DIY VERANIEGO: PAY PAY DE SANDÍA

Que a mi hija le encantan las manualidades y los do it yourself no es ninguna novedad. Pero lo cierto es que las tardes de verano a veces son iguales o peores que las de invierno, ya que, al menos en Madrid, hace un calor de espanto y debemos entretener las horas centrales en casa. Si no queremos pasarnos el día viendo la tele, mientras llega la hora de poder ir al parque, piscina o el plan que cada uno buenamente pueda y quiera, tirar de manualidades y poner en marcha nuestra creatividad suele ayudar. Al menos, en nuestro caso sí.

Me resulta muy habitual escuchar a mi hija reclamando nuevas manualidades, aunque no siempre me resulta igual de sencillo poder inspirarme (o copiar de otros lugares) y encontrar cosas que hacer. El caso es que hace unas semanas vi unos abanicos muy monos, de los llamados pay pay en la tienda Tiger. En este caso eran de unas mariquitas y mi primer impulso debo decir que fue comprar uno, pero no dejaba de ser un trasto más. Sin embargo, me quedé un poco con la copla, como suele decirse y lo recuperé para una de esas tardes calurosas en las que ponernos, mano a mano, madre e hija, a reciclar y hacer manualidades absolutamente hand made. El resultado de nuestro último DIY lo vais a ver pronto.


Creo que fomentar el desarrollo de la creatividad en nuestros hijos y animarles a explorar su imaginación y ponerse manos a la obra con distintas manualidades facilitas y adaptadas a su edad y circunstancias, es un juego divertido y ameno con el que aprenden muchas cosas y compartimos ratos estupendos. Además, para mí tiene otros beneficios claros, como aumentar la concentración y afinar y descubrir habilidades juntos. Pero si además intentas reciclar y reutilizar elementos (si no puedes y tienes que comprar los materiales, no tienes tampoco que tirarte de los pelos por ellos), mejor aún, ya que le darás nueva vida a elementos que terminarían en la basura por no serte útiles.

En este caso, nos lanzamos a realizar abanicos para el verano. Si buscáis en internet os adelanto que encontraréis abanicos caseros increíbles, aunque en nuestro caso cogimos el DIY de abanicos más fáciles, es decir los conocidos como pay pay. Seguro que los recordáis porque estuvieron muy de moda en los ochenta, aquellos abaniquillos de papel que se solían romper o despegar casi con sólo mirarlos y que en algún alarde de inspiración oriental chunga (hoy kitch) los poblaron de flores japonesas, pavos reales y etéreas mariposas. Vamos, un horror.

Pero hay que reconocerles una ventaja: eran cómodos y conseguían su propósito de abanicarte si no se te rompían. Además, con el paso del tiempo aquel papel de fumar con el que estaban hechos fue cambiado y pasaron a ser de cartón, de plástico o de otros elementos menos endebles. Es cierto que aquellos pay pay de papel de fumar no pesaban nada y además se plegaban y tampoco ocupaban nada, pero prefiero los no plegables de cartón u otros elementos y que permiten mayor durabilidad.

Desde luego, no me veía yo con el papel de fumar a cuestas haciendo una pay pay casero en una tarde de verano. Sin embargo, con cartones, cartulinas, pinturas y otros materiales, la cosa iba a mejor.

Cogimos la temática frutal, porque me pareció muy divertido hacer pay pays con forma de diferentes frutas: fresa, limón, sandía, manzana, piña…. fueron a priori las frutas que se me ocurrieron. Otra cosa era llevarlo a la práctica. Y al final tiré por lo práctico,  lo del pay pay de sandía era lo más facilito y además,  qué hay más veraniego que una sandía? Pues ahora, ¡¡el abanico de sandía!!

Los materiales que necesitamos:

Platos de papel sin color. Los compré en un chino, pero los hay prácticamente en cualquier tienda. Importante que sean de papel o cartón para poder pintarlos, no de plástico.

Pinturas. En nuestro caso volvimos a usar las pinturas MÄLA de Ikea porque les sacamos mucho partido, son muy sencillas de utilizar y se limpian muy bien. Con el verdes y el rosa tuvimos suficiente para este DIY en concreto.

Un rotulador negro, para dibujar las pepitas de la sandía.


Unas tijeras, que utilicé para recortar el borde del plato, ya que después de pintarlo completo de verde, lo vi demasiado ancho para representar la cáscara de la sandía.

Un lápiz y un palo de plástico que no sé ni de donde salió. Los usé ambos como mangos. Como veis, hay que echarle imaginación y reutilizar y reciclar cosas que encontremos por casa.

Cinta de carrocero, ideal para pegar el mango por la parte trasera del plato y luego quitarla y no tirar el lápiz.

Como veis en la primera foto, mi hija quedó encantada con el resultado y le faltó tiempo para llevarse sus dos pay pay al parque esa misma tarde. No sé si se abanicará mucho con ellos, pero como juego le van perfectos. Y lo bien que se lo pasó (nos lo pasamos) haciéndolos,  pintando y pasando un rato en casa que nos sirvió para que esa tarde pasara el rato de más calor y luego pudiésemos salir tranquilamente al parque.

Recordad que con este tipo de manualidades y do it yourself, nadie busca la perfección, de hecho, que queden así, caseros e irregulares, al menos para mí forma parte de su encanto. Pero los niños se divierten con pequeñas cositas de hazlo tú mismo, aprenden y desarrollan buenas habilidades. Mucho mejor que estar enchufados a la tele mientras pasa el calor.

¿Os animáis a hacer esta manualidad veraniega tan graciosa con los niños?  Disfrutarán mucho, ¡asegurado! 


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4 comentarios:

  1. Hay que ver la de cosas que se pueden hacer con 4 cosas que tenemos por casa. Y lo que dices: el resultado es lo de menos, lo importante es el proceso. Besos!

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  2. Pues sí, Leira, y echas unos ratos estupendos :)

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  3. Mola,conozco el de mariquita del Tiger, pero el de sandia me gusta más, je je. Por cierto, espero que esto nada tenga que ver con las declaraciones del consejero de educación en Madrid, ja ja.

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  4. He tenido que buscar lo del consejero de educación, Esther, ni me había enterado. Con semejantes políticos, no sé quién teme al infierno... y estos días son horribles de calor, hoy he tenido que salir corriendo a un centro comercial porque cualquier otra cosa era imposible, para lo que hemos quedado...

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