimas tendencias y se quede desfasado a la primera de cambio. Invierte en piezas fundamentales y piensa en tu estilo y tus necesidades reales. No acumularás sin más, sino que te asegurarás de que todas esas prendas van con tu estilo de vida y que les podrás sacar un buen provecho. El objetivo es que las cosas que no uses no ocupen espacio en tu vida.


4. Cuando vayas a comprar, practica el minimalismo y sé consciente de tus decisiones. A este respecto, me permito recordaros la Pirámide de Consumo Responsable. Deberías haberla puesto en práctica a la hora de arreglar y reutilizar en el punto 1 de esta lista, pero también puedes ponerlo en práctica en la compra. Cuando vayas a comprar una prenda nueva, a mí personalmente me ayuda mucho plantearme las siguientes preguntas:

¿La necesito?

¿Tengo otra prenda que me sirve igual? En este caso, si te planteas comprar una nueva, deberás pensar en sacar otra de tu armario cuando llegues a casa.

¿De verdad me gusta tanto? Aquí englobo a las cosas que en realidad parece que te gustan porque son baratas, o tienen un descuento interesante. No piques y plantéatelo en serio.

¿De verdad merece la pena? Aquí incluyo muchas cosas, si me merece la pena a mí para mi armario y lo que suelo ponerme, o es algo que me pondré un día y punto; si de verdad merece la pena por lo que cuesta; si de verdad merece la pena por la calidad que tiene (porque comprar cosas que tienen bolas a las dos semanas, lo hacemos todos pero no es una buena estrategia precisamente) y un largo etcétera de planteamientos.


5. Entra uno sale uno o el volumen máximo de las cosas. Lo has comprado, ha pasado todos los filtros anteriores y llegas a casa y lo metes en el armario o en el cajón. Otra cosa más, no pasa nada. Pero si sigues haciendo eso una y otra vez, ¿cuánto tiempo crees que va a tardar tu armario en volver a estar a reventar? Lo mejor es el entra uno, sale uno. Si has podido vivir perfectamente con siete camisetas, la octava no hace daño, pero no es necesaria en realidad, así que saca una de las siete. O si no, plantéate un volumen o un número máximo. Las camisetas que quepan en ese cajón, y sin hacerte trampa a ti mism@ y teniéndolo nuevamente hasta arriba.


6. ¿Y si pides prestado? Este punto vuelve a incidir sobre el consumo responsable y la pirámide, pongamos que tienes una boda y que verdaderamente no tienes qué ponerte porque irán invitados de otras bodas o ya te has desecho de los vestidos de fiesta que no te ponías, o hace calor, frío lo que sea y de verdad no tienes nada que ponerte. Seguro que tienes una amiga que puede dejarte un vestido, un bolso, un complemento… y además no le importará lo más mínimo, incluso le gustará que le saques partido y lo uses.


Mi experiencia real

Os diré que mi vestuario de verano está bastante optimizado. En un baremo de 1 a 10 puedo darle un notable (7,5 o incluso 8) y sentirme más o menos satisfecha. Es cierto que llevo varios verano comprando muy poco y que no tengo mucha ropa de verano, lo que se traduce en que sé lo que tengo, lo pongo a menudo y aunque seguro que es mejorable, me gusta el volumen actual de cosas que tengo y cómo las uso. Aún así, este verano voy a poner en práctica todo lo que cuento en este post, palabrita de Itaca aprendiz de minimalista.

Pero si hablamos de mi vestuario de otoño-invierno casi me dan ganas de llorar, porque consejos vendo pero para mí no tengo. Es cierto que también llevo un par de años comprando mucho menos e intentando sacar partido a lo que tengo, que he recuperado ciertas cosas, que me he desecho de muchas otras… perooooo, aún tengo demasiadas prendas que no debería tener. Me temo que ejerzo de española y me da pena deshacerme de ellas porque me gustan, me traen recuerdos, quizá se vuelvan a llevar más adelante o les tengo un cariño especial porque están asociadas a un recuerdo. Me pasa con muchas cosas, pero especialmente con los abrigos. Incluso tengo un abrigo de pata de gallo que no me gusta, no es mi estilo pero que cuando lo veo recuerdo a mi abuela y a mi madre diciendo que esa prenda es un básico que siempre vuelve y que dentro de unos años volverá a estar de moda y tendré que comprar otro. Me veo inmersa de nuevo en el dilema español de acumulación.


¿Y a vosotros, qué os pasa?


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DIY VERANIEGO: PAY PAY DE SANDÍA

Que a mi hija le encantan las manualidades y los do it yourself no es ninguna novedad. Pero lo cierto es que las tardes de verano a veces son iguales o peores que las de invierno, ya que, al menos en Madrid, hace un calor de espanto y debemos entretener las horas centrales en casa. Si no queremos pasarnos el día viendo la tele, mientras llega la hora de poder ir al parque, piscina o el plan que cada uno buenamente pueda y quiera, tirar de manualidades y poner en marcha nuestra creatividad suele ayudar. Al menos, en nuestro caso sí.

