VIERNES VITALES 66: LO QUE ENCIERRAN TUS PALABRAS

Hace un par de días publiqué un post sobre una lectura inspiradora, el libro que inspiró la famosa película “Come, reza, ama”. Podéis ver mi opinión sobre dicha lectura (y todo lo que me gustó) aquí.  Hubo muchísimos retazos de este libro que me inspiraron y que he ido apuntando para reflexionar sobre ellos en el largo invierno (en verano, si os digo la verdad, me dedico mucho más a vivir y mucho menos a pensar). Pero hoy recupero un trocito de ese libro que me inspira esta reflexión que hoy condenso en mi viernes vital. Voy a intentar retomar estos posts de ViernesVitales a partir de ahora, ya que este 1 de septiembre me parece una buena fecha para recuperarlos.

Y aquí va el texto del libro que me ha inspirado:

“Los filósofos yoguis dicen que toda la tristeza de la vida humana la producen las palabras, pero toda la alegría también. Las palabras las creamos para definir nuestra experiencia y esas palabras nos producen sentimientos anejos que brincan a nuestro alrededor como perros atados a una correa. Nos seducen tanto nuestros mantras individuales («Soy una fracasada... Qué sola estoy... Soy una fracasada... Qué sola estoy») que nos convertimos en monumentos erigidos en su honor. Por eso pasar un tiempo sin hablar es intentar despojar a las palabras de su poder, dejar de atragantarnos con las palabras, liberarnos de nuestros mantras asfixiantes.”

No sé a vosotros, pero a mí nadie me ha enseñado nunca el valor de las palabras. Nos pasamos la vida aprendiendo palabras, coleccionándolas, pronunciándolas, escribiéndolas… pero desconocemos su peso y su dimensión interior. Y es que, contrariamente a lo que se dice, las palabras casi nunca se las lleva el viento y, dependiendo de cómo las utilices, cuándo las escojas y las pronuncies, la propia vida cambia.

Me hizo reflexionar este pedacito de texto del libro porque es cierto que las palabras van más allá del significado que puedan tener. Muchas palabras encierran tristeza, aunque otras muchas alegría. Debemos de ser muy cuidadosos con nuestros pensamientos pero también con las palabras que los reflejan, interpretan y desarrollan. Repetirnos hasta la saciedad lo que hacemos mal, nuestros fracasos, lo oscuro que se presenta todo… no sirve para nada bueno. El 1 de septiembre (de ahí el haber escogido este día) puede ser una fecha aciaga para muchos, vuelta al trabajo, a la rutina, a lo gris… ¿de verdad? Yo nunca he sido la alegría de la huerta, soy una persona muy realista y precisamente por ello suelo estar en un punto intermedio cuando veo que algunos tiran cohetes o cuando veo que otros se pegan cabezazos contra la pared. Ese punto intermedio no siempre es todo lo equilibrado que me gustaría, pero está bien porque da bastante perspectiva. 


Y desde ese punto intermedio os digo que el 1 de septiembre es un día como cualquier otro. ¿Vuelves al trabajo? Bueno, mírale el lado positivo, empezando porque ¡es viernes!, seguro que te gustará reencontrarte con algunas personas, hablar después de unas semanas, volver a tu casa (a mí me encanta meterme en mi cama y recuperar mi espacio). Y si el email está a punto de explotar, deja que se detone más adelante. Depende de ti, del control que puedas ejercer sobre tus sentimientos negativos. No dejes que las palabras te encierren en una jaula, la de esos pensamientos negros. Procura tener pensamientos mucho más felices porque al fin y al cabo hoy es un regalo de la vida. Pero sobre todo: no pongas en palabras esos pensamientos negros, no los pronuncies, así no podrán vivir.

Feliz 1 de septiembre, un día maravilloso si tú quieres

6 comentarios:

  1. Tienes toda la razón. Es una reflexión muy cierta.

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  2. El significado de las palabras, a base de usar las palabras pierde su viveza, porque las decimos sin pensarlas, como autómatas.

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  3. Yo siempre he dado mucha importancia a las palabras, sobre todo a aquellas que usamos para dirigirnos a los demás y a nosotros mismos.
    Se me viene a la cabeza esta frase del inicio de Cien Años de Soledad (mi libro favorito):" El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo", o aquella que dice que "lo que no se nombra no existe", afirmación que está muy lejos de ser cierta, pero que alguna razón tiene, je je. Un beso.

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  4. Mucha razón tienes en lo que apuntas en tu comentario Tracy, deberíamos pensar más antes de hablar

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  5. Macondo... Y el gran Gabo! Él sí que sabía de palabras, Esther! Qué alegría tenerte de vuelta por aquí 😉

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