VERANO EN EL NORTE: VACACIONES SLOW

El año pasado escribí varios posts sobre las vacaciones de verano, ese tiempo tan necesario que utilizamos para desconectar, bajarnos de nuestras agendas y nuestras rutinas y hacer cosas diferentes. En realidad, resulta indiferente dónde vayas, no por hacer un viaje trasatlántico tiene por qué ser el viaje de tus sueños y a menudo cualquier escapada o plan diferente a lo habitual te hace sentir y vivir de otra manera, cumple su papel de desconexión y nos lleva a mundos diferentes al nuestro, que es de lo que se trata. 

Mis veranos a menudo son calificados como raros, cojo vacaciones como los ojos del Guadiana y aparezco y desaparezco de la oficina, en viajes exprés, a menudo cortos. Pero a mí me sirve porque cumplen el propósito que quiero: pasar el mayor tiempo posible con mi familia y sobre todo con mi hija (es decir, evitar estar semanas enteras sin verla o en su defecto encerrándola en un Madrid caluroso que en verano no es preciamente friendly con los niños) y desconectar. Sí, soy de las afortunadas que cierran la puerta de la oficina y se olvidan de que existe, hasta el punto de que casi no recuerdo mi código de acceso cuando vuelvo diez días después, y os aseguro que es verídico. 

Uno de mis destinos veraniegos favoritos es el #veranoenelnorte. Sé que muchos no lo entienden y no puedo culparlos por ello, porque veranear en la cornisa cantábrica a menudo trae días de lluvia. De hecho, el año pasado tuvimos un verano increíble y claro, ya pensábamos que con esto del cambio climático todo el monte es orégano en el Cantábrico, pero ya os digo que no, hemos tenido unas jornadas de lluvia estos días atrás que nos han devuelto a los veranos lluviosos de mi infancia. Parece que será algo intrageneracional porque a este paso también se le van a grabar a mi hija en su propia infancia. Sin embargo, a mí me sigue encantando veranear en el norte y ya os contaba sus ventajas aquí

De hecho, el norte es uno de los mejores lugares para practicar el modo slow life. Empezaré por confesar que me pasé antes unos días por Londres antes de recalar en mi Cantábrico del alma. Y claro, Londres de slow life no tuvo casi nada, pero en cualquier caso eso ya os lo cuento otro día. Pedro cuando recalamos en nuestro verano en el norte, bajamos las revoluciones y nos dedicamos a las vacaciones slow. Si al principio de este post hablaba de desconectar y bajar el ritmo, eso es precisamente en lo que quieren consistir las vacaciones slow y el modo slow of life y no se me ocurre una fecha mejor para hacerlo que en verano porque entonces, queridos míos, ya no tenemos excusas para no hacerlo. 

Una de las ventajas del verano en el norte es que no suele haber demasiada gente, o al menos mucha menos de la que te encontrarás en Levante o en las playas del sur. Además, las ciudades y pueblos del norte siguen su vida como cualquier otro mes del año, por lo que puedes vivir una vida fuera de las excentricidades veraniegas. Puedes ir a la playa, claro, pero también a visitar los mercados de la zona, a desayunar en el bar que más te guste (sin colas) y pasear frente al mar siempre que quieras. Los días buenos, pues al sol, y los menos buenos, con paraguas o con chubasquero también se puede, que igual hasta creces y todo. 


Ahora en serio, para mí esos días en el norte son sumamente especiales. Algunas razones para ello son precisamente esas que puedo englobar en vacaciones slow son las siguientes: 


1. Más espacio, menos ruido y menos aglomeraciones

Esto te permite llevar tu propio ritmo, mucho más pausado. Descansar más, dormir más, no tirarte de los pelos haciendo colas en los restaurantes o dando vueltas como tontos para aparcar, entre otras muchas ventajas. Cuando bajas el ritmo, además todo acoge una magia especial, la de las pequeñas cosas. Henar y yo hemos hecho cosas tan normales y a la vez tan extraordinarias como subirnos a los columpios, saltar sobre los charcos o merendar en nuestra cafetería favorita, mientras ella pintaba y yo me leía todos los semanales que no he podido leer en todo el invierno. Fueron momentos ¡¡¡tan mágicos e intensos!!!


2. No hace falta que te propongas muchas metas: disfruta de la naturaleza

Habitualmente pasamos de una agenda a reventar en nuestro día a día a una agenda igual de llena en las vacaciones. Demasiadas cosas por hacer, pocos días para poder hacerlas todas... En el norte, siempre hay sitios preciosos por descubrir, excursiones nuevas por hacer y tiempo para disfrutar. Pero no hay esa obsesión en el ambiente de tener que hacer muchas cosas todas seguidas. Si no haces algo, pues no pasa absolutamente nada. Quizá el año que viene puedas hacerla (en mi caso, suelo repetir destino), pero también se colarán en tu no-agenda vacacional nuevos planes con los que no contabas y que disfrutarás enormemente. Déjate llevar y disfruta de la improvisación


3. Sumérgete en la verdadera esencia del lugar

Lo de que las localidades del norte mantengan su vida normal en verano ayuda enormemente a darte la oportunidad de sumergirte de verdad en el espíritu y la esencia del lugar. Para ello, creo que los mercados son fundamentales, pero también las cosas cotidianas que hacen los que son de allí. Esas cosas del día a día quizá no sean tan grandilocuentes ni muchos de ellos se incluirían en una guía viajera hecha por el que no practica las vacaciones slow, pero son apasionamentemente mágicos. 


