SALAMANCA, DULCE NOMBRE TE DIERON

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Y si son dos, ya ni os cuento. Si no, que me lo digan a mí, que tengo la suerte de tener dos grandes amigos como son Patricia Sánchez y Carlos San Jorge (con sus alias respectivos de Celes y Miguel, por los personajes que más me han gustado de los que les he conocido) que además de ser buenísimas personas, son dos actores como la copa de un pino. Y en este caso, la copa o la sombra del árbol os aseguro que es muy alargada.

Patricia lleva muchos meses, quizá ya años, metida en la piel de Celestina, todo un clásico y un reto que ella conquista como si fuese lo más sencillo del mundo, pero no lo es. Me encantaría que José Luis Gómez viese su Celestina, la Celestina de Patricia, charra como ella, dura y en el fondo buena. A todos nos suena la historia de Fernando Rojas y de aquella pareja de enamorados que eran Calixto y Melibea (los Romeo y Julieta castellanos). Ambientada en la bella y única Salamanca, para mí una de las ciudades más bellas del mundo, narra esta tragedia de amor en la que una vieja alcahueta, Celestina, orquesta el encuentro entre los amantes y aunque es acusada de hacerlo por puro interés económico, que también lo hay, Celestina esconde mucho más detrás de su historia y su personaje.


Ese "mucho más" Patricia Sánchez lo borda. Esta grandísima actriz, que lleva mucho tiempo encarnando a Celestina en un microteatro que se ha hecho muy famoso en Salamanca, lleva todo el verano saliendo a las calles de Salamanca cuatro veces cada fin de semana, renqueando como una vieja, siendo una auténtica vieja, hasta el punto de que si no la conociese, si no fuese mi amiga como es, no dudaría que la avalan siete u ocho décadas de hastío y podredumbre. Su Celestina es fantástica de principio a fin, desde que aparece por la Plaza de Anaya, vestida de riguroso negro, con su bastón y sus canas, sus rodillas doloridas... hasta que se convierte en otra, la que viene tras la muerte, la que ya no sufre, la que ama. La Celes negra y la Celes blanca, las pasiones buenas y malas de este grandísimo personaje al que Patricia dota de matices inimaginables.

Llevo muchos años siguiendo la carrera teatral de esta actriz pero con su Celestina me ha dejado sin palabras. No es una obra de teatro al uso, es una visita guiada organizada por el Ayuntamiento de Salamanca y que es un auténtico regalazo para los que amamos el noble arte del teatro. A lo largo de una hora y cuarto aproximadamente recorrerermos algunos de los escenarios de la historia de Fernando de Rojas (o los que se inspiraron en ella), así como un bellísimo paseo por mi Salamanca del alma: desde el Colegio Anaya al Huerto de Calixto y Melibea, el Patio Chico y la Vera Cruz, frente al río. 

La adaptación textual para esta ruta también la firma la propia Patricia (esta chica es un auténtico diamante).  Os aseguro que el texto es brillante, además de la adaptación necesaria para contar en el recorrido ciertos datos e historias de la ciudad, la historia de Calixto, Melibea y Celestina, adaptada con otros muchos personajes, algunos de ellos del libro de Fernando Rojas y otros de nueva factura para la ocasión, se hace amena y divertida.


Los tres actores están geniales en su papel (o sus papeles en el caso de Carlos San Jorge y Elena Davidson). Carlos y Elena interpretan a Calixto y Melibea, pero también a sus sirvientes y otros personajes que deberéis descubrir en la ruta. El Calixto de Carlos es ideal de la muerte, quien haya asistido a la visita, sabe de qué le hablo. Me encanta ese Calixto actual, niño pijo, que le da un toque de humor. También esa Melibea pija y sobreactuada (que busca esa sobreactuación, demostrando muchas tablas para ello), que exagera los gestos de tristeza y pasión con ese toque de humor fantástico. Chapó por estas dos grandísimas interpretaciones, Carlos y Elena, más aún teniendo en cuenta que lo tenéis muy difícil, porque la Celestina de Patricia eclipsa.


Aún estáis a tiempo para verlos, los últimos pases son este próximo fin de semana, sábado y domingo a las 12 y a las 20 horas, saliendo de las escalinatas del Palacio Anaya. Siento no haberos hablado antes de ello, pero esta joya la pude disfrutar por mí misma el pasado domingo. No os lo perdáis, es un auténtico lujo. Nosotros fuimos toda la familia, niña y perro incluidos, y nos encantó. 

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