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UN MINUTO PARA PIPO


Pipo es un yorkshire, y en parte el protagonista de este post (o cuanto menos su instigador). Me lo encuentro cada mañana en el parque, cinco o diez minutos antes de las ocho de la mañana, cuando generalmente voy corriendo, incluso volando, empujando el carrito de Henar y maldiciéndome porque un día más, llegamos tarde.

En los últimos meses mi vida se resume en un solo verbo: correr, correr, correr…. Me levanto corriendo, vivo corriendo, trabajo corriendo, voy de aquí a allá corriendo, casi siempre sin cumplir mis horarios por mucho que lo intento y cada vez tengo mayor complejo del conejo ése de Alicia en el País de las Maravillas que siempre iba diciendo ¡Llego tarde!, ¡Llego tarde!

Desgraciadamente, creo que el vivir demasiado deprisa es la pandemia de la vida moderna. Se empeñan en decirnos que pasarse la vida trabajando y corriendo, llegando exhausta cada noche es una vida plena. Pero no lo es. Hay quien trabaja demasiado, hay quien corre demasiado, y en esa ecuación, esas mismas personas son las que viven demasiado….poco. Creen que viven, pero no es verdad, dejan pasar días y días, corriendo de aquí a allá, sin darse cuenta de que la vida pasa deprisa y de que todo ese tiempo nunca volverá. Yo, hace ya tiempo que comprendí, quizá a base de hostias (y perdón por la expresión), que el trabajo no es un fin, sino un medio, aunque haya quien persevere en hacerme cambiar de opinión. No creo que lo consigan…

El metro de Madrid me encantaba cuando era una adolescente que venía de viaje a Madrid. Como en mi ciudad no había metro, viajar en el suburbano madrileño me hacía creer que era algo así como un personaje de una novela de Auster en versión española. Ahora lo odio. No cojo el metro salvo que sea absolutamente necesario. Me estresa ver gente corriendo. Hasta hace poco, yo era de los que corrían, ahora me tomo unos segundos en observar, pararme, no correr y ver cómo el universo hierve a mi alrededor. La mayoría de la gente corre, pero a veces, hay alguno que se para unos segundos a contemplar, a pararse a vivir.

A las ocho de la mañana yo siempre tengo prisa, casi siempre voy corriendo, con frecuencia ya llego tarde. Perosiempre, absolutamente siempre, tengo un minuto para Pipo. Un minuto para pararme, dejar que me salude, que mueva el rabo en señal de alegría, que se deje hacer una carantoña. Y esos instantes iluminan mi mañana.

El día que no me cruzo con él, lo echo de menos. Echo de menos ese momento de alegría mañanero y no me importaría llegar cinco minutos más tarde aún, porque esos minutos merecen la pena.

Pero no sólo es Pipo, hay muchas cosas que merecen la pena y a las que a veces no les dedicamos el tiempo que precisan. Llego tarde, pero tengo un minuto para Pipo, otro minuto para saludar a la profe de mi hija, otros dos para saludar al del bar de al lado de la guarde (que por cierto es un hombre encantador) a que el chico del garaje me cuente algún chascarrillo cada mañana. Y probablemente eso haga que llegue justa a trabajar, a veces incluso cinco minutos tarde, que luego tengo que recuperar y me hacen salir también tarde.

 No importa, hay que dedicarle ese tiempo y todo el que podamos a las cosas verdaderamente necesarias. A la sonrisa de mi hija, a su forma de tirarme del pelo (que aunque me haga a veces ver las estrellas, sé que algún día echaré de menos), a la despedida de mi perro Athos cuando me voy, a una caricia con mi marido por las tardes, a saludar al vecino, a pararse a disfrutar del arcoiris tras la lluvia…

Hay gente que nunca tiene tiempo, que siempre van corriendo, que hay cosas más importantes que les requieren. Hay gente que trabaja, y trabaja… y trabaja… Yo intento vivir, porque no hay nada peor que se te pase la vida sin enterarte y cuando esté acabando la función, ya demasiado tarde, te des cuenta. Porque no hay marcha atrás.

Por eso, siempre tengo y tendré un minuto para Pipo cada mañana, por lo menos durante todas las mañanas que el azar tenga a bien regalarme esos instantes con él. Porque sé que algún día ya no será posible cruzarme con él cada mañana. Y sé que entonces, lo echaré mucho de menos.  

Comentarios

  1. Pues es una pena que no todo el mundo sea consciente como tú de que hay cosas por las que merece la pena "perder" el tiempo. A mí esto de las prisas me mata, y dentro de lo posible intento como tú dices pararme un momento y ver cómo todo el mundo corre a mi alrededor; pero yo paso de estresarme...

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  2. Como decía una canción de Alejandro Sanz "viviendo deprisa la vida no se aprecia". El metro me gusta porque puedes leer, pero ese ritmo de vida tan rápido, es muy estresante. Alguna vez que fui a Madrid, lo noté. Cuando vivía ahí como hacia una vida muy tranquila, tampoco se puede decir que vivía muy rápido. Eso sí, ese ritmo te pone las pilas a lo bestia.

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  3. Tanto queremos hacer correr al tiempo, que lo conseguimos y, cuando nos queremos dar cuenta, ha pasado tan deprisa que se nos ha ido. Y aquella criatura enana que acunábamos, ya no es una cría y nos hemos perdido su presencia... Bueno, si el comentario ha quedado demasiado melancólico, no me eches la culpa a mí sino a Pipo

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  4. Mucha melancolía destilan tus palabras, Pedro...

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  5. Mucha melancolía destilan tus palabras, Pedro...

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