4. Llénate de paz, recarga tus pilas vitales 

Cuando bajas el ritmo y disfrutas de lo que te rodea, de la exuberante belleza azul del Cantábrico y del verano en el norte en este caso, consigues paz. Descansas, recargas pilas, de verdad desconectas de tu mundanal ruido y conectas con ese otro mundo, mucho más simple y a la vez mágico. Tus pilas vitales se recargan mucho más porque has conseguido bajar el ritmo, quitarte presión, eliminar citas de la agenda y disfrutar de lo que la vida cruza en tu camino hoy. 


5. Atrévete a volver a descubrir el mundo con ojos de niño

Aquí juego con ventaja porque tengo una niña maravillosa que con su ejemplo me lo recuerda. Es cierto que teniendo niños es más fácil, pero también que hay quien los tiene, los lleva de vacaciones y no aprende absolutamente nada de ellos y de su ejemplo. Comparto además con vosotros esta foto que me parece todo un símbolo, un agujerito para descubrir el mundo. Y además azul, ese intenso azul en un día azul del Cantábrico más azul que existe. 


Reflexiona un poco sobre si tu verano consigue hacerte descansar y volver recuperado, con ganas o con pilas llenas. Si es así, la oficina, el móvil, las agendas y esa manía de hacerlo todo bien debe de quedarse atrás. No sigas esclavizándote a través de tu móvil, abre los ojos y vive. Si no lo haces, seguirás perdiéndote todas esos regalos que la vida sitúa a tu alrededor. Y si estás leyendo esto, que está en internet, te lo agradezco infinitamente, pero ahora cierra el dispositivo y dedícate a disfrutar de tus vacaciones o a evocar los grandes momentos vividos. 

¡¡¡Feliz Verano!!!



TIEMPO PARA DESCANSAR Y RECARGAR PILAS

El año pasado escribí una reflexión muy personal bajo el título de Il dolce piacere di non fare niente, si lo queréis leer está enlazado. Básicamente hablaba y reivindicaba la necesidad de disfrutar de las vacaciones descansando, no haciendo nada (o casi nada), disfrutando de las pequeñas cosas y recargando nuestras pilas vitales. Echo hoy la vista atrás al año pasado y la verdad es que durante este curso creo que he avanzado mucho en cosas que realmente necesitaba: organización y planificación pero también en bajar el ritmo, parar, aceptar, ser más feliz y conectar más con lo que de verdad necesito. Conceptos como Minimalismo o Reflexión han guiado muchos de mis pasos y se ha notado en los pensamientos y emociones que he ido dejando en este blog, que visto así, un año después, ha cambiado bastante. 

Aún así, reconozco que llego muy cansada a estas alturas del año. El cansancio, asociado a las prisas y el estrés, es una lacra o una consecuencia de esta sociedad loca en la que vivimos. Muchas veces debemos pararnos y plantearnos quiénes somos y qué queremos en realidad. Creo que, al menos como sociedad, en nuestro día a día nos dejamos llevar por otros y sus ideas, por las corrientes demandantes, por lo que se supone que debemos hacer, todo ello en una escalada de ambiciones, carreras, estrés, agendas repletas, y muy mala salud (otra consecuencia). Aún así, yo que creo que recapacito tanto (quizá no sea lo suficiente), a menudo me pierdo en esos mismos mundos de monos locos y termino agotada. Creo que debemos tener más en cuenta lo que es verdaderamente importante en la vida y lo que no lo es


Estoy cansada y toca descansar. Aún me queda tiempo para perderme en el norte y aún me quedan unas cuantas semanas para entregarme al placer del dolce piacere di non fare niente, en tierras gallegas y en mi pequeño paraíso. Pero aún así, iré y volveré, me pasaré el verano desconectando física y online de muchas cosas. Por ello, no estaré mucho por aquí, vendré de vez en cuando, si es que tengo algo que me apetezca contar. Iré y volveré y a trozos iré leyendo cosas, reflexionando, dibujando, paseando por arenales a veces físicos y otras veces virtuales, descansando del duro invierno. 

Un último apunte, molestaros este verano en tomaros tiempo para vosotros mismos. No importa si vais de viaje u os quedáis en casa, si el destino es lejano o cercano, si disfrutáis de 5 días de escapada o de 50. Pero este tiempo es importante para cada uno, la salud, el ánimo, recargar las pilas vitales. 

Felices vacaciones, os quiero 

LECTURAS INSPIRADORAS 6: EL ARTE DE NO AMARGARSE LA VIDA

Hace apenas un par de semanas os hablé sobre un libro cuya lectura me había resultado absolutamente inspiradora. Se trataba de Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreu. Podéis leer mis impresiones sobre ese libro aquí. En él se hace mención a su obra anterior, El arte de no amargarse la vida. Me gustó tanto el libro que tuve claro que mi siguiente lectura iba a ser precisamente la primera obra de este psicólogo y no puedo estar más contenta porque si Las gafas de la felicidad me gustó (mucho), El arte de no amargarse la vida me ha gustado muchísimo más.

Santandreu se ubica dentro de la corriente de la psicología cognitiva. Ésta se basa no en la búsqueda (a veces extrema) de la felicidad sino en la aceptación de la realidad, haciendo uso para ello de terapias cognitivas, argumentos con los que nos explicamos a nosotros mismos y de manera racional que no todo es tan terrible como normalmente pensamos. Yo, que soy una persona súper realista, no puedo estar más de acuerdo con estos principios y creo que, de momento, he encontrado en los libros de Santandreu un filón de crecimiento personal.

Como hice en el post anterior, os dejo mis aprendizajes sobre este libro.

Primero. Transformarse es posible

Nuestro objetivo tiene que ser hacernos fuertes emocionalmente y dejar de amargarnos la vida con neurosis varias que no nos dejan vivir. Es cierto que cambiar es difícil y exige esfuerzo, pero se puede lograr y transformarse en alguien positivo, que sea capaz de captar lo bueno de cada momento y que tenga fuerza emocional es esencial para vivir.


Segundo. Piensa bien y te sentirás mejor

En realidad no nos afecta lo que nos sucede (aunque creamos que sí), sino lo que nos decimos a nosotros mismos sobre lo que nos sucede (nuestras emociones).  Entre los hechos externos (lo que nos sucede) y nuestras emociones existe un paso intermedio: nuestros pensamientos. Cuando tenemos una emoción negativa exagerada encontramos antes de ella un pensamiento catastrofista basado en creencias irracionales que normalmente suelen ser falsas (porque son exageradas), inútiles (no ayudan a resolver problemas) y siempre nos producen malestar emocional.

La fuerza emocional y el buen diálogo interior son esenciales. Cuando nos habituamos a evaluar de forma más clara, realista y positiva nuestras emociones, se vuelven mucho más serenas. Calificar como terribles las cosas negativas que nos suceden sólo nos lleva a no ser capaces de resolver esas situaciones. Si piensas y recapacitas sobre ello, puedes darte cuenta de que muchas de las adversidades que podemos sufrir no son tan malas como habíamos imaginado. Santandreu nos invita a revisar nuestro sistema de valores y nuestras creencias más básicas sobre lo que vale la pena y no.

Si nos detenemos a pensar sobre la realidad, nos damos cuanta de que muchas veces exageramos la relevancia de las adversidades y esa exageración tiene consecuencias emocionalmente nocivas. Aprender a evaluar lo que nos sucede con realismo y objetividad nos hace más fuertes y tranquilos.

Tercero. Deseo versus necesidad

En esta sociedad sufrimos de necesititis, la tendencia a creer que necesitamos cada vez más cosas (materiales e inmateriales) para sentirnos bien. Confundimos deseo con necesidad. El deseo es algo que me gustaría ver cumplido pero que no necesito. La necesidad es algo sin lo que no puedo funcionar. Los deseos causan placer y las necesidades inventadas provocan inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión. La psicología cognitiva nos enseña que la felicidad implica disfrutar de los deseos sin apegarse a ellos, son meras formas de divertirse, no necesidades reales. 

Podemos hablar también de preferencias frente a exigencias. Una persona madura no exige, prefiere; es consciente de que la vida y los demás no están ahí para satisfacer nuestras demandas y que no necesitamos casi nada para ser feliz. Pero cuando somos vulnerables emocionalmente nos llenamos de exigencias que no se cumplen y nos llevan al enfado y la depresión.

La necesititis produce malestar emocional: si no poseemos esas cosas que creemos que necesitamos, somos desgraciados; si no las tenemos, tampoco estamos bien porque las podríamos perder y esa posibilidad nos genera ansiedad y/o porque las necesidades inventadas también producen malestar en que esas cosas nos desilusionan.

Cuarto. La rutina del debate


La terapia cognitiva busca convertirnos en personas más sanas y fuertes, transformar nuestra forma de pensar, nuestro diálogo interior y nuestra manera de evaluar lo que nos sucede para dejar de quejarse y empezar a disfrutar de lo que está a nuestro alcance. Con esfuerzo y dedicación deberemos lograr un hábito: que ese pensamiento sea automático, nuestra primera opción mental:

Paso 1. Detectar nuestras creencias irracionales
Paso 2. Combatir las creencias irracionales
Paso 3. Reemplazarlos por creencias racionales

El primer paso de la rutina del debate es aprender a detectar lo que pensamos mal. Después deberemos combatirlo, para ello necesitamos juntar cuantos más argumentos mejor para demostrar que la creencia no es correcta. Así,  podremos generar nuevas creencias más funcionales y equilibradas.

Argumento comparativo: existen otras personas que son felices en la misma situación?
Argumento de las posibilidades: Aun con esta adversidad, podría llevar a cabo objetivos interesantes para mí y para los demás?
Argumento existencial: en una vida que dura tan poco y que no tiene mucho sentido (o tiene un sentido metafísico desconocido para los seres humanos), es tan importante esta desgracia que me está ocurriendo? No hay nada tan terrible en un universo como el nuestro. Esta lógica,  que es apabullantemente real, nos permite distanciarnos de nosotros mismos.


Quinto. La creencia racional

La creencia racional es una frase constructiva y que produce sosiego, es antiterribilizadora, la creencia de una persona madura y fuerte. Pero tener una mente racional sí nos permitirá decir adiós al malestar emocional desbordante e invalidante.

