VIAJAR CON NIÑOS: APRENDIZAJES DE VERANO

Este verano visitamos Londres durante cinco días y lo hicimos con nuestra hija, Henar. Tenía ganas de visitar el gran Londres y sé que Londres con niños puede ser un reto, en realidad cualquier viaje con los peques puede convertirse en un gran reto, pero es un reto apasionante. Sé que hay personas que son capaces de embarcarse con niños y bebés en un viaje trasatlántico y otras personas a las que ir más allá de la playa en verano les parece imposible. No llego a ser una avezada viajera con niños, pero es cierto que procuro compartir los viajes con mi hija. Y os aseguro que, en realidad, no es tan difícil como inicialmente uno pudiese suponer


Es cierto que cuando viajas con niños tienes que tener tres cosas muy claras:

1. Hay que rebajar el ritmo para adecuarlo al de los niños. 

Aquí dependerá mucho del ritmo de cada niño, de su edad, de a lo que está acostumbrado... pero muy probablemente no podrás hacer el viaje que hacías hace años cuando ibas solo, con amigos o en pareja. Los niños tienen sus propios tiempos y a veces necesitan parar cuando tú quieres hacer algo, o jugar, cuando tú tienes otros planes, o no les apetece hacer lo que habías pensado. No pasa nada, simplemente adapta el ritmo y disfruta de una nueva forma de disfrutar ese lugar con ellos


2. Piensa en planes para ellos.

Puedes buscar planes ad hoc para ellos o reinventar planes para adultos dándoles una perspectiva de niños. Por ejemplo, si quieres ir de compras por Oxford Street, probablemente tengas que incluir la Tienda Disney en tu ruta y sacar de ella unas cuantas tiendas que habrías visitado si fueses sola; puedes llevarlos de museos, pero menos tiempo o contándoles las historias de las obras desde una perspectiva para ellos. Además, siempre hay planes de niños que pueden disfrutar mucho más, búscalos e introdúcelos en tu ruta


3. Debes estar dispuesto a rehacer planes, renunciar a algunos e incluir otros sobre la marcha.  

Es lo que tiene viajar, pero mucho más aún si lo haces con niños. Muchos de tus planes iniciales probablemente se caerán por el camino y deberás rehacerlos, pensar en nuevos planes sobre la marcha y adaptarte a lo que vaya surgiendo.

Si tienes claros estos tres conceptos: podrás disfrutar enormemente tu viaje con tus hijos. Lo pasaréis bien, compartiréis juntos nuevos lugares y seguro que el viaje será capaz de sorprenderos.


Aunque en otro post os hablaré del Londres que hemos descubierto juntos Henar y yo (y su padre), lo cierto es que este viaje con mi hija me ha sorprendido muy positivamente y he descubierto otro Londres con ella que no conocía, además de traerme unos cuantos aprendizajes para casa, que quiero compartir con vosotros:


1. La comodidad merece un gasto extra

Esto para mí está claro, es más, lo tengo claro desde hace muchísimos años, pero con niños mucho más aún. Cuando organicé mi viaje a Londres con Henar tuve claro que había ciertas cosas a las que no debía renunciar, aunque obviamente me saliese más caras. Por ejemplo, un buen hotel (un Ibis pero muy céntrico), una buena ubicación, menos pateo y más tarjeta Oyster y autobús (que además los autobuses rojos de dos plantas hacen las delicias de los niños) o los desplazamientos desde el aeropuerto al hotel en coche con chófer (lo de los trasbordos y andar kilómetros con maletas, se ha acabado). Planeándolo con tiempo, puedes ahorrar dinero, pero no es el momento de dar prioridad al ahorro sino a la comodidad. Todos lo agradecemos, pero los niños más aún.


