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DE LIBROS, SOLES Y PASIONES

Domingo por la mañana, finales de verano… ¿qué hacemos? Pues se me ocurre ir a la Cuesta Moyano a brujulear y ver qué tesoros literarios encontramos, y luego, por qué no, pasear tranquilamente por El Retiro y tomarnos un helado disfrutando de la mañana soleada.

Madrid está lleno de rincones llenos de encanto y las mañanas soleadas de domingo (independientemente de la estación en que nos encontramos) constituyen un momento magnífico para rescatarlos del olvido y disfrutarlos. Y digo lo de rescatarlos del olvido porque Madrid a veces es tan grande que nos engulle, que olvidamos sus pequeños rincones y hacemos que pasen meses y meses sin disfrutar de esos lugares y esos momentos tan únicos. Y creo que El Retiro y la Cuesta Moyano constituyen parte de este tipo de lugares… lugares capaces de enamorarnos, lugares en los que pasamos momentos intensos y bonitos bajo el sol, pero lugares que a menudo olvidamos entre la rutina, las prisas, la desidia… y el propio olvido que lo cubre todo con su manto.

Hacía muchos meses que no iba a la Cuesta Moyano. Recuerdo que la última vez fue también una mañana de domingo… de domingo al sol. El domingo de hace un par de semanas había sol, de finales o de mediados de verano, porque la verdad es que hacía bastante calor, pero no sofocante. Lo suficiente para que disfrutásemos del día, nos imbuyésemos de ese tiempo detenido, de esa atmósfera de siempre que rezuman los libros y que rezuma también la propia Cuesta Moyano. Porque da igual el tiempo que dejes pasar, al reencontrarte con este sitio, sentirás que el tiempo no ha pasado, que ayer estuviste allí, rebuscando entre las casetas, intentando encontrar ese título que te llame la atención, o ese libro que hacía tantos años que no veías y que ahora podrás volver a disfrutar de su lectura.


¿QUÉ ES LA CUESTA MOYANO?


La Cuesta Moyano es algo así como una feria del libro viejo, un lugar donde las librerías de anticuario ubicadas en sus casetas sacan a la calle libros olvidados. Muchas y grandes bibliotecas particulares acaban desgraciadamente en la Cuesta Moyano. Y digo lo de desgraciadamente porque se ven deshechas, sesgadas, rotas, descompuestas, perdidas aquí y allá.

Es un lugar donde impera la nostalgia, porque cuando coges entre tus manos un libro viejo, muchas veces piensas qué historia vivirá entre sus páginas. Y no me refiero a la historia que cuente el libro en su lectura, sino a la historia en sí del propio tomo, a qué manos habrá pertenecido, qué ojos lo habrán leído y disfrutado enormemente con su lectura, o en qué estanterías de olvido y polvo habrá yacido durante años…



¿QUIÉN ERA CLAUDIO MOYANO?

Somos un pueblo que olvidamos nuestra historia. La Cuesta Moyano, ¿pero quién era Moyano? Nadie parece recordarlo… Claudio Moyano, un zamorano que ya en el siglo XIX reformó la enseñanza y la educación mediante una ley conocida como la Ley Moyano y que estuvo vigente nada más y nada menos que un siglo en esta nuestra tierra tan convulsa. Reformó la educación tal como hoy la conocemos, instituyendo una educación libre, gratuita y no secularizada.

Desgraciadamente, ya casi nadie recuerda a Moyano, ni siquiera quién era, ni qué significó su ley en nuestro país. Pero ahí está esta calle empinada, esta cuesta que lleva su nombre y que es al fin y al cabo un elogio a su persona, a la educación, a la formación, a la cultura… representada en los libros que cada día se venden y que viven una nueva vida en manos del apasionado lector que decide acercarse hasta allí a llevarse en la mochila nuevos tesoros literarios con los que disfrutar absolutamente de su lectura.