Debemos detectar todos los días qué creencias irracionales hemos sostenido a lo largo de la jornada, ideas que nos han producido malestar emocional. Combatir esas ideas irracionales mediante la argumentación de la comparación, la argumentación de las posibilidades y la argumentación existencial, y formular finalmente las creencias racionales correspondientes. Se trata de convencerse de las creencias racionales; no basta repetirlas como un loro, la terapia cognitiva es terapia de argumentos, no un ejercicio de pensamiento positivo.

Verse feliz con poco es quitarse necesidades de encima,  hacerse más ligero y más fuerte. Iremos liberándonos de nuestra necesititis y nuestra tendencia a terribilizar. Una persona muy sana y fuerte no necesita cosas materiales ni inmateriales, ni pareja ni la aprobación ajena. Es importante no quejarse porque al quejarnos solemos exagerar y terribilizar, centramos nuestra atención en lo que no funciona y olvidamos lo que funciona.

No debemos olvidar:

1. Nadie es perfecto,  ni nosotros ni los demás.
2. La clave de las buenas relaciones es pedirle a cada cual lo que puede dar un no lo que no puede.
3. Es mejor sugerir que exigir el cambio a los demás.
4. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación.

Sexto: Controlar tempestades (aportar calma a los demás)

Debemos amueblar tan bien nuestra mente que las reacciones de los demás apenas nos afecten. Nuestro sistema de valores va más allá de la opinión de los demás y sus neuras. Aquí englobo el maravilloso mundo del estrés en el trabajo. El estrés tiene una doble vertiente: interna (temor a no estar a la altura de las expectativas de otros y autoexigencia) y externa (las neuras de los otros que nos imponen sus necesidades). La eficiencia probablemente esté sobrevalorada, especialmente si la convertimos en agotadora y demencial. Para mantener la salud emocional es necesario bajar el ritmo de nuestras autoexigencias y las de los otros, aprender a aceptarnos con nuestras limitaciones y tener orgullo de falibilidad: me acepto con mis fallos y limitaciones y entiendo que esta aceptación me hace ser mejor persona porque le quito exigencias a la vida y mi ejemplo sirve para pacificar el mundo. Además,  de los errores aprendemos y sin equivocaciones no habría crecimiento.

El mundo del trabajo cataliza de forma especial esa absurda necesidad que nos creamos de ser muy eficaces. Pensamos erróneamente que nuestro trabajo es sumamente importante,  y no lo es. Ni siquiera es importante para nosotros. Pensar que el trabajo de uno es esencial es el camino más directo hacia el estrés, porque esta creencia añade artificalmente una presión que arruina la posibilidad de disfrutarlo. Las personas lógicas trabajan sólo para divertirse, realizarse, disfrutar... y para ellas el estrés es casi inexistente. Lo consiguen porque sostienen la creencia racional de que el trabajo nunca es demasiado importante, no lo necesitan.

Con una mente plenamente racional, trabajaremos a nuestro ritmo, con buena planificación y sin estrés, disfrutando. Si finalmente la empresa no está contenta con ello habrá que aceptar su decisión de disfrutar de nuestros servicios. Las personas que transforman así su manera de trabajar acaban siendo las más valoradas en su empresa porque, aunque quizá no tengan un rendimiento bruto tan alto como otras, la calidad de su trabajo y su positividad destacan. Las empresas también necesitan gente feliz y entusiasta, al menos las empresas en las que merece la pena trabajar.

Si apreciamos realmente las cosas buenas de la vida, nos daremos cuenta de que nuestro trabajo, cualquiera que sea, no lo es todo. De hecho, yo añadiría que no es casi nada, es lo que queramos que sea y el valor que queramos darle. Podríamos no hacerlo nunca más y el planeta seguiría rodando y tendríamos casi las mismas oportunidades de hacer cosas valiosas y gratificantes. El objetivo es adquirir la convicción de que no importa demasiado el resultado del trabajo, sino que lo esencial es pasarlo bien, disfrutar de lo que se hace.

Creo que como sociedad deberíamos reflexionar y ponernos a hacer algo YA para cambiar la situación actual. Un 80% de los adultos se declara estresado, es una sociedad de la opulencia en la que nadamos en la abundancia y la ensoñación de que más es mejor, cuando no lo es. En la década de los cincuenta había menos de un 1% de personas con depresión, hoy el porcentaje es del 15%. Vivimos en un mundo de malestar emocional, cada vez tenemos más cosas y somos más infelices.

A nivel planetario ponemos en peligro la supervivencia de La Tierra a base de exigir más y más producción de bienes de consumo. A nivel personal nos exigimos tener muchas capacidades, ser guapo, deportista, inteligente, hábil con los negocios, excelente madre o padre... Estas cualidades son rasgos positivos pero cuando las convertimos en exigencias irrenunciables aparecen los problemas psicológicos, la tensión, el estrés... y una gran fuente de ese estrés es exigirse hacer las cosas bien. Démosle más importancia a la capacidad de amar que a las otras capacidades.


Séptimo: Ganar tolerancia a la frutración

Todo el tema de la salud mental trata de un único asunto: aprender a combatir las quejas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan. Me ha gustado mucho un dato: a lo largo de la vida sufrimos unas 20.000 adversidades, es decir, unas 23 de media cada día. La mayoría no serán grandes, más bien nimias, pero forman parte de vivir. Si aceptamos esas pequeñas frustraciones y les hacemos un rincón en nuestra mente, no nos preocuparemos demasiado por ellas, seremos más capaces de enfrentarnos a la vida.

