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LECTURAS INSPIRADORAS 11: ESTO ES AGUA

Hola, querido lector!

Hoy te traigo mi pequeña reflexión sobre otra lectura que me ha resultado tremendamente inspiradora. Espero que os animéis a leerla y a vosotros también os inspire. 

David Foster Wallace fue uno de los grandes escritores de su generación. Quizá os suene por su obra más famosa, La broma infinita. Pero de lo que hoy quiero hablaros es de un discurso que pronunció en 2005, unos años antes de su muerte. Lo podréis encontrar transcrito en internet, yo me compré la edición kindle del libro que lo recoge: Esto es agua, algunas ideas expuestas en una ocasión especial sobre cómo vivir con compasión. Tiene un precio de 1,42 euros y a mí personalmente me aporta tener esta lectura en mi biblioteca electrónica.

Os hago un pequeño resumen del libro y de las partes que a mí más me han impactado. Es una lectura rápida y conmovedora, os la recomiendo 100%.

Dos peces jóvenes se cruzan con un pez más viejo que les dice: 
¿Qué tal, chicos, cómo está el agua? 
El pez más viejo se va y después de un rato, uno de los peces pequeños le dijo al otro: 
¿qué demonios es el agua?

Esto es agua libro Wallace


En muchas ocasiones, la realidad más obvia es sin embargo la que más cuesta ver. Hablando en plata: no somos capaces de ver lo que tenemos frente a nuestras propias narices.  Esos dos peces no sabían lo que era el agua y vivían inmersos en ella, ¿cuántas cosas se nos escapan a nosotros de nuestra realidad? No sé a vosotros, a mí ya os digo que muchas, demasiadas.  

Según avanza el discurso, el autor nos habla de lo que podríamos llamar la paradoja de la experiencia: exactamente la misma experiencia, vivida por dos personas diferentes, puede decirles cosas absolutamente distintas a cada uno de ellos. Misma experiencia, distintas interpretaciones, a veces incluso contrarias. ¿Por qué sucede esto? Bien, somos personas diferentes que además tenemos patrones de creencias diferentes (cada uno tenemos el nuestro) y, por tanto, nuestra forma de interpretar la experiencia también es distinta.

A partir de este momento, de la interpretación de la experiencia, es cuando el discurso, para mí, se pone más interesante, toca algo en mi interior. Wallace nos habla del egocentrismo natural. Todos y cada uno de nosotros nos consideramos el centro del universo. Probablemente estés leyendo esto y pensando algo parecido a "no, yo no" pero quizá puedas reflexionar sobre algunas cosas. Es cierto que a veces nuestro egocentrismo no sale a la superficie, porque no está bien visto, pero en el fondo todos lo tenemos. Lo que yo pienso, lo que yo creo, lo que yo digo… eso es lo naturalmente cierto. El mundo, tal y como lo experimentamos, se encuentra a un lado: a la derecha, a la izquierda, delante, detrás... situadlo donde queráis, pero está a un lado, fuera de mí, o en este caso de ti. Los pensamientos y sentimientos de los otros se nos tienen que comunicar pero los nuestros son directos, inmediatos y apremiantes. No sé si esto os habrá llegado o no, pero a mí me hizo pensar muchísimo.

El caso es, esa configuración egocéntrica de fábrica, ¿la podemos modificar? Ser menos arrogante, tener más conciencia crítica y pensar que ni siempre tenemos razón ni siempre nuestra forma de ver las cosas es la única y la correcta. Un porcentaje muy alto de lo que pensamos es incorrecto y muchas veces, un tiempo después, nos damos cuenta de ello. Pero para eso, precisamente, necesitamos la conciencia crítica. Porque si no, muy probablemente, nuestra configuración egocéntrica de base nos siga diciendo que lo nuestro está bien.

Wallace nos invita a algo maravilloso: aprender a pensar y eso consiste en ejercer cierto control sobre cómo y qué pienso. Elegir a qué prestas atención y elegir cómo construyes el sentido de aquello a lo que prestas atención, a través de tu experiencia. Cuando experimento de forma automática e inconsciente las partes aburridas y automáticas de la vida adulta es cuando creo de forma automática e inconsciente que soy el centro del mundo y que mis necesidades, prioridades y sentimientos son los que deben determinar las prioridades del mundo. La gente que encuentro en un atasco está tan hastiada como yo, lo mismo que los que hacen cola para pagar en el supermercado, también la propia cajera, todos estamos cansados. ¿Por qué lo mío es más importante? 

Si de verdad aprendes a pensar y prestar atención, sabrás que tienes otras opciones. Porque la verdadera educación te permite escoger ser equilibrado.

En lo que Wallace denomina (creo que muy acertadamente) las trincheras del día a día de la vida adulta el ateísmo no existe. No existe el hecho de no adorar a nada. La única elección que tenemos es escoger a qué adoramos.

Si adoras el dinero y las cosas materiales, siempre querrás más.
Si adoras tu cuerpo, siempre te sentirás imperfecto.
Si adoras el poder, tendrás miedo, te sentirás solo y sobre todo siempre necesitarás más poder.
Si adoras tu intelecto, te sentirás tonto y temerás que otros lo descubran.

Todas estