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DUELE VERTE REMOVIENDO LA CAJITA DE CENIZAS QUE EL PLACER TRAS DE SÍ DEJÓ

El domingo pasado fuimos a ver otra obra al Teatro de la Abadía (aprovecho para adelantar que me encanta este lugar), en concreto “La Mujer Justa” de Sandor Marai, cuya adaptación teatral corría a cargo de Eduardo Mendoza (a quien me une una relación de amor-odio, hay obras suyas que me han enamorado y otras que me parecen infumables, pero en esta adaptación lo ha hecho bien.

Antes de ir a ver la obra, poco o nada sabía de la historia que me iba a encontrar, apenas la pequeña sinopsis que habían colgado en la página web del Teatro La Abadía. Sabiendo de antemano que esta historia era una suerte de triángulo amoroso, mi imaginación hizo el resto, pensé que la mujer justa se refería a la justicia de la mujer engañada (se puede entender en cualquiera de sus variantes). Sin embargo, el concepto de mujer justa en torno al que gira la obra se refiere a la mujer idónea, a la indicada. Dicen que en algún lugar del mundo existe nuestra media naranja perfecta, la persona con la que encajaríamos al máximo, que se convertiría en nuestra pareja ideal. Otra cosa es tener la suerte de encontrarla. Sin embargo, los seres humanos nos asociamos frecuentemente en parejas que se convierten en medias naranjas, pero que a veces no encajamos del todo, hay cosas que nos separan, que nos enfrentan…

Ésta es la historia de “La mujer justa” de Marai. El burgués húngaro protagonista se casa con una mujer burguesa, pero sigue enamorado de la criada que trabaja en casa de sus padres y el inevitable triángulo amoroso resurge años después. Su primera mujer, la burguesa, está obsesionada con la pérdida del afecto de su marido y el distanciamiento que provoca lo inevitable; sin embargo, se obsesiona también en encontrarle la mujer justa, la idónea, la que encaje con él, ya que ni ella ni la criada parecen serlo.

Vemos amor y desamor, sufrimiento… pero sobre todo parece que el autor nos quiere transmitir que esa media naranja perfecta, esa mujer justa no existe. No es verdad que en algún lugar del mundo exista alguien que encaje con nosotros al 100% y que todo merezca la pena para encontrarla. Hay momentos y circunstancias, que nos hacen converger o por el contrario separarnos. Nosotros mismos y nuestras circunstancias evolucionamos, hay momentos en que las relaciones son más proclives, otras veces no lo son. Por ello, quizá aunque realmente existiese esa media naranja perfecta, esa mujer justa, quizá las circunstancias no nos amoldarían, y quizá ya no sería esa persona idónea.


SOBRE LAS TABLAS.

Marika y Peter un día constituyeron un matrimonio. Vivían en Budapest desde su cómoda posición social de burgueses. Tienen un hijo que parece reconciliar las diferencias entre ambos, pero poco a poco se van separando. La muerte de su hijo abre una brecha demasiado grande entre ambos, y poco tiempo después Marika encuentra en la cartera de su marido una enigmática cinta morada, de procedencia desconocida, capaz de hacer retornar el pasado y se separarlos como pareja. En una historia de dos, cuando se cuela el simple recuerdo de una tercera persona, todo se destruye. Marika indagará a través de Lazard, el amigo escritor de su marido, la procedencia de esa cinta morada y de la mujer a la que pertenece hasta dar con ella. El triángulo se muestra al público, y es que aunque Peter nunca le ha sido infiel con Judith, el recuerdo de aquélla ha sido siempre demasiado poderoso, y en su matrimonio, un fantasma velaba sus sueños. Marika y Peter se divorciarán, éste intentará a su vez que su historia con Judith por fin cuaje, pero el destino nunca muestra sus cartas hasta que resulta demasiado tarde.


En esta obra conviven dolores soterrados, una suerte de monólogo a tres voces, en el que los tres personajes protagonistas (Marika, Peter y Judith) se enfrentarán al patio de butacas y desgranarán su historia (la de cada una de ellos) según su punto de vista. Una de las peculiaridades es que cada uno retomará la historia donde el otro la dejara anteriormente, por lo que hasta el final de la obra no podremos ver todas las piezas del puzle encajadas.

No sé si conocéis una canción de Sabina titulada Amor se llama el juego. Viene a decir que el desamor también pasa, sólo es cuestión de tiempo, aunque mientras transcurre y no todo sea tan lento, tan doloroso y tan difícil. Probablemente a alguno os suene el estribillo:

El agua apaga el fuego y al ardor los años.
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.
Y cada vez peor y cada vez más rotos.
Y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.

Pero sobre todo hay un verso que a mí no se me quitaba de la cabeza mientras asistía a la representación de “La mujer justa”: Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer tras de sí dejó. Y es que eso es lo único que hacen los tres papeles protagonistas de esta obra, remover cenizas una y otra vez, cada uno a su modo, cada uno en un sentido, pero probablemente ninguno de ellos es capaz de pasar página.



PERSONAJES E INTERPRETACIONES.

Los tres principales papeles de la obra son los que he mencionado: Marika, Peter y Judith, quienes a su modo son capaces de desarrollar ese triángulo tan sui generis. Además de ellos, existe un cuarto elemento: Lazard, el amigo escritor de Peter, quien viene a hacer de enlace en toda esta historia. En la adaptación de La Abadía estaremos también acompañados por la música de un maravilloso violín, tocado con virtuosismo por Oriol Algueró.