Ojo, que aceptar no es conformarse. La psicología cognitiva nos aconseja tener confianza en la naturaleza armónica de todo lo que sucede en la vida y, sobre todo, mucha capacidad de aceptación. Nosotros, mientras tanto, podemos poner las bases para que algunas cosas sucedan, pero también debemos esperar una buena dosis de imprevistos y frustraciones.


Octavo: Liberarse de las obligaciones

Una de las jaulas emocionales es la de las obligaciones que sólo habitan en nuestra mente, minan nuestra capacidad de disfrute y pueden llegar a robarnos toda la energía. Suelen ser una neura que poseemos más nosotros que los demás y cuando dejamos de cumplir con ella, frecuentemente vemos con sorpresa que el mundo sigue igual. En otros casos, la neura es compartida, pero entonces si nos comportamos racionalmente, los demás tienden a entrar en razón y olvidarse de la supuesta obligación.

Gran parte de los problemas emocionales que sufrimos tienen que ver con las obligaciones. Solemos estar convencidos de que tenemos muchas (deberes con nuestros padres, hijos, amigos, sociedad...) y que debemos cumplir todas ellas. No tenemos por qué complacer a los demás, lo más lógico es hacer lo que nos apetezca de manera honesta. Algunas veces esto coincidirá con expectativas de los otros pero otras veces no, y no se acaba el mundo por eso. Si se enfadan, aceptémoslo, quizá en el futuro lleguen a ver las cosas de otra forma y podrán acercarse a su paz interior. 


Noveno. Todo acaba en la aceptación

Proverbio chino: en verano hace calor y en invierno hace frío. Hay hechos controlables pero también muchas eventualidades que simplemente suceden. Los seres humanos tendemos a imaginar situaciones ideales que sólo existen en nuestra mente, y luego nos enfadamos o entristecemos si no se cumplen. La falta de aceptación de la realidad es la base de la infelicidad. Pero lo cierto es que las cosas son como son, es decir, nunca perfectas. El universo tiene sus propias leyes y la realidad no nos pregunta qué planes tenemos para el fin de semana. No necesitamos que todo el mundo nos trate bien ni que haga sol el domingo para tener una vida maravillosa.



Décimo. Aprende a centrarte en tu ilusionante futuro 

Mira a tu alrededor, seguro que después de haber leído esto te has dado cuenta de lo afortunado que eres en muchos ámbitos de tu vida y las posibilidades infinitas que tienes. La vida no es perfecta, ni la tuya ni la de nadie, todos arrastramos fracasos y frustraciones en nuestro expediente vital, pero el mundo sigue girando y hoy está pasando tu vida, vívela y no dejes que se esfume.



Nota final: Es muy curioso, porque rebuscando en mis reflexiones en este blog he encontrado numerosos posts en los que hablaba sobre ciertos temas que han aparecido en este libro. Os dejo alguno de ellos, por si a algún amable lector le puedan interesar.















Y aquí ya lo dejo, que son demasiados posts, pero podéis elegir si alguno os interesa. Me ha sorprendido que algunos de ellos se acercan a los dos años de antigüedad, por lo que las semillas de las principios fundamentales de este libro ya habitan mis reflexiones desde hace tiempo atrás. Ahora, he sabido su nombre: psicología cognitiva.

TEATRO EN VERANO EN MADRID: PARES Y NINES EN EL TEATRO PRÍNCIPE GRAN VÍA

Cuando llega el verano parece que apetecen más las comedias ligeras. Adoro el teatro y normalmente me decanto más por el drama que por la comedia, pero una buena comedia, especialmente en el verano de Madrid, se convierte en una opción estupenda. Y hoy, precisamente vengo a hablaros de una de las obras cómicas que podéis disfrutar actualmente en la cartelera madrileña. Se trata de Pares y Nines, una gran comedia que se ha convertido hace tiempo en todo un clásico. Firmada por uno de los dramaturgos más reconocidos de nuestro país, José Luis Alonso de Santos, se estrenó hace casi treinta años y se ha repuesto en diversas ocasiones en los escenarios españoles.

De hecho, en esta ocasión dos de los tres protagonistas repiten. Esta versión, bajo la dirección de Miquel Murga, está representada por Josep Linuesa, Mónica Corral y Carlos Chamarro. Los dos primeros ya interpretaron sus personajes en la versión catalana que se hizo de esta obra hace tres años y que se mantuvo en cartelera durante tres temporadas, bajo la dirección de Miquel Murga. De los tres actores, probablemente el que resulta más conocido para el público madrileño es Carlos Chamarro, a quien tenemos fichado por algunos de sus papeles televisivos. A mí, personalmente, me venía mucho a la cabeza a lo largo de la representación su papel en Cámera Café. 



Sinopsis

Fede y Roberto, interpretados respectivamente por Linuesa y Chamarro son dos amigos que comparten piso en Madrid. El primero es informático y el segundo profesor de instituto en paro. Comparten un pasado común, ya que ambos estuvieron casados con la misma mujer, Carmela, se conocen desde hace mucho tiempo y su vida ha dado las vueltas de campana suficientes para que ahora mismo sean compañeros de piso. En la actualidad podemos decir que tienen una vida complicada que aún se liará muchísimo más cuando los dos se enamoren de su bella y joven vecina, Nines, interpretada por Mónica Corral.  