Pero además, la Cuesta Moyano está jalonada a su inicio y su fin con dos estatuas llenas de encanto. La primera, la que se sitúa casi en el Paseo del Prado, recuerda precisamente a Claudio Moyano, el olvidado. Al final de la Cuesta, ya casi frente a la verja del Retiro, se encuentra la estatua del gran literato Pío Baroja, con quien recorrimos Madrid de mano de algunos de sus personajes y sus libros como por ejemplo sus inolvidables Andrés Hurtado y el tío Iturrioz de una de sus novelas más renombradas: El árbol de la ciencia.


¿DÓNDE ESTÁ LA CUESTA MOYANO?

La Cuesta Moyano ha sufrido además muchas vicisitudes a lo largo de toda su existencia, estando ubicada en varios lugares del centro de Madrid, siempre en la zona del Paseo del Prado, muy cerquita de la Glorieta de Atocha. De hecho, el germen de este lugar se inició precisamente en Atocha, donde en el siglo XIX existía un mercado donde se vendían todo tipo de objetos. De este lugar, se disgregó una rama, la de los libros, que se mudó frente a las verjas de la entrada del Botánico, hasta que se mudaron a diferentes lugares cercanos. Desde hace unos pocos añitos (cuatro o así) la Cuesta Moyano, tras numerosas reformas y traslados, ha recuperado todo su esplendor.

Dispone de una calle empinada (de ahí lo de cuesta), totalmente peatonal, donde las casetas de madera en color azul se disponen una al lado de otra y cada día puedes ver el ambientillo del mercado de libros viejos y de segunda mano (aunque hay ediciones nuevas, lo mejor de la Cuesta Moyano es descubrir pequeñas joyitas en libros viejos olvidados y regalarles una nueva vida).

Pero ha sido difícil conocerla como ahora podemos verla. Recuerdo que hace unos años, cuando vine a vivir a Madrid (allá por el años 2005, 2006…) íbamos también los domingos a la Cuesta Moyano, pero no era lo mismo. No era una cuesta, sino unas cuantas casetas de aspecto casi de papel con tenderetes montados en el propio Paseo del Prado. Se había producido un importante incendio en el 2004 y la zona fue remodelada, hasta abrirse de nuevo al público que acogimos esta Cuesta Moyano renovada en todo su esplendor en el año 2007.

DE PASEO BAJO EL SOL.

Es muy agradable acercarse una mañana soleada a la Cuesta Moyano, con todas las ganas y la intención de encontrar pequeños tesoros en forma de libros que nos hicieran soñar. Y para allá nos fuimos los tres, la familia Telerín, mi maridete, mi querido Athejos reguapo y yo misma. El Athos además iba contento de excursión y se dejaba mimar por todo aquel que quiso pararse con él durante nuestro paseo por la Cuesta Moyano, que fue lento y con mucho tiempo, porque si a mí me encanta husmear entre libros, a su amito ni os digo. De allí salió pertrechado con dos bolsas llenas de libros, después de husmear y rebuscar casi en todas las casetas.

En mi caso, yo salí de allí con un par de libros, tras husmear algo pero mucho menos que el sabueso de mi marido. El pobre Athos ya de vez en cuando se sentaba como aburrido de tanto esperar, y su querido amito seguía a lo suyo. De vez en cuando los dos nos acercábamos a su amito y Athos se le ponía de patas como diciendo que estamos aquí aburridos, que te olvidas de nosotros.

Pero cuestiones perrunas aparte, pasear por la Cuesta Moyano (a pesar de su inclinación y lo que a veces cuesta subir con todo el cargamento de libros) es un verdadero placer. Es uno de esos lugares en los que todo el que va allí no suele ir para husmear sin más (algún turista despistado hay, pero poco), sino para buscar tesoros entre las pilas de libros. No esperéis encontrar grandes joyas de libros que cuesten una fortuna, porque sobre todo abundan los libros de bolsillo, ediciones normalitas ya un tanto ajadas con muchos años de polvo a sus espaldas, pero normalmente todo el mundo encuentra algo a buen precio y sales de allí con una sensación muy gratificante.