Marika versus Rosa Novell.

Una de las actrices protagonistas era la propia mujer de Eduardo Mendoza. Se trata de Rosa Novell, quien interpreta a Marika, la mujer que comienza la historia y que durante una hora dialogará con el público contándole su historia: la de su matrimonio con su Peter, cómo descubrió los secretos olvidados de su marido y quién era la dueña de la cinta morada y lo que significaba. He de reconocer que desconocía totalmente a Rosa Novell, ni siquiera sabía que la mujer de Eduardo Mendoza fuese actriz. Al parecer tiene cierta fama en Cataluña y ha interpretado en el teatro muchas de las historias noveladas de su marido. A ella le toca interpretar en “La mujer justa” el papel más complicado, no por matices (creo que en este aspecto Judith es mucho más interesante) sino por la longitud de su texto. Marika será quien nos introduzca en la historia y quien monologará durante cerca de una hora contándonos quién es ella, cuál fue su vida con Peter y por qué se truncó.

Voy a ser totalmente sincera con lo que me pareció la interpretación de esta actriz. En primer lugar, y como algo totalmente subjetivo, creo que para interpretar el papel de Marika hubiese sido preferible una mujer más joven. Rosa Novell, además de cercana a los sesenta años, no está demasiado bien conservada precisamente, por lo que creo que hubiese sido mejor una actriz de cuarenta y tantos años, pero se trata de una apreciación totalmente subjetiva.

En segundo lugar, su interpretación me pareció la más tediosa de todas, pero es cierto que es la más larga y también la más densa de las tres. Mientras que los monólogos de Peter y Judith duran entre los dos, cuarenta y cinco minutos, el monólogo de Marika dura por sí solo una hora. En el libro, ésta también la parte más larga y tediosa era la primera, y que aunque la adaptación era buena, no lo paliaba. Por ello, no puedo juzgar tanto a Rosa Novell como a la densidad de su papel, pero lo cierto es que en ocasiones su monólogo fue demasiado lento y denso, se nos hizo largo y en muchos tramos desconectamos.

Peter versus Camilo Rodríguez.

Tampoco conocía al actor que daba vida a Peter, el exmarido de Marika. He buscado referencias suyas por Internet, pero la verdad es que no he encontrado apenas nada, con su nombre he encontrado a un actor de doblaje colombiano, que por lo visto no tiene nada que ver. Este actor de mediana edad interpretaba a Peter, un personaje con muchos matices y situado en medio de dos mujeres y de dos mundos.


Judith versus Ana Otero.

Hacía tiempo que no veía a esta actriz, a la que recuerdo en una serie de televisión de hace mil años con Cristina Higuera y Fiorella Faltoyano. Sé que hace unos años participó en “Amar en tiempos revueltos” pero como no es una serie que siga mucho (por cuestiones de horarios) reitero que a esta actriz no la tengo muy vista últimamente. Era sin embargo la única de todo el elenco a la que conocía, y además interpreta el que para mí es el papel más interesante de esta historia. El personaje de Judith es ambivalente, puede parecer una cosa en un momento y llegar a ser todo lo contrario al siguiente. A pesar de ser un personaje corto, la intensidad es absoluta.

Aunque esta actriz no me dice ni fu ni fa a priori, creo que la interpretación del papel de Judith por su parte fue fantástica, cargada de erotismo, de fuerza, con cierto carácter sibilino. Para mí, sin dudarlo, lo mejor de toda la función.

Lazard versus Ricardo Moya.

Tampoco conocía a Ricardo Moya, quien también realiza una interpretación muy creíble en un papel también ambivalente y nada claro, el del escritor Lazard, amigo de Peter y quien en su momento tuvo poder para urdir sobre los destinos de su amigo. Un papel corto y no determinante, pero sí bien realizado y desarrollado.




AMBIENTACIÓN, ESTÉTICA, ILUMINACIÓN…

Me gustó especialmente la ambientación de esta obra, con apenas un atrezzo consistente en tres sillones y tres grandes espejos que eran en realidad tres grandes pantallas en las que aparecían imágenes magníficas, que te ayudaban a entrar en la historia. El juego de luces y de sombras era de nuevo magnífico, y es que todas las obras que he tenido el placer de ver representadas en el Teatro de La Abadía se caracterizan por su calidad como texto y como representación, su juego de luces, su iluminación, su ambientación, su sonido… Y ésta no fue una excepción en ese sentido.


ME GUSTÓ…

Me gustó mucho esta obra, para mí hasta entonces desconocida, y también esta adaptación. De hecho, espero poder leer el libro dentro de unas semanas y poder cotejar la versión teatral con la versión original del libro de Marai. La historia en sí tiene muchos bordes y matices, especialmente en el personaje de Judith, y creo que el elenco de actores y actrices lo hacen en conjunto francamente bien. Eso sí, probablemente si fuese posible acortar un poco el monólogo inicial (el de Marika) y desarrollar un poco más los otros dos monólogos (el de Peter y el de Judith) probablemente la obra mejorase, aunque quizá perdiese un poco el espíritu que buscó Marai al escribirla.

Es una historia profunda, contundente, de ésas que hacen que puedas pensar en ella y en lo que quiere transmitir: en si existe o no esa media naranja, la mujer idónea en un momento y un lugar, o si como tal no existe y depende de las circunstancias, de que dos puntos lleguen a converger… o no.

Comentarios

  1. Es complicado eso de las medias frutas...

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  2. Me gusta más eso del "medio limón".

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