Creo que con esto os podéis hacer una idea de la situación y por qué los líos están servidos. Con esta ecuación os imaginaréis que los conflictos, malentendidos, complicaciones y escenitas varias se multiplican, dando paso a una comedia muy divertida y muy bien hilada. El pique entre los dos protagonistas masculinos es un hecho y las situaciones hilarantes se desarrollan una tras otra entre estos dos machos dispuestos a la conquista.


Podéis esperar de esta obra una buena comedia que se deja ver muy bien y que te sacará muchas sonrisas, risas y auténticas carcajadas. Dura aproximadamente una hora y media y la tendréis todo el verano en el escenario del Teatro Príncipe Gran Vía. Puede ser una ocasión estupenda para disfrutar de una gran tarde o noche de teatro en el verano de Madrid. Y de paso, echarse unas buenas risas con esta gran comedia de excelente texto y muy buenas interpretaciones.


Palabra de Itaca teatrera

SER MINIMALISTA POR ENTREGAS PARTE 7: NO TE VUELVAS LOCO EN REBAJAS

Es cierto que cada vez la importancia del período de rebajas es menor. Hace años, era normal que el primer día de rebajas se desatase la locura colectiva y hubiese colas de gente en la entrada de las tiendas, esperando a que abriesen para lanzarse a la caza y captura de las mejores ofertas. Ahora, entre que las rebajas se pueden celebrar casi cuando cada tienda desee, que la oferta en internet es infinita, la posibilidad de acceder a las rebajas por la red e incluso antes, así como períodos promocionales varios y otros momentos de chollos a lo largo del año, las rebajas ya no se viven como antes.

Aún así, parece que llega el 7 de enero o el 1 de julio y comenzamos a perder el norte. Notamos el gusanillo del reclamo de las rebajas y nos ponemos en modo cazador de compras. En esos momentos, y junto con el ambientillo de las tiendas (que para qué negarlo, tienen más compradores que en días normales), se nos olvidan nuestros buenos propósitos sobre el minimalismo, el consumo responsable, el ahorro… tiramos de tarjeta y volvemos a casa cargados de bolsas que, en la gran mayoría de las ocasiones, contienen cosas que en realidad no necesitamos.

Ser minimalista en rebajas es casi una utopía, pero yo creo que se puede. Para ello, he reflexionado un poco sobre este período e incluyo algunas reflexiones y algunos consejos, a ver si os gustan.

¿Qué es lo que quieren las tiendas?


1. Las tiendas quieren que compres, aunque no lo necesites

No debes olvidar que el marketing sigue moviendo el mundo y que lógicamente el minimalismo y el consumo responsable van a favor del planeta, del medio ambiente, de tus finanzas personales y tu ahorro pero van en contra de la rueda de la economía consumista. Una tienda quiere vender y para ello las personas que trabajan en ella, sus marketinianos y sus directores harán lo imposible para que compres. Para ello utilizan publicidad (no siempre del todo cierta), colocan las cosas para que te entren por los ojos y que piquemos.


2. Casi nunca encuentras en la tienda los grandes descuentos publicitarios

La primera en la frente. Sí, ese cartel con el 70% de descuento te hace soñar con que vas a poder renovar todo tu armario (aunque no lo necesites) por un precio ridículo. Pero la realidad es que cuando llegas a la tienda, lo que buscabas no está rebajado, o lo está en un 10 o un 20% de descuento si tienes suerte. Las pocas prendas con un descuento suculento son horribles, normal que las rebajen tanto, realmente nadie las quiere. Sin embargo, tú ya estás dentro de la tienda y si no tienes claras tus prioridades es muy posible que piques y compres algo que no necesitas y que quizá ni te guste.


3. Estrategias de marketing

Trucos clásicos como los de poner a la altura de los ojos o en lugares principales lo que quieren que compres (ya lo hacen en los supermercados), junto con otros como los de colocarte artículos mucho más monos no rebajados o con una rebaja mucho menor (para que de nuevo piques). Ni qué decir de la nueva temporada, que también suele tener una colocación estratégica. Y cuando digo nueva temporada no me refiero a los abrigos del próximo otoño, esos no los vas a encontrar en este mes de julio, sino a prendas monísimas para este verano que, oh casualidad, son nuevas y no tienen descuento. Al final, como has ahorrado un 30 o un 50% en prendas que no necesitas y que ni te gustan (es decir, te has gastado un dinero que no deberías haberte gastado), tienes la sensación de haber ahorrado mucho con esa compra (error, craso error) y te puedes permitir ese vestido monísimo, si al fin y al cabo te has ahorrado lo que cuesta con los descuentos del resto de tu compra.
No nos olvidemos también de otras técnicas de marketing como el precio que acaba en 99 céntimos. Para nuestra mente, algo que cuesta 9,99 euros está tirado, ni siquiera son 10 euros. Y así sucesivamente. Otra gran estrategia de marketing es el 3x2, 2x1, 4x3 y etcétera. No necesitas cuatro camisetas, pero qué más da si te regalan una. Y todo esto dando por hecho que no han inflado los precios para luego hacer ver que la rebaja es mayor de lo que es en realidad. Vamos a ser buenos y pensar que todos los comercios son legales en este aspecto, aunque está claro que todos conocemos alguna práctica no tan legal con algunos determinados comercios.



¿Qué es lo que tú quieres y necesitas?

Antes de salir de casa y encaminarte a las rebajas, o de meterte a brujulear por las rebajas en la página web de tus tiendas de cabecera, yo me planteo ciertas preguntas. Quizá os sirvan, así que las comparto con vosotros.


