VERANO EN EL NORTE: VACACIONES SLOW

El año pasado escribí varios posts sobre las vacaciones de verano, ese tiempo tan necesario que utilizamos para desconectar, bajarnos de nuestras agendas y nuestras rutinas y hacer cosas diferentes. En realidad, resulta indiferente dónde vayas, no por hacer un viaje trasatlántico tiene por qué ser el viaje de tus sueños y a menudo cualquier escapada o plan diferente a lo habitual te hace sentir y vivir de otra manera, cumple su papel de desconexión y nos lleva a mundos diferentes al nuestro, que es de lo que se trata. 

Mis veranos a menudo son calificados como raros, cojo vacaciones como los ojos del Guadiana y aparezco y desaparezco de la oficina, en viajes exprés, a menudo cortos. Pero a mí me sirve porque cumplen el propósito que quiero: pasar el mayor tiempo posible con mi familia y sobre todo con mi hija (es decir, evitar estar semanas enteras sin verla o en su defecto encerrándola en un Madrid caluroso que en verano no es preciamente friendly con los niños) y desconectar. Sí, soy de las afortunadas que cierran la puerta de la oficina y se olvidan de que existe, hasta el punto de que casi no recuerdo mi código de acceso cuando vuelvo diez días después, y os aseguro que es verídico. 

Uno de mis destinos veraniegos favoritos es el #veranoenelnorte. Sé que muchos no lo entienden y no puedo culparlos por ello, porque veranear en la cornisa cantábrica a menudo trae días de lluvia. De hecho, el año pasado tuvimos un verano increíble y claro, ya pensábamos que con esto del cambio climático todo el monte es orégano en el Cantábrico, pero ya os digo que no, hemos tenido unas jornadas de lluvia estos días atrás que nos han devuelto a los veranos lluviosos de mi infancia. Parece que será algo intrageneracional porque a este paso también se le van a grabar a mi hija en su propia infancia. Sin embargo, a mí me sigue encantando veranear en el norte y ya os contaba sus ventajas aquí

De hecho, el norte es uno de los mejores lugares para practicar el modo slow life. Empezaré por confesar que me pasé antes unos días por Londres antes de recalar en mi Cantábrico del alma. Y claro, Londres de slow life no tuvo casi nada, pero en cualquier caso eso ya os lo cuento otro día. Pedro cuando recalamos en nuestro verano en el norte, bajamos las revoluciones y nos dedicamos a las vacaciones slow. Si al principio de este post hablaba de desconectar y bajar el ritmo, eso es precisamente en lo que quieren consistir las vacaciones slow y el modo slow of life y no se me ocurre una fecha mejor para hacerlo que en verano porque entonces, queridos míos, ya no tenemos excusas para no hacerlo. 

Una de las ventajas del verano en el norte es que no suele haber demasiada gente, o al menos mucha menos de la que te encontrarás en Levante o en las playas del sur. Además, las ciudades y pueblos del norte siguen su vida como cualquier otro mes del año, por lo que puedes vivir una vida fuera de las excentricidades veraniegas. Puedes ir a la playa, claro, pero también a visitar los mercados de la zona, a desayunar en el bar que más te guste (sin colas) y pasear frente al mar siempre que quieras. Los días buenos, pues al sol, y los menos buenos, con paraguas o con chubasquero también se puede, que igual hasta creces y todo. 


Ahora en serio, para mí esos días en el norte son sumamente especiales. Algunas razones para ello son precisamente esas que puedo englobar en vacaciones slow son las siguientes: 


1. Más espacio, menos ruido y menos aglomeraciones

Esto te permite llevar tu propio ritmo, mucho más pausado. Descansar más, dormir más, no tirarte de los pelos haciendo colas en los restaurantes o dando vueltas como tontos para aparcar, entre otras muchas ventajas. Cuando bajas el ritmo, además todo acoge una magia especial, la de las pequeñas cosas. Henar y yo hemos hecho cosas tan normales y a la vez tan extraordinarias como subirnos a los columpios, saltar sobre los charcos o merendar en nuestra cafetería favorita, mientras ella pintaba y yo me leía todos los semanales que no he podido leer en todo el invierno. Fueron momentos ¡¡¡tan mágicos e intensos!!!


2. No hace falta que te propongas muchas metas: disfruta de la naturaleza

Habitualmente pasamos de una agenda a reventar en nuestro día a día a una agenda igual de llena en las vacaciones. Demasiadas cosas por hacer, pocos días para poder hacerlas todas... En el norte, siempre hay sitios preciosos por descubrir, excursiones nuevas por hacer y tiempo para disfrutar. Pero no hay esa obsesión en el ambiente de tener que hacer muchas cosas todas seguidas. Si no haces algo, pues no pasa absolutamente nada. Quizá el año que viene puedas hacerla (en mi caso, suelo repetir destino), pero también se colarán en tu no-agenda vacacional nuevos planes con los que no contabas y que disfrutarás enormemente. Déjate llevar y disfruta de la improvisación


3. Sumérgete en la verdadera esencia del lugar

Lo de que las localidades del norte mantengan su vida normal en verano ayuda enormemente a darte la oportunidad de sumergirte de verdad en el espíritu y la esencia del lugar. Para ello, creo que los mercados son fundamentales, pero también las cosas cotidianas que hacen los que son de allí. Esas cosas del día a día quizá no sean tan grandilocuentes ni muchos de ellos se incluirían en una guía viajera hecha por el que no practica las vacaciones slow, pero son apasionamentemente mágicos. 


4. Llénate de paz, recarga tus pilas vitales 

Cuando bajas el ritmo y disfrutas de lo que te rodea, de la exuberante belleza azul del Cantábrico y del verano en el norte en este caso, consigues paz. Descansas, recargas pilas, de verdad desconectas de tu mundanal ruido y conectas con ese otro mundo, mucho más simple y a la vez mágico. Tus pilas vitales se recargan mucho más porque has conseguido bajar el ritmo, quitarte presión, eliminar citas de la agenda y disfrutar de lo que la vida cruza en tu camino hoy. 


5. Atrévete a volver a descubrir el mundo con ojos de niño

Aquí juego con ventaja porque tengo una niña maravillosa que con su ejemplo me lo recuerda. Es cierto que teniendo niños es más fácil, pero también que hay quien los tiene, los lleva de vacaciones y no aprende absolutamente nada de ellos y de su ejemplo. Comparto además con vosotros esta foto que me parece todo un símbolo, un agujerito para descubrir el mundo. Y además azul, ese intenso azul en un día azul del Cantábrico más azul que existe. 


Reflexiona un poco sobre si tu verano consigue hacerte descansar y volver recuperado, con ganas o con pilas llenas. Si es así, la oficina, el móvil, las agendas y esa manía de hacerlo todo bien debe de quedarse atrás. No sigas esclavizándote a través de tu móvil, abre los ojos y vive. Si no lo haces, seguirás perdiéndote todas esos regalos que la vida sitúa a tu alrededor. Y si estás leyendo esto, que está en internet, te lo agradezco infinitamente, pero ahora cierra el dispositivo y dedícate a disfrutar de tus vacaciones o a evocar los grandes momentos vividos. 

¡¡¡Feliz Verano!!!



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