LECTURAS INSPIRADORAS 9: RELEYENDO EL CORAZÓN HELADO DE ALMUDENA GRANDES

No es la primera vez que leo este libro, del que tenía un recuerdo azul como el cielo de Madrid.

Esos domingos de invierno en los que el cielo más bello del mundo elige amanecer en Madrid. 

Porque esta novela para mí lo tiene todo: mi Madrid, nuestra historia, las dos Españas y las heridas que aún siguen sin cicatrizar del todo. Y además, esa forma única que tiene Almudena Grandes de contar estas historias. Leí El corazón helado hace mucho tiempo; existe un post en este mismo blog titulado Una de las dos Españas ha de helarte el corazón que es del 2011 y que habla precisamente de este libro. Me voy a permitir el lujo de volver a escribir sobre él unos cuantos años después, con una Itaca que no es la misma que era entonces, pero que sigue pensando muy parecido en ciertos aspectos y también sobre este libro.


Volvamos al cielo de Madrid, que nuestra protagonista, Raquel Fernández Perea, contemplaba desde el balcón de la casa de sus abuelos.

Qué grande es el cielo aquí, pensó al contemplar la extensión infinita de un azul tan puro que despreciaba el oficio de los adjetivos, un azul mucho más azul que el azul del cielo, tan intenso, tan concentrado, tan limpio que ni siquiera parecía un color sino una cosa, la imagen desnuda y verdadera de todos los cielos.

Ese mismo cielo se cruzará muchas veces a lo largo de su historia. De la suya y de la de los suyos: Ignacio Fernández, su abuelo, que luchó en la Guerra Civil y se exilió a Francia durante la dictadura, que tanto anhelaba los vermús de grifo y el cielo de Madrid. Los Fernández, esa familia que perdió dos veces, la guerra y la segunda partida marchita, la que les ganó de la forma más miserable un individuo llamado Julio Carrión.

Raquel Fernández Perea no dejó nunca de mirar al cielo. Y nunca olvidó cómo se llamaba el hombre que hizo llorar a su abuelo.

Con todo esto tenemos una trama imprescindible, una novela que nos dejará muchos posos pero que se nos escapará entre los dedos, porque este relato es tristísimo y mágico a partes iguales. Pasarían muchos años y muchas cosas antes de que Raquel comprendiese el sentido de muchas escenas que había visto en su casa de París durante su infancia, el significado de una conversación oscura y a la vez luminosa que su abuelo tuvo con ella una tarde de sábado de vuelta en su Madrid. Ese Madrid que había cambiado mucho pero que en esencia no había cambiado casi nada. Un Madrid cuyas décadas pasadas habían estado dominado por el miedo, pero que no había perdido esa esencia que Almudena Grandes relata tan bien:  Mari Carmen Ortega seguía siendo Madrid, en la arrogancia de las mujeres valientes hasta la insensatez y en la humillación de las mujeres apaleadas hasta la extenuación. También en esa humillación.


Porque hay ciertas cosas que ni se pueden comprar ni se pueden robar. Y Madrid está lleno de personas que no se dejaron comprar, que mantuvieron su dignidad, su coherencia y la defensa de su mundo, y que aún lo siguen haciendo. Raquel retomará esa dignidad, esa lealtad y esa coherencia y emprenderá un camino sin regreso sin olvidar el nombre del hombre que tanto daño hizo a su abuelo y a su familia. La venganza es un plato que se sirve frío, muy frío, y a veces el destino nos tiene reservadas las mayores ironías. De venganzas y de ironía saben mucho las páginas de este libro, que una vez más es el relato de los vencidos, los que durante décadas no tuvieron voz porque se la callaron.

La venganza es noble, porque es una pasión. Una pasión torpe, débil, inútil siempre, porque jamás devuelve lo que se ha invertido en ella, pero una pasión.

Raquel Fernández y Álvaro Carrión, los protagonistas de esta novela contanda en dos tiempos, como lo fueron su abuelo y su padre respectivamente en el tiempo anterior, pertenecen a otra generación pero no pueden seguir viviendo de espaldas a la historia de sus familias, a las vicisitudes que hicieron que ellos estén aquí y ahora. Juntos deberán construir una nueva etapa, un nuevo tiempo en el que la alegría halle por fin su hueco.

La alegría no tenía precio. No existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es alegría. Yo lo sabía, porque había conocido demasiado bien el color gris en los tiempos de mi pobreza, todos esos años que viví creyendo que mi vida era vida, y que era mía.

La expectativa de la felicidad es más intensa que la propia felicidad, pero el dolor de una derrota consumada supera siempre la intensidad prevista en sus peores cálculos.

Esta novela cuenta la historia de muchos y buenos hombres y mujeres valientes, que tuvieron que afrontar tiempos muy difíciles y nosotros, desde nuestra situación actual, debemos no olvidar, debemos recordar. Gracias infinitas a gente como Almudena Grandes que escribe libros imprescindibles, como El corazón helado, como Inés y la alegría, como tantos otros... Lecturas absolutamente inspiradoras que uno lee y devora, relee y aún disfruta más.


Los hombres y las mujeres valientes nunca temen nada, ni a nadie, en el instante de la batalla.

4 comentarios:

  1. Pues éste aún no lo he leído. Y mira que me gusta esta autora. Tengo que ponerle remedio, sin duda.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Para mí es el mejor. También me gustó mucho Inés y la alegría y anteriormente Atlas de geografía humana 😉

      Eliminar
  2. Nunca leí nada de esta escritora pero creo que me voy a tener que animar visto lo visto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si te apetece yo te animo muchísimo a hacerlo. Para mí es
      una autora imprescindible

      Eliminar

Este blog no es nada sin tus comentarios :)