LECTURAS INSPIRADORAS 6: EL ARTE DE NO AMARGARSE LA VIDA

Hace apenas un par de semanas os hablé sobre un libro cuya lectura me había resultado absolutamente inspiradora. Se trataba de Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreu. Podéis leer mis impresiones sobre ese libro aquí. En él se hace mención a su obra anterior, El arte de no amargarse la vida. Me gustó tanto el libro que tuve claro que mi siguiente lectura iba a ser precisamente la primera obra de este psicólogo y no puedo estar más contenta porque si Las gafas de la felicidad me gustó (mucho), El arte de no amargarse la vida me ha gustado muchísimo más.

Santandreu se ubica dentro de la corriente de la psicología cognitiva. Ésta se basa no en la búsqueda (a veces extrema) de la felicidad sino en la aceptación de la realidad, haciendo uso para ello de terapias cognitivas, argumentos con los que nos explicamos a nosotros mismos y de manera racional que no todo es tan terrible como normalmente pensamos. Yo, que soy una persona súper realista, no puedo estar más de acuerdo con estos principios y creo que, de momento, he encontrado en los libros de Santandreu un filón de crecimiento personal.

Como hice en el post anterior, os dejo mis aprendizajes sobre este libro.

Primero. Transformarse es posible

Nuestro objetivo tiene que ser hacernos fuertes emocionalmente y dejar de amargarnos la vida con neurosis varias que no nos dejan vivir. Es cierto que cambiar es difícil y exige esfuerzo, pero se puede lograr y transformarse en alguien positivo, que sea capaz de captar lo bueno de cada momento y que tenga fuerza emocional es esencial para vivir.


Segundo. Piensa bien y te sentirás mejor

En realidad no nos afecta lo que nos sucede (aunque creamos que sí), sino lo que nos decimos a nosotros mismos sobre lo que nos sucede (nuestras emociones).  Entre los hechos externos (lo que nos sucede) y nuestras emociones existe un paso intermedio: nuestros pensamientos. Cuando tenemos una emoción negativa exagerada encontramos antes de ella un pensamiento catastrofista basado en creencias irracionales que normalmente suelen ser falsas (porque son exageradas), inútiles (no ayudan a resolver problemas) y siempre nos producen malestar emocional.

La fuerza emocional y el buen diálogo interior son esenciales. Cuando nos habituamos a evaluar de forma más clara, realista y positiva nuestras emociones, se vuelven mucho más serenas. Calificar como terribles las cosas negativas que nos suceden sólo nos lleva a no ser capaces de resolver esas situaciones. Si piensas y recapacitas sobre ello, puedes darte cuenta de que muchas de las adversidades que podemos sufrir no son tan malas como habíamos imaginado. Santandreu nos invita a revisar nuestro sistema de valores y nuestras creencias más básicas sobre lo que vale la pena y no.

Si nos detenemos a pensar sobre la realidad, nos damos cuanta de que muchas veces exageramos la relevancia de las adversidades y esa exageración tiene consecuencias emocionalmente nocivas. Aprender a evaluar lo que nos sucede con realismo y objetividad nos hace más fuertes y tranquilos.

Tercero. Deseo versus necesidad

En esta sociedad sufrimos de necesititis, la tendencia a creer que necesitamos cada vez más cosas (materiales e inmateriales) para sentirnos bien. Confundimos deseo con necesidad. El deseo es algo que me gustaría ver cumplido pero que no necesito. La necesidad es algo sin lo que no puedo funcionar. Los deseos causan placer y las necesidades inventadas provocan inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión. La psicología cognitiva nos enseña que la felicidad implica disfrutar de los deseos sin apegarse a ellos, son meras formas de divertirse, no necesidades reales. 