Me resulta muy habitual escuchar a mi hija reclamando nuevas manualidades, aunque no siempre me resulta igual de sencillo poder inspirarme (o copiar de otros lugares) y encontrar cosas que hacer. El caso es que hace unas semanas vi unos abanicos muy monos, de los llamados pay pay en la tienda Tiger. En este caso eran de unas mariquitas y mi primer impulso debo decir que fue comprar uno, pero no dejaba de ser un trasto más. Sin embargo, me quedé un poco con la copla, como suele decirse y lo recuperé para una de esas tardes calurosas en las que ponernos, mano a mano, madre e hija, a reciclar y hacer manualidades absolutamente hand made. El resultado de nuestro último DIY lo vais a ver pronto.


Creo que fomentar el desarrollo de la creatividad en nuestros hijos y animarles a explorar su imaginación y ponerse manos a la obra con distintas manualidades facilitas y adaptadas a su edad y circunstancias, es un juego divertido y ameno con el que aprenden muchas cosas y compartimos ratos estupendos. Además, para mí tiene otros beneficios claros, como aumentar la concentración y afinar y descubrir habilidades juntos. Pero si además intentas reciclar y reutilizar elementos (si no puedes y tienes que comprar los materiales, no tienes tampoco que tirarte de los pelos por ellos), mejor aún, ya que le darás nueva vida a elementos que terminarían en la basura por no serte útiles.

En este caso, nos lanzamos a realizar abanicos para el verano. Si buscáis en internet os adelanto que encontraréis abanicos caseros increíbles, aunque en nuestro caso cogimos el DIY de abanicos más fáciles, es decir los conocidos como pay pay. Seguro que los recordáis porque estuvieron muy de moda en los ochenta, aquellos abaniquillos de papel que se solían romper o despegar casi con sólo mirarlos y que en algún alarde de inspiración oriental chunga (hoy kitch) los poblaron de flores japonesas, pavos reales y etéreas mariposas. Vamos, un horror.

Pero hay que reconocerles una ventaja: eran cómodos y conseguían su propósito de abanicarte si no se te rompían. Además, con el paso del tiempo aquel papel de fumar con el que estaban hechos fue cambiado y pasaron a ser de cartón, de plástico o de otros elementos menos endebles. Es cierto que aquellos pay pay de papel de fumar no pesaban nada y además se plegaban y tampoco ocupaban nada, pero prefiero los no plegables de cartón u otros elementos y que permiten mayor durabilidad.

Desde luego, no me veía yo con el papel de fumar a cuestas haciendo una pay pay casero en una tarde de verano. Sin embargo, con cartones, cartulinas, pinturas y otros materiales, la cosa iba a mejor.

Cogimos la temática frutal, porque me pareció muy divertido hacer pay pays con forma de diferentes frutas: fresa, limón, sandía, manzana, piña…. fueron a priori las frutas que se me ocurrieron. Otra cosa era llevarlo a la práctica. Y al final tiré por lo práctico,  lo del pay pay de sandía era lo más facilito y además,  qué hay más veraniego que una sandía? Pues ahora, ¡¡el abanico de sandía!!

Los materiales que necesitamos:

Platos de papel sin color. Los compré en un chino, pero los hay prácticamente en cualquier tienda. Importante que sean de papel o cartón para poder pintarlos, no de plástico.

Pinturas. En nuestro caso volvimos a usar las pinturas MÄLA de Ikea porque les sacamos mucho partido, son muy sencillas de utilizar y se limpian muy bien. Con el verdes y el rosa tuvimos suficiente para este DIY en concreto.

Un rotulador negro, para dibujar las pepitas de la sandía.


Unas tijeras, que utilicé para recortar el borde del plato, ya que después de pintarlo completo de verde, lo vi demasiado ancho para representar la cáscara de la sandía.

Un lápiz y un palo de plástico que no sé ni de donde salió. Los usé ambos como mangos. Como veis, hay que echarle imaginación y reutilizar y reciclar cosas que encontremos por casa.

Cinta de carrocero, ideal para pegar el mango por la parte trasera del plato y luego quitarla y no tirar el lápiz.

Como veis en la primera foto, mi hija quedó encantada con el resultado y le faltó tiempo para llevarse sus dos pay pay al parque esa misma tarde. No sé si se abanicará mucho con ellos, pero como juego le van perfectos. Y lo bien que se lo pasó (nos lo pasamos) haciéndolos,  pintando y pasando un rato en casa que nos sirvió para que esa tarde pasara el rato de más calor y luego pudiésemos salir tranquilamente al parque.

Recordad que con este tipo de manualidades y do it yourself, nadie busca la perfección, de hecho, que queden así, caseros e irregulares, al menos para mí forma parte de su encanto. Pero los niños se divierten con pequeñas cositas de hazlo tú mismo, aprenden y desarrollan buenas habilidades. Mucho mejor que estar enchufados a la tele mientras pasa el calor.

¿Os animáis a hacer esta manualidad veraniega tan graciosa con los niños?  Disfrutarán mucho, ¡asegurado! 


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