APRENDIZAJES DEL RETO MINIMALISTA DE NOVIEMBRE

Hace unas semanas compartí con vosotros un nuevo reto que afrontaba con ilusión: el Reto Minimalista de Noviembre: 465 cosas fuera de mi vida. Os contaba entonces mis retincencias mentales sobre si finalmente iba a ser capaz de llevarlo a cabo o no, pero lo hacía con toda la ilusión del mundo y además confiaba en las posibilidades ya que era (y sigo siendo) muy consciente de que en mi vida y mi casa hay demasiadas cosas, por lo que tenía margen suficiente para sacar 465 objetos, aunque a priori pareciese algo difícil de alcanzar. Aunque claro, según pasasen los días y aumentase el número de objetos que tenía que sacar de mi vida cada día, se iba a ir poniendo más difícil, pero no imposible.

Y aquí van mis aprendizajes de todo este proceso: 

1. Al principio fue súper fácil

Simplemente tenía que dejar ir y liberar de mi vida un montón de objetos inservibles, que no me decían nada y que siendo sinceros debería haber tirado o eliminado desde hacía tiempo. Para mí era sencillamente basura, y sobre la basura, salvo que tengas un síndrome de Diógenes o algo similar, no hay dudas. Se van y punto. En este primer bloque salieron decenas de cosas: cosméticos pasados, medicamentos caducados, bolígrafos y rotuladores que no escribían, cargadores que no funcionaban, una funda vieja de Ipad (que no sé para qué la guardaba porque hace tiempo que no tengo Ipad), pendientes desparejados, cosas que no me gustaban, frascos y botellas de cristal, libretas viejas llenas de anotaciones que no necesitaba, ropa vieja que hacía tiempo que debería haber tirado... en definitiva, cosas en su mayoría inservibles y sobre las que no sentía ningún tipo de emoción ni apego. La mayoría de ellas resultarían inservibles para casi cualquier persona. Pude reciclar vidrio, papel, ropa (en H&M te aceptan bolsas de ropa y te dan cheques descuento por ella) y deshacerme de verdadera basura.

Así a lo tonto trasncurrieron unos cuantos días. Es cierto que inicialmente junté varios días del reto y el domingo 5 tiré más de veinte cosas del tirón solamente con revisar un rincón y dos o tres cajones. Pero a partir del día 6 empecé a compartir mi experiencia en el grupo de Facebook.


2. La experiencia grupal anima 

Lucía, de Sencillez Plena, que nos animó al reto, también nos dio una buena herramienta para conseguirlo: el grupo de Facebook Esencia Minimalista. Inicialmente me apunté al grupo por curiosidad, pero sin esperar nada en concreto. Sin embargo, en seguida me enganché y me gustó la experiencia de compartir con otros de qué me había desprendido cada día y además aprender de las cosas de las que se desprendía el resto. El grupo tiene un efecto optimista y de ánimo innegable, entre otras cosas porque estás haciendo un camino en el que surgen dudas, trabas... y compartes ese camino con personas que pasan por momentos como el tuyo. Simplemente el sentirte en la misma senda, de algún modo comprendida, ya sirve mucho. Pero además en el grupo está la diversidad y también están las ideas geniales. Aunque a mí el reto me resultó más fácil de lo que había pensado inicialmente, reconozco que hay momentos en los que te surgen las dudas, sientes apego y miedo a desprenderte de más cosas o no se te ocurre por dónde seguir. Conocer lo que otras personas han hecho te da ideas de por dónde puedes continuar tu propio camino.


3. Es increíble la cantidad de basura que acumulamos 

Esto es uno de los grandes aprendizajes que me ha dejado este reto y que además me ha sorprendido más. Creía que llegaría un día (a partir del día 15 ó 20 aproximadamente) en que tendría verdaderos problemas para encontrar algo de lo que deshacerme. Pero no, es impresionante lo que acumulamos. A veces, repasando un cajón me salían 15 ó 20 cosas, muchas de ellas absolutamente inservibles. Muchas de las cosas de las que hablo además ni siquiera recordaba que las tenía y se me ha olvidado para qué las guardaba. Me refiero a objetos y cachivaches varios que son auténtica basura. Creo que podría haberme tirado todo el mes desechando únicamente artículos de basura y aún me quedaría mucho más para enfrentarme al reto del apego.

Entre la basura incluyo: cosas que no le sirven a nadie, rotas, pasadas de fecha... Aquí aparecen cosas como alimentos caducados, medicamentos caducados, cremas y potingues varios que llevaban años cogiendo polvo en el baño, cosas que están rotas... ¿por qué narices mantenía todo eso en mi casa y en mi vida?

