VIERNES VITALES 76: DANDO UNA OPORTUNIDAD A LA SORPRESA

Hace un mes pensaba radicalmente diferente, quizá sea la proximidad de la Navidad o el hecho de que mi cerebro va a echar chispas de las vueltas que le está dando a todo últimamente. Sea como fuere, he decidido darle una oportunidad a la sorpresa. Muchas veces pensamos que sabemos cómo van a ser las cosas y frecuentemente acertamos. Habría mucho que hablar en ese punto sobre cuánto de nuestro propio comportamiento determina que las cosas terminen sucediendo de una determinada manera, pero ése es un melón demasiado profundo que ahora mismo no me apetece tratar aquí. El caso es que si pensamos que sabemos cómo va a suceder algo, lo que está claro es que nos estamos predeterminando a que suceda exactamente de esa manera y no de otra

La Navidad es uno de esos momentos en los que pensamos que sabemos lo que va a ocurrir. Sí, frecuentemente ocurre, pero eso no viene al cuento de esta historia, porque si no, volveríamos a la casilla en la que estábamos (o estaba yo y ahora me acompañas tú, querido lector) en el párrafo anterior. Y en la vida se trata de avanzar, ¿no? pues avancemos. Tenemos por delante una oportunidad de vida, la Navidad, y una gran oportunidad de dejar que la sorpresa haga su trabajo. No nos pongamos fatalistas ni tremendistas, tampoco happy flowers que ya sabéis que no me va casi nada. Lo cierto es que, para casi todos, la Navidad es una época de sentimientos encontrados. Por un lado, amamos la Navidad, el calor del hogar, esa ternura de corazón, esos días familiares... pero por otro lado nos sacan de nuestras casillas, de nuestra zona de confort, hay momentos en los que no queremos ir a determinados eventos o reencontrarnos con determinadas personas que vuelven a nuestras vidas cada Navidad. Creo que este sentimiento es bastante universal, cada vez encuentro a más personas que, aún pudiendo gustarles o no la Navidad, les repelen ciertas situaciones o encuentros navideños. A mí también me pasa, así que lo entiendo perfectamente. 


El "problema" es que solemos ir predeterminados a encontrarnos con la catástrofe. Voy a ver a Fulanito (a quien no quiero ir) y me va a decir, entonces le voy a contestar y va a pasar... Si dejamos a nuestra mente volar, no hay airbus que la pille. Y además, como ya vamos predeterminados, ya llevamos por adelantado nuestras emociones y sentimientos revolucionados, en una olla a presión. Se mastica la tragedia y por adelantado. Pues bien, mi planteamiento para esta Navidad es respirar y dejar que lo que tenga que suceder, suceda. Alguno de vosotros opinaréis: ¿pero ésta no dijo más arriba que le iba a dar una oportunidad a la sorpresa? Pues sí, esta actitud es precisamente eso. No voy a ir predeterminada, pero sí con mis deberes hechos y mis líneas rojas bien claras. Ahora bien, como no voy predeterminada, estoy abierta a que suceda la sorpresa e incluso que suceda desde un punto de vista positivo, agradable, casi mágico. Si no sucede, no pasa absolutamente nada. Ya lo sé por adelantado, hay un porcentaje de posibilidades de que ocurra la magia y otro de que ocurra la catástrofe, lo acepto. Pero no será por mí, o mejor dicho, no será por mi predisposición. Porque este año mi predisposición se prepara para ser la mejor posible y para aceptar lo que venga. Luego reaccionaré acordemente a cómo suceda, y eso ya en sí mismo será un triunfo. 

Y tú, ¿qué Navidad quieres tener? 




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