La mayoría de los libros de la Cuesta Moyano son libros baratitos (podréis encontrar ejemplares a partir de 1€), sobre todo libros viejos, con ya alguna que otra mano a sus espaldas. Pero a veces hay pequeñas joyas a precios también muy populares. En alguna de las casetas podréis encontrar ediciones actuales, y no digo yo que si pensabais comprar el último libro del autor de moda de turno, en lugar de hacerlo en el Corte Inglés, ya que estáis en la Cuesta Moyano, no aprovechéis para llevároslo desde aquí. Pero creo que la Cuesta Moyano no es para eso, sino para bucear entre sus montones de libros y encontrar aquel ejemplar ya ajado que te estaba esperando, que estaba destinado a ti sin que tú lo supieras.

Pero es que además en este lugar existe una idiosincrasia particular. Podría hacerse un particular animalario (monstruitos incluidos) sobre los libreros de la Cuesta Moyano y por qué no sobre los prototipos de sus clientes. Y si habéis ido alguna que otra vez a la Cuesta Moyano, estoy segura de que entenderéis por dónde van los tiros y a qué me estoy refiriendo. Abrir bien los ojos y fijaros en los detalles, en un sitio realmente interesante donde podréis descubrir muchas cosas. Pero sobre todo, por encima de lo demás, está el amor a la lectura de la inmensa mayoría de los que pululamos de una u otra manera por la Cuesta Moyano.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

La Cuesta Moyano es un lugar especial; uno de esos pequeños rinconcitos de mi Madrid del alma al que hay que visitar de vez en cuando, dejarse caer por allí en una mañana de sol e imbuirnos de su espíritu, disfrutar de la aventura de encontrar ese libro olvidado durante tantos años por su anterior propietario y que nos está predestinado. Hay que volver de vez en cuando a la Cuesta Moyano, aunque durante meses las prisas y el olvido nos mantengan alejados de allí, volveremos a este lugar sin duda.

No recuerdo el número de veces que la habré visitado, ¿veinte, treinta?, la última hace apenas ocho días. Pero sigue siendo la misma, con el mismo espíritu, especialmente bonita en las mañanas de otoño con las hojas cayendo. Aún no ha llegado del todo el otoño, pero ya había algunas hojas por el suelo, por lo que aprovechando el sol y el calor, con todos nuestros libros a cuestas, salimos de allí los tres en dirección al Retiro, otro de los lugares con encanto de Madrid. Y allí Athos corrió a sus anchas y nosotros nos sentamos tranquilamente bajo un árbol disfrutando de un sabroso helado. A veces, qué cosas tan insignificantes se necesitan para ser feliz…

Pero antes de irnos de la Cuesta Moyano, decidimos pararnos a saludar al amigo Pío Baroja, y Athos y yo posamos salerosos delante de su estatua.

Espero que muchos más domingos al sol de mi vida estén destinados a esos momentos llenos de encanto en la Cuesta Moyano.




Comentarios

  1. Huy, igual con que te pongamos una banquetilla un poco alta, como las de los bares, puedes hablar tranquilamente con Pío... ;-)

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  2. No sé, Espe, está demasiado alto. Le diría al Alcalde Faraón que lo bajase un poquito, que así de paso aprenda algo de escultura, que ya lo decía Rodin, que la escultura debe estar a pie de calle, para que se vea, o para que se hable con ellas :P

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  3. Bueno, entonces desestimamos mi propuesta y le decimos al Tutankamon que nos baje la estatua. :-P Por cierto, a lo de las cápsulas sí, si no te importa guardarlas, genial. Como además nos vemos más o menos asiduamente, las puedes traer cuando te venga bien.

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  4. Lastima no saber de este sitio cuando pase el verano en Madrid...

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  5. Conozco poco Madrid, básicamente de cuando mi marido estudiaba en la Universidad, pero coincido contigo, está lleno de rincones maravillosos! Y suscribo lo de la estatua, en Santiago tenemos a Valle Inclán en un banquito, para poder charlar con él en confianza ;)

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