Podemos hablar también de preferencias frente a exigencias. Una persona madura no exige, prefiere; es consciente de que la vida y los demás no están ahí para satisfacer nuestras demandas y que no necesitamos casi nada para ser feliz. Pero cuando somos vulnerables emocionalmente nos llenamos de exigencias que no se cumplen y nos llevan al enfado y la depresión.

La necesititis produce malestar emocional: si no poseemos esas cosas que creemos que necesitamos, somos desgraciados; si no las tenemos, tampoco estamos bien porque las podríamos perder y esa posibilidad nos genera ansiedad y/o porque las necesidades inventadas también producen malestar en que esas cosas nos desilusionan.

Cuarto. La rutina del debate


La terapia cognitiva busca convertirnos en personas más sanas y fuertes, transformar nuestra forma de pensar, nuestro diálogo interior y nuestra manera de evaluar lo que nos sucede para dejar de quejarse y empezar a disfrutar de lo que está a nuestro alcance. Con esfuerzo y dedicación deberemos lograr un hábito: que ese pensamiento sea automático, nuestra primera opción mental:

Paso 1. Detectar nuestras creencias irracionales
Paso 2. Combatir las creencias irracionales
Paso 3. Reemplazarlos por creencias racionales

El primer paso de la rutina del debate es aprender a detectar lo que pensamos mal. Después deberemos combatirlo, para ello necesitamos juntar cuantos más argumentos mejor para demostrar que la creencia no es correcta. Así,  podremos generar nuevas creencias más funcionales y equilibradas.

Argumento comparativo: existen otras personas que son felices en la misma situación?
Argumento de las posibilidades: Aun con esta adversidad, podría llevar a cabo objetivos interesantes para mí y para los demás?
Argumento existencial: en una vida que dura tan poco y que no tiene mucho sentido (o tiene un sentido metafísico desconocido para los seres humanos), es tan importante esta desgracia que me está ocurriendo? No hay nada tan terrible en un universo como el nuestro. Esta lógica,  que es apabullantemente real, nos permite distanciarnos de nosotros mismos.


Quinto. La creencia racional

La creencia racional es una frase constructiva y que produce sosiego, es antiterribilizadora, la creencia de una persona madura y fuerte. Pero tener una mente racional sí nos permitirá decir adiós al malestar emocional desbordante e invalidante.

Debemos detectar todos los días qué creencias irracionales hemos sostenido a lo largo de la jornada, ideas que nos han producido malestar emocional. Combatir esas ideas irracionales mediante la argumentación de la comparación, la argumentación de las posibilidades y la argumentación existencial, y formular finalmente las creencias racionales correspondientes. Se trata de convencerse de las creencias racionales; no basta repetirlas como un loro, la terapia cognitiva es terapia de argumentos, no un ejercicio de pensamiento positivo.

Verse feliz con poco es quitarse necesidades de encima,  hacerse más ligero y más fuerte. Iremos liberándonos de nuestra necesititis y nuestra tendencia a terribilizar. Una persona muy sana y fuerte no necesita cosas materiales ni inmateriales, ni pareja ni la aprobación ajena. Es importante no quejarse porque al quejarnos solemos exagerar y terribilizar, centramos nuestra atención en lo que no funciona y olvidamos lo que funciona.

No debemos olvidar:

1. Nadie es perfecto,  ni nosotros ni los demás.
2. La clave de las buenas relaciones es pedirle a cada cual lo que puede dar un no lo que no puede.
3. Es mejor sugerir que exigir el cambio a los demás.
4. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación.

Sexto: Controlar tempestades (aportar calma a los demás)

Debemos amueblar tan bien nuestra mente que las reacciones de los demás apenas nos afecten. Nuestro sistema de valores va más allá de la opinión de los demás y sus neuras. Aquí englobo el maravilloso mundo del estrés en el trabajo. El estrés tiene una doble vertiente: interna (temor a no estar a la altura de las expectativas de otros y autoexigencia) y externa (las neuras de los otros que nos imponen sus necesidades). La eficiencia probablemente esté sobrevalorada, especialmente si la convertimos en agotadora y demencial. Para mantener la salud emocional es necesario bajar el ritmo de nuestras autoexigencias y las de los otros, aprender a aceptarnos con nuestras limitaciones y tener orgullo de falibilidad: me acepto con mis fallos y limitaciones y entiendo que esta aceptación me hace ser mejor persona porque le quito exigencias a la vida y mi ejemplo sirve para pacificar el mundo. Además,  de los errores aprendemos y sin equivocaciones no habría crecimiento.

