EL JUEGO Y LOS NIÑOS (PARTE II): TALLERES MULTIDISCIPLINARES

Hace una semana publiqué un post muy personal en el que plasmaba mis reflexiones sobre el juego y los niños. Creo que es un derecho que tienen y a veces les negamos. En aquel post explicaba los beneficios innegables de que un niño crezca jugando y nuestro deber moral como padres de jugar con él (aunque también debe jugar solo y con otros niños). Si alguien tiene interés en leerlo, puede hacerlo aquí.

El caso es que, inicialmente, cuando me puse a escribir aquel post mi idea no era exactamente ésa. No quería centrarme en los beneficios del juego, sino en lo buenos que son los talleres multidisciplinares en los que los niños aprenden jugando. Pero lo cierto es que, cuando me puse a escribir, me salió la reflexión sobre los beneficios del juego y simplemente la dejé salir porque me pareció interesante y quise escribir sobre ella. Y aquel tema inicial, los talleres en los que aprender jugando, los dejé para este segundo post (de ahí lo de Parte I y Parte II).

En aquel post os hablaba de que yo trasladaba a mi hija las cosas que me gustan, quizá induciéndola a un camino que puede que no sea el suyo. Como me gusta el teatro, la llevo al teatro desde que era un bebé; como me gusta leer, leo con ella prácticamente cada tarde (lo que se traduce en que a sus cinco años ya sabe leer ella sola); como adoro pintar, pinto con ella y la apunté en clases de pintura, donde la verdad es que se lo pasa genial y parece que tiene talento para ello; al encantarme los museos, mi hija ha hecho ya varias visitas y talleres en diferentes museos y exposiciones; y así un largo etcétera.

Pero lo cierto es que hay otras muchas cosas que quizá a mí no me seducen tanto y que puede que a ella le encanten. Tengo una gran amiga, Mercedes, que es profesora de química y un día me dijo: voy a tener que encargarme de que Henar conozca el mundo de la ciencia, porque si de ti depende lo vas a dejar de lado. No le faltaba parte de razón, porque a mí, personalmente, la ciencia es de las cosas que menos me interesan (soy un alma de letras puras, qué le vamos a hacer). Se extrañó mucho de que apuntase sin embargo a Henar a un campamento científico en el que se convierte cada verano en una excelente pequetífica. Pero, siendo sincera, reconozco que eso ha sido fruto de la casualidad, ya que mi amiga Patricia coordina esos campamentos, si por mí fuera, probablemente hubiese acabado en uno de artes plásticas o de teatro, para qué lo vamos a negar.

Sin embargo, sí creo que debemos hacer el esfuerzo de mostrar a nuestros hijos todos los caminos posibles, para que ellos puedan elegir el suyo. Eso implica que abramos nuestra propia mente con otras áreas o actividades que no son las nuestras, que desconocemos o que no nos gustan. Puede ser que sea su pasión y descubran un mundo maravilloso que a nosotros no nos dice ni fu ni fa. De hecho, yo decía antes que soy un alma de letras puras, quien ha conocido mi familia y mi entorno sabrá que era muy difícil que fuese otra cosa, porque los caminos de mi casa y de mi infancia fueron esos: pintura, música, lectura…

Hoy en día existen multitud de opciones para niños, infinidad de talleres y actividades a los que poder apuntarlos y donde pueden descubrir sus pasiones. De hecho, esto es una de las cosas que más me gustan de Madrid, pero aunque vivas en una ciudad más pequeña, estoy segura de que si buscas encontrarás muchas opciones estupendas.

Después de la conversación con Mercedes, me di cuenta de que efectivamente debía hacer ese esfuerzo “científico” y abrirle a Henar esas posibilidades que mí me pasaban inadvertidas. Pero también pensé que no debía cerrarme al mundo de la ciencia, sino a otras muchas cosas. Por eso, en los últimos meses la he ido apuntando a talleres de unas horas, en los que descubrir nuevos aspectos. Es cierto que ya os he hablado en este blog de alguno de ellos, como el del Museo del Romanticismo, pero hemos ido a otros talleres en museos, como los del Museo Sorolla, que organizan unos talleres estupendos y muy divertidos. Sin embargo, como os decía, he ampliado mi horizonte y he llevado a Henar a talleres con otras temáticas diversas.