1. ¿Qué necesito?

Es muy fácil que después de varias temporadas haciendo ejercicios de ahorro y reduciendo tus pertenencias y sobre todo tu ropa, puedas necesitar ciertas cosas. Os remito a la Pirámide de Consumo Responsable para que reflexionéis un ratito sobre lo que tenéis y necesitáis. Y también que penséis un poquito en el tan socorrido y casi siempre irreal No tengo nada que ponerme. Pero lo cierto es que si realmente has revisado tu armario, has identificado qué necesitas o qué te viene bien, fenomenal, ése es el primer paso.


2. Llévate una lista de la compra

Si lo haces en el supermercado, ¿por qué no puedes hacerlo para ir de rebajas de verano? Escribe una lista con lo que realmente necesitas sí o sí, añádele además las prendas que quizá no sean tan imprescindibles pero que puede que te vengan bien. Sé conciso en cuanto a tipo de prenda, tamaño, forma, color etc. Se trata de que las compres si realmente las encuentras, es decir si la prenda te gusta, te encaja por presupuesto, es lo que necesitas… Puede ser que busques una camiseta marinera y que ese año no se lleven, pues en ese caso te vuelves sin ella, no compres lo primero que pilles porque es barato, para salir del paso, porque bueno, ya que estaba allí…

Algo que también suele ayudar, junto con la lista de prendas, es la lista de tiendas. No hace falta volverse loco y visitar todas las tiendas de tu ciudad o del centro comercial, piensa primero dónde irás y qué pretendes encontrar en cada uno de esos lugares.

Y por supuesto, cíñete a la lista. Las listas están muy bien y son una declaración de intenciones en toda regla, pero siempre que las cumplas, claro está.


3. Lleva el dinero en efectivo

Desgraciadamente, esto sólo sirve para las compras físicas, porque en Internet deberás pagar con dinero de plástico. Llevar dinero en efectivo es de lo más práctico que hay porque, para qué negarlo, cuando abrimos la cartera y sacamos billetes y monedas somos mucho más conscientes de su valor real que cuando pagamos con tarjeta. Tiene diversas ventajas: puedes controlar lo que gastas (cuando se acabe, se acabó), planificar qué quieres gastarte (antes habrás pensado en tu lista de cosas y el dinero que estás dispuesto a pagar por ellas) y evita que cuando llegue el cargo de la tarjeta te arrepientas de haber gastado demasiado. La cantidad de dinero que lleves debe de ser ajustada a lo planificado.


4. Ir de rebajas no es obligatorio

Si no necesitas nada o no has visto nada que te guste, no hace falta que te dejes llevar por la fiebre consumista. No es obligatorio ir de compras (por mucho que la gran mayoría de la gente lo haga), puedes aprovechar ese tiempo y ese dinero en hacer algo que te guste o planificar tus próximas vacaciones, tu próximo concierto, tu próximo spa… lo que te guste. Tampoco es urgente. Sí, te vendrían genial un par de vestidos nuevos para el verano pero en realidad tienes más ropa que ponerte hoy, mañana, la próxima semana… No hace falta correr, mejor si evitas las horas punta (así evitarás también contagiarte de la fiebre consumista), y quizá no necesites comprar nada y puedas dejarlo para más adelante, incluso fuera del período de rebajas oficial.


5. No olvides a tu conciencia ni tus aprendizajes

Incluso en la cola, justo antes de pagar, puedes preguntarte si lo necesitas, si realmente te gusta, si realmente lo quieres. Y también cuando llegues a casa, si no te gusta o no te enamora, puedes devolverlo sin sufrir por ello. Tampoco debes renunciar a la calidad que quieres o a la ética de cómo ha sido realizada esa prenda. Aquí cada uno tiene su propia conciencia y sus propios aprendizajes. No debemos dejarlos de lado nunca, tampoco en el período de rebajas.


6. Si quieres ahorrar, ¿realmente lo estás logrando?

Hay quien utiliza las rebajas para ahorrar. El ahorro es para mí algo importante de lo que frecuentemente hablo en este blog. Sin embargo, a veces creemos que estamos ahorrando y en realidad no es así. Me parece genial esperar a hacer ciertas compras durante el período de rebajas y conseguir descuentos y así poder ahorrar de manera efectiva. Pero ojo, eso no siempre se cumple si terminas comprando cosas que no necesitas, cosas que ni siquiera quieres o que no te gustan o no te quedan bien. Tampoco lo consigues si en realidad necesitas tres prendas pero te dejas llevar por el furor de las rebajas y compras más de lo que necesitas de verdad. Por ello, piensa antes de comprar también referente a este punto. Y por supuesto no piques y compres cosas que no te enamoran sólo porque están baratas, o porque te dejas influenciar por otros o porque te da el arrebato. Reflexiona y ahorra de verdad


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SABINA EN MADRID: YO TAMBIÉN LO NIEGO TODO

Hace un par de semanas volví a mi juventud, a aquellos tiempos de noches de vino y rosas y canciones de Sabina. Fue efímero pero maravilloso, apenas las tres horas que duró el concierto que el gran maestro dio en Madrid la noche del 21 de junio, entrada del verano. Pero volví a corear las canciones del flaco aunque no fuese ya hasta el amanecer. Hace muchos años que no es, para qué engañarnos.