2. Los planes deben cambiar: déjate sorprender. 

Decía al principio que una de las cosas que debemos tener claras es que hay que estar dispuesto a rehacer planes, casi sobre la marcha. Pues bien, voy un paso más allá, creo que no sólo hay que estar dispuesto sino que hay que empujarlo, abrazar ese cambio y dejarte sorprender. Así descubrirás otro lugar muy diferente al que creías conocer. En nuestro caso, por ejemplo descubrimos que si vas por uno de los parques de Londres y se te pone a llover, quedarte bajo un árbol disfrutando de un sabroso helado se convierte en una opción estupenda, quizá no se te habría ocurrido... 


3. Los lugares fantásticos que aparecen en el camino

Hay lugares sorprendentes con los que no habías contado. Y de pronto, ¡zas! aparecen en el camino y te sorprenden. Eso ocurre prácticamente en cualquier viaje, pero con niños los lugares sorprendentes son más. Habréis visto un poco más arriba una foto en la que mi pequeña princesa está encantada de la vida en una pastelería llena de cosas riquísimas en la que os aseguro que era difícil elegir. Nos la encontramos por casualidad, cerca del hotel, en una calle nada turística, y se convirtió en uno de nuestros sitios de cabecera. Son lugares mágicos y que posiblemente te pasen desapercibidos, momentos como pararse a escuchar un músico callejero, o entretenerse con una fuente en la que jugar durante media hora y hacer una parada en nuestra travesía. 


4. Lleva tu lista de imprescindibles e intenta cumplirlos, pero si no, no pasa nada

Yo llevaba una serie de imprescindibles y mi marido llevaba otra. Pero ambas listas estaban recortadas. Dentro de los imprescindibles hubo cosas que no vimos o vivimos como queríamos inicialmente, pero también eso te da otra visión. Por ejemplo, a Henar le gustó mucho la noria pero le aburrió el paseo en barco por el Thamesis (y mira que lo saqué por ella pensando que le iba a gustar), la visita al British Museum fue bastante plof y la Tate Modern casi ni la olimos, pero eso sí, disfrutamos muchísimo de las vistas desde la terraza, otro punto de vista que, quizá yendo solos, no habríamos vivido así. 



5. Vive la vida con ojos de niño.

Esto es sin lugar a dudas lo mejor de viajar con niños, ellos te regalan su propio viaje paralelo. Muchas veces tienes que readaptar tus planes a sus necesidades, o quedarte sin hacer cosas que quizá deseabas mucho. Pero a cambio te regalan un universo nuevo. Yo he ido muchas veces a Londres y he visitado muchas veces algunos de los lugares que he visitado ahora con Henar, pero la gran mayoría de ellos han sido diferentes, ya no eran los mismos que yo recordaba, o los he vivido de otra manera. Siguen sin gustarme los helados, pero los árboles de St James bajo la lluvia tienen un halo especial, aunque yo no comiese helados. He podido ver otro Londres a través de los ojos de mi hija

En definitiva, mis reflexiones del año pasado sobre ¿Vacaciones perfectas? encuentras las tuyas y sobre todo disfrútalas, vuelven a servirme 100% este año. Sigo pensando que las vacaciones perfectas son las que se adaptan a lo que necesitamos en cada momento, aunque no sean perfectas. Para mí, actualmente están vinculadas a bajar el ritmo, incluso en Londres, unas vacaciones más slow. Pero quizá otro año no sea así, da igual. Lo que está claro es que nunca volveremos a vivir este verano, mi hija nunca volverá a vivir el verano de sus 5 años, ni yo el de mis 36, así que debemos aprovechar la vida día a día, más aún en vacaciones. Viajar con niños y pasarlo muy bien es posible

4 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, supone viajar de otro modo pero compensa.

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  2. Si, es diferente pero incluso descubres cosas de ti misma aún no conocías antes, los ojos de un niño dan otra mirada, bien lo sabes BEGO! 😄

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  3. Estupenda entrada, Eva! Con todo lo que me queda por delante con el pitufo...;)

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  4. Pitufaremos mucho AZ! Y seguro que iremos aprendiendo por el camino 😂 I miss you a lot!

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