Por ejemplo, hace un par de sábados fuimos al taller de PhotoEspaña en la Fundación Canal. Es una actividad para niños de 5 a 15 años en la que, con una duración de un par de horas, les adentrarán en el mundo de la fotografía clásica. A este respecto, deciros que mi hija entró diciendo que ya sabía que las fotos se hacían con el móvil o la tablet y salió de allí habiendo descubierto ese gran invento de antaño, ¡¡¡la cámara fotográfica!!! (en esas conversaciones eres muy consciente de la brecha generacional). Sé poco del taller, únicamente lo que ella me contó, pero salió muy contenta habiendo hecho tres fotos: una con sombras, otra con una manta blanca al aire (titulada las nubes en el cielo y que se trajo de recuerdo a casa) y otra tercera que no recuerdo muy bien. Por cierto, en la Fundación Canal, además de talleres sobre exposiciones, hacen un taller científico para niños a partir de 6 años. El año que viene, la apunto seguro.

También ha hecho un par de talleres de cocina, uno de ellos de galletas en inglés y otro de galletas en español. Este último lo hizo en un supermercado Día a través de la página web Démosle la vuelta al día. Son talleres gratuitos, pero es difícil conseguir plaza. En cualquier caso, en las dos actividades (en inglés y español) salió encantada de la vida, sintiéndose una cocinillas en toda regla y degustando su hazaña. Es cierto que lo de hacer galletas y bizcochos es una actividad que solemos hacer en casa determinadas tardes del largo invierno, pero no es lo mismo cuando sale fuera, comparte su tiempo con niños nuevos y hace cosas diferentes a las que puede encontrar entre las paredes de nuestra casa.

Por supuesto, siempre es muy socorrido acudir a talleres de manualidades. Me gustan mucho estos talleres porque soy una amante del Hazlo tú mismo, lo sabéis de sobra. Creo que los talleres de manualidades despiertan la creatividad, la imaginación, el ingenio… y además los peques socializan y se lo pasan fenomenal. Soy muy fan y mi hija también (por inducción de caminos, como os contaba al principio de este post).

La última actividad de temática alternativa que ha hecho Henar ha sido un taller de plantas en Ikea. Una de mis abuelas adoraba las plantas, aunque yo no consigo cogerles el punto, necesitan mucho trabajo y no me llaman la atención precisamente. Sin embargo, igual mi hija termina siendo una gran jardinera y descubre en el mundo vegetal una gran pasión.


Beneficios de los talleres multidisciplinares

De lo que estoy absolutamente segura es de que, sin pasarnos y saturarlos demasiado, la posibilidad de acudir a talleres diversos y de temáticas tan diferentes es algo muy bueno para los niños.


1. Disfrutan y se lo pasan francamente bien

Estos talleres tienen el juego como su elemento fundamental y los niños tienen derecho a jugar y divertirse. Si a través de ello además se lo pasan bien, se entretienen y aprenden, pues mucho mejor.


2. Aprenden muchas cosas diferentes. 

Esa diversidad les abrirá nuevos caminos y más adelante podrán hacer sus propias elecciones sobre las cosas que les gustan y les interesan más y menos.


3. Les da la oportunidad de socializar y conocer gente nueva

Conocer nuevos niños, más allá de su grupo de amigos. Para mí, la socialización es también un punto fundamental, conocer gente diferente les abre también nuevos universos y pueden desarrollar más empatía ante lo diverso.



Y además, constituye un reto para la que suscribe, abrir la mente para que mi hija pueda elegir caminos que quizá no sean los que más se adapten a mis preferencias.

Quizá te interese:

El juego y los niños (Parte I): beneficios 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog no es nada sin tus comentarios :)