También hacía mucho tiempo, demasiado, que no veía a Sabina sobre el escenario. La última vez, si no recuerdo mal, fue acompañado por Serrat. Me habían cautivado con sus Dos pájaros de un tiro, pero su Orquesta del Titanic no surtió el mismo efecto. Llegó la maternidad, las noches sin dormir, las pocas ganas de fiesta… y pasaron los años. Cuando a finales del año pasado supe que Sabina volvía en solitario a los escenarios, no dudé en hacer una cola virtual de dos horas para hacerme con las entradas. Era un día frío del diciembre de Madrid, pero anhelaba el calor de las canciones de Sabina y aquella noche imaginada en la que volver a uno de sus conciertos se me presentaba en la imaginación como el evento del año.

Además, siempre que vas a un directo de Sabina tienes esa sensación de que probablemente sea el último. Pero qué queréis que os diga, el tío lo dio todo sobre el escenario el día 21, parecía un auténtico fénix renaciendo de sus cenizas. Por más que se lamentaba de los 30 años que llevaba tocando con Pancho Varona, 30 años maldita sea, Sabina nos ofreció al mejor Sabina, al que hacía años que no recordaba. Y me devolvió un pedazo de mi juventud. Yo siempre digo que la música de Sabina es la banda sonora de mi vida, y así es, pero los conciertos de Sabina forman parte de mi juventud divino tesoro. Una ya no se pone un bombín ni ve amaneceres habitualmente (salvo los de currar, me refiero a las noches enteras de vino y rosas seguidas de un esplendoroso amanecer), ni tampoco canta en los conciertos hasta quedarse sin voz. Pero una sigue siendo sabinera de alma y corazón, se le eriza el alma cuando escucha La Magdalena y canta Peor para el sol como si fuese el himno de su vida.



Sabina presentaba nuevo disco, aunque eso era lo menos importante. Sobre el escenario confesó que hacía varios años que no estrenaba gira con nuevas canciones y que le hacía especial ilusión volver a hacerlo. Sabina y su banda comenzaron con Lo niego todo, que como muchos dicen, huele a clásico (y luego os cuento más sobre esta canción); siguieron con otros temas menos conocidos, creados con la colaboración de Leiva y Benjamín Prado. Por cierto, yo estuve en el concierto del 21 y se esperaba a Leiva, pero no fue; no así al día siguiente que al parecer sí pasó por allí y se subió al escenario. Tampoco lo echamos de menos, para qué negarlo. No le quito mérito, pero yo voy a ver a Sabina ya sus chicos, y entre ellos especialmente a Panchito Varona y mi muy admirado Antonio García de Diego, con el que he pasado muchas noches sabineras memorables en la sala Galileo.

Tocaron unas cuantas del nuevo disco, bajó un poco el nivel, pero en seguida volvió a subir cuando enfilaron los clásicos. Por allí pasaron canciones imprescindibles para cualquier sabinero de pro: La Magdalena, Ruido, El Bulevard de los sueños rotos, Contigo, A la orilla de la chimenea, Y sin embargo, El pirata cojo, Noches de boda, Y nos dieron las diez, Pastillas para no dormir… Como podéis ver, conciertazo memorable en el que Sabina y sus chicos una vez más lo dieron todo y la que suscribe se emocionó, cantó, bailó y soñó como si volviese a tener veinte años.


Lo niego todo

Ni ángel con alas negras, ni profeta del vicio, ni héroe en las barricadas, ni ocupa ni esquirol, ni rey de los suburbios, ni flor del precipicio, ni cantante de orquesta, ni el Dylan español.

Ni el abajo firmante, ni vendedor de humo, ni juglar del asfalto, ni rojo de salón. Ni escondo la pasión ni la perfumo, ni he quemado mis naves ni sé pedir perdón.

Lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos, lo niego todo, incluso la verdad.

La leyenda del suicida y la del bala perdida, la del santo beodo. Si me cuentas mi vida, lo niego todo.

El tiburón de Hacienda, confiscador de bienes, me ha cerrado la tienda, me ha robado el mes abril. Si es para hacerme daño, sé lo que me conviene; he defraudado a todos, empezando por mí.

Ni soy un libro abierto ni quien tú te imaginas. Lloro con las más cursis películas de amor. Me echaron de los bares que usaba de oficina y una Venus latina me dio la extremaunción.

Lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos, lo niego todo, incluso la verdad.

La leyenda del suicida y la del bala perdida, la del santo de oro. Si me cuentas mi vida, lo niego todo.


Hablar de esta canción me daría para hacerme un psicoanálisis completo, mucho me temo… Esta canción, os decía al principio que huele a clásico, pero también un poquito a despedida, a lo que fuimos y no volveremos a ser. Al Sabina de antes, a los sabineros que fuimos cuando éramos más jóvenes y viajábamos en sucios trenes que iban hacia el norte. A veces, sólo a veces, me siento vieja, ya no me siento inmortal. Sé que no tengo ni edad de sentirme vieja pero cuando algunas canciones (de Sabina normalmente) me devuelven a otros tiempos los veo lejanos, incluso borrosos. Y me pregunto, si supiese escribir en unos versos mi vida como sólo lo hacen los grandes poetas…. Seguramente yo también lo niego todo.


Nota final: gracias a mi amiga AZ, cómplice de tanto, colchonera de ojos tristes, por compartir conmigo esta regresión a otra vida :)

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