El mundo del trabajo cataliza de forma especial esa absurda necesidad que nos creamos de ser muy eficaces. Pensamos erróneamente que nuestro trabajo es sumamente importante,  y no lo es. Ni siquiera es importante para nosotros. Pensar que el trabajo de uno es esencial es el camino más directo hacia el estrés, porque esta creencia añade artificalmente una presión que arruina la posibilidad de disfrutarlo. Las personas lógicas trabajan sólo para divertirse, realizarse, disfrutar... y para ellas el estrés es casi inexistente. Lo consiguen porque sostienen la creencia racional de que el trabajo nunca es demasiado importante, no lo necesitan.

Con una mente plenamente racional, trabajaremos a nuestro ritmo, con buena planificación y sin estrés, disfrutando. Si finalmente la empresa no está contenta con ello habrá que aceptar su decisión de disfrutar de nuestros servicios. Las personas que transforman así su manera de trabajar acaban siendo las más valoradas en su empresa porque, aunque quizá no tengan un rendimiento bruto tan alto como otras, la calidad de su trabajo y su positividad destacan. Las empresas también necesitan gente feliz y entusiasta, al menos las empresas en las que merece la pena trabajar.

Si apreciamos realmente las cosas buenas de la vida, nos daremos cuenta de que nuestro trabajo, cualquiera que sea, no lo es todo. De hecho, yo añadiría que no es casi nada, es lo que queramos que sea y el valor que queramos darle. Podríamos no hacerlo nunca más y el planeta seguiría rodando y tendríamos casi las mismas oportunidades de hacer cosas valiosas y gratificantes. El objetivo es adquirir la convicción de que no importa demasiado el resultado del trabajo, sino que lo esencial es pasarlo bien, disfrutar de lo que se hace.

Creo que como sociedad deberíamos reflexionar y ponernos a hacer algo YA para cambiar la situación actual. Un 80% de los adultos se declara estresado, es una sociedad de la opulencia en la que nadamos en la abundancia y la ensoñación de que más es mejor, cuando no lo es. En la década de los cincuenta había menos de un 1% de personas con depresión, hoy el porcentaje es del 15%. Vivimos en un mundo de malestar emocional, cada vez tenemos más cosas y somos más infelices.

A nivel planetario ponemos en peligro la supervivencia de La Tierra a base de exigir más y más producción de bienes de consumo. A nivel personal nos exigimos tener muchas capacidades, ser guapo, deportista, inteligente, hábil con los negocios, excelente madre o padre... Estas cualidades son rasgos positivos pero cuando las convertimos en exigencias irrenunciables aparecen los problemas psicológicos, la tensión, el estrés... y una gran fuente de ese estrés es exigirse hacer las cosas bien. Démosle más importancia a la capacidad de amar que a las otras capacidades.


Séptimo: Ganar tolerancia a la frutración

Todo el tema de la salud mental trata de un único asunto: aprender a combatir las quejas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan. Me ha gustado mucho un dato: a lo largo de la vida sufrimos unas 20.000 adversidades, es decir, unas 23 de media cada día. La mayoría no serán grandes, más bien nimias, pero forman parte de vivir. Si aceptamos esas pequeñas frustraciones y les hacemos un rincón en nuestra mente, no nos preocuparemos demasiado por ellas, seremos más capaces de enfrentarnos a la vida.