Cosas para por si acaso o para manualidades, que por supuesto nunca uso. El tema manualidades trae cola. Y eso que si os pasáis por la sección Hazlo tú mismo de mi blog veréis que yo sí hago manualidades y do it yourself variados. Pero aún así, guardaba un montón de cosas inservibles para manualidades que primero, no recordaba ni que las tenía y segundo, nunca las he usado por supuesto. Incluyo en este apartado recortes varios, trozos de cosas, anillas de latas de refresco... un horror, vamos.

Recuerdos que ni recordamos, otro cajón de sastre. Cosas como fotos viejas que no nos dicen nada, recortes de prensa, folletos de publicidad, revistas, entradas de espectáculos... No sirven para nada, las acumulamos y las olvidamos. Cuando vi la invitación de boda de uno de mis primos, que se había casado en 2008 me di cuenta de la cantidad de años que pasan y cómo nuestras vidas (al menos la mía) está llena de basura. ¿Para qué quiero esa invitación?

Minimalismo aprender


4. Es un juego y si quieres es divertido

Llega un momento en el que hasta te resulta divertido, además de purificador. Te levantas y piensas... ¿de qué me voy a deshacer hoy?, ¿qué no necesito ya en mi vida? Y recorres los armarios, cajones y diferentes espacios jugando a encontrar el próximo objeto. Cuando consigues llegar al número de objetos del día en cuestión te parece como que has ganado una partida. Sé que en realidad no es un juego, pero es bueno que lo parezca porque te hace disfrutar del proceso. Es más bien como un tipo de entrenamiento ya que según van avanzando los días vas abriendo tu mente y dejando ir muchas cosas. Cuando acabas con la parte de lo que es objetivamente basura, ya estás preparado para enfrentarte a lo que no quieres, no te aporta, no necesitas... y dejarlo ir. Hay cosas que ya cumplieron su función, es bueno dejarlas ir.



5. Te ayuda a quedarte con lo verdaderamente importante

Muy en relación con lo anterior. Empiezas a sacar cosas de tu vida y vas dejando espacio. Te vas quedando con lo que verdaderamente es importante y vas dejando atrás lo que no lo es. Y en el camino haces varios aprendizajes. Por ejemplo, me he desecho de cosas que eran de mi abuela y que me he dado cuenta de que guardaba únicamente porque me las había dado ella, ni siquiera me había parado a pensar si las quería en mi vida o no. Simplemente un día las había metido en un cajón (años atrás) y nunca había pensado sobre ellas. No tenían valor económico ni tampoco emocional, ¿por qué continuar manteniéndolas? Lo mismo me ha ocurrido con muchas otras cosas. Asumes que algunas de ellas cumplieron su función, incluso fueron importantes en su día, pero ya no lo son y no hay ninguna razón para que sigan ahí, cogiendo polvo y olvido.


6. Utilidad versus afecto

Creo que es una de las piedras angulares de este reto. Hay cosas que emocionalmente no te dicen nada, pero que sin embargo son útiles. No tienes que tener apego emocional a unos cubiertos por ejemplo, sencillamente sirven para comer. Es posible que se los tengas porque están vinculados a un recuerdo, a una persona o a algo emocional. Debemos tener muy presente que las cosas no son amor. No tienes por qué guardar algo que no te sirve y no te gusta, simplemente por el hecho de que te trae un recuerdo o que fue un regalo de alguien y sientes que desprendiéndote de él te desprendes del amor de esa persona, porque no tiene nada que ver.

Sin embargo, hay muchas cosas que son útiles, sin más. No tienen por qué gustarte o por qué no gustarte, tienen un cometido y cumplen una función. A veces, cuando te planteas soltar lastre debes tener en cuenta la funcionalidad, si son útiles y si de verdad las usas. Lo mismo con tener cosas duplicadas o repetidas por decenas, es bueno tener varios tenedores por ejemplo, pero ¿ un cajón entero? Sorprende ver la de cosas de más que llegamos a acumular y que aunque sean útiles no las usamos porque tenemos demasiadas.


7. Las cosas que se van dejan espacio para una vida más simple y mejor

Creo que donde más a fondo me he empleado es en el baño de mi casa (lo que da una idea de la cantidad de cosas pendientes que me quedan por sacar de mi vida). Pero lo cierto es que la diferencia es abismal, ya que he dejado de tener decenas de cosas atracando cada cajón y la sensación es fantástica. Sin embargo, creo que este reto no es más que un camino, algo que debo seguir durante mucho más tiempo. Debo pararme y plantearme si quiero seguir viviendo rodeada de cosas, porque la realidad es que mire donde mire veo trastos y más trastos. Es cierto que cada vez consumo y compro menos, pero también lo es que me deshago de muchas menos cosas de las que debería y que por una razón u otra cada mes llegan nuevas cosas a mi vida. Me agobia mucho esa situación y no estoy muy segura de cómo ponerle fin.

Mi reto en 2018 es hacer lo mismo con muchos otros rincones de mi casa, vaciarla de tantas cosas que no dejan espacio para la vida simple que quiero vivir.


8. Aunque creas que ahí no hay más, dale una segunda vuelta

He escrito segunda, pero podría decir tercera, cuarta, quinta... De hecho, creo que es muy bueno hacer ese ejercicio, porque en la primera vuelta sale sólo lo que sobra sin más. En la segunda aparecen nuevas cosas que también sobran y ni siquiera te diste cuenta la primera vez. La tercera vez ya tienes que pelearte con el apego, cosas que mantienes por un valor emocional pero que en realidad deberías tirar, donar, sacar de un modo u otro de tu vida. Dale varias vueltas en días diferentes a un mismo lugar y te sorprenderá todo lo que aún quedaba (o queda) por salir.


9. ¿Qué dice de mí todo eso que acumulo?

Pues lo primero que dice de mí, que soy tan organizada para algunas cosas, es que a nivel de trastos soy lo más desorganizado del mundo. Supongo que habrá gente en peores situaciones, incluso con enfermedades como el síndrome de Diógenes, pero eso no me consuela en absoluto. Mi yo dejado campa a sus anchas en el mundo de las cosas y, sin ser consciente, voy acumulando sin más. Es cierto que soy capaz de preguntarme antes de comprar algo si realmente lo necesito, si realmente me hace tanta ilusión y hago una compra mucho más consciente. Ahora bien, las cosas que llegan (o llegaron) a mi vida por una razón u otra, permanecen en ella sin sesgos. No he sido consciente hasta ahora de que debo de dar varias vueltas, volver a plantearme tiempo después si quiero seguir manteniendo eso es mi vida, revisando cajones, armarios, rincones... y preguntarme si debo mantener los regalos que me hicieron y que no uso o no necesito, o simplemente no me gustan; las cosas que llegaron a mi vida por promoción o por cualquier otro medio. Al final, hay muchas cosas que llegan y que tú no has decidido comprar pero sí estás decidiendo mantenerlos allí, ocupando espacio.

Reto minimalista


10. Aún me queda un laaaaaargo camino por recorrer

Y tan laaaaaargooooooo. Vivir una vida más sencilla en 2018 creo que también implica plantearme qué quiero hacer con todas esas cosas que aún inundan mi vida y no necesito y tampoco quiero. No es una sensación, soy absolutamente consciente de que tengo de todo y que además tengo mucho, demasiado, de todo también. Vivimos en un mundo consumista en el que comprar forma parte de nuestros hábitos. Comprar de más y vivir con demasiadas cosas. Es algo que, a nivel personal, me gustaría cambiar en 2018, a ver qué tal me va.

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Comentarios

  1. Gracias a ti empecé el reto en Diciembre y estoy supercontenta cuando desecho el número de cosas que marca el día. Ahora tengo un problema: tendré que interrumpirlo porque me voy de viaje ¿lo retomo cuando vuelva por donde lo dejé o comienzo desde el principio en enero? ¿Qué harías tú?

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    1. Lo que te haga sentir más cómoda, en realidad creo que ambos son igual de válidos, lo que te pida el cuerpo cuando vuelvas. Al final, creo que se trata de un camino largo para recorrer a tramos así que cualquiera de las dos opciones que elijas creo que estará fenomenal 😄

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  2. Si vas a hacer que me lo proponga como reto para el año próximo. Pero voy a ir poquito a poquito. Voy a empezar por mi dormitorio, que él solito me va a llevar varios días...
    Besotes!!!

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    1. Si, si, que ya aviso que es un camino laaaaargo. Yo todavía no he acabado con los armarios de ropa, y eso que tengo poca, pero en realidad es demasiada

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  3. Yo también debería hacer algo así, a medida que te leía cada apartado pensaba en la de cosas de las que yo tendría que deshacerme, también guardo cosas para manualidades (hace poco le di al hijo de una compañera un montón de cápsulas Nespresso que estaban guardadas para hacer manualidades, y que él ha usado para un árbol de Navidad que se hace en el insti con materiales reciclados), pero también tengo cosméticos que no utilizo, prendas que no uso...y eso que pensaba que yo tiraba cosas...

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    1. Cuando te pones, te das cuenta de la infinidad de cosas que nos sobran, y parece que no se acaba nunca. He aprovechado para poner unas cuantas cosas en wallapop, las típicas cosas bonitas que no se han usado nunca y que llevan años en un cajón o armario. Pero también para tirar, desprenderme, reciclar, donar... y aquí sigo, aún con un camino laaaaaargo por recorrer.

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