Ojo, que aceptar no es conformarse. La psicología cognitiva nos aconseja tener confianza en la naturaleza armónica de todo lo que sucede en la vida y, sobre todo, mucha capacidad de aceptación. Nosotros, mientras tanto, podemos poner las bases para que algunas cosas sucedan, pero también debemos esperar una buena dosis de imprevistos y frustraciones.


Octavo: Liberarse de las obligaciones

Una de las jaulas emocionales es la de las obligaciones que sólo habitan en nuestra mente, minan nuestra capacidad de disfrute y pueden llegar a robarnos toda la energía. Suelen ser una neura que poseemos más nosotros que los demás y cuando dejamos de cumplir con ella, frecuentemente vemos con sorpresa que el mundo sigue igual. En otros casos, la neura es compartida, pero entonces si nos comportamos racionalmente, los demás tienden a entrar en razón y olvidarse de la supuesta obligación.

Gran parte de los problemas emocionales que sufrimos tienen que ver con las obligaciones. Solemos estar convencidos de que tenemos muchas (deberes con nuestros padres, hijos, amigos, sociedad...) y que debemos cumplir todas ellas. No tenemos por qué complacer a los demás, lo más lógico es hacer lo que nos apetezca de manera honesta. Algunas veces esto coincidirá con expectativas de los otros pero otras veces no, y no se acaba el mundo por eso. Si se enfadan, aceptémoslo, quizá en el futuro lleguen a ver las cosas de otra forma y podrán acercarse a su paz interior. 


Noveno. Todo acaba en la aceptación

Proverbio chino: en verano hace calor y en invierno hace frío. Hay hechos controlables pero también muchas eventualidades que simplemente suceden. Los seres humanos tendemos a imaginar situaciones ideales que sólo existen en nuestra mente, y luego nos enfadamos o entristecemos si no se cumplen. La falta de aceptación de la realidad es la base de la infelicidad. Pero lo cierto es que las cosas son como son, es decir, nunca perfectas. El universo tiene sus propias leyes y la realidad no nos pregunta qué planes tenemos para el fin de semana. No necesitamos que todo el mundo nos trate bien ni que haga sol el domingo para tener una vida maravillosa.



Décimo. Aprende a centrarte en tu ilusionante futuro 

Mira a tu alrededor, seguro que después de haber leído esto te has dado cuenta de lo afortunado que eres en muchos ámbitos de tu vida y las posibilidades infinitas que tienes. La vida no es perfecta, ni la tuya ni la de nadie, todos arrastramos fracasos y frustraciones en nuestro expediente vital, pero el mundo sigue girando y hoy está pasando tu vida, vívela y no dejes que se esfume.



Nota final: Es muy curioso, porque rebuscando en mis reflexiones en este blog he encontrado numerosos posts en los que hablaba sobre ciertos temas que han aparecido en este libro. Os dejo alguno de ellos, por si a algún amable lector le puedan interesar.















Y aquí ya lo dejo, que son demasiados posts, pero podéis elegir si alguno os interesa. Me ha sorprendido que algunos de ellos se acercan a los dos años de antigüedad, por lo que las semillas de las principios fundamentales de este libro ya habitan mis reflexiones desde hace tiempo atrás. Ahora, he sabido su nombre: psicología cognitiva.

4 comentarios:

  1. Me ha encantado la entrada , además de interesarme muchísimo.
    Te agradezco que me hayas puesto en contacto con estos dos libros, voy a buscarlos .:¡YA!

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  2. Gracias a ti, Tracy, y ya que estás busca también "Ser feliz en Alaska", será mi lectura las próximas vacaciones, es del mismo autor.

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  3. Yo leí este libro y también aprendí muchas cosas sobre él. Me ha encantado leerte y recordar muchas de estas cosas, que me vienen bien para el verano y me refrescan la memoria.
    Besitos!

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  4. Me alegro mucho, Ali EB, muchas gracias por tu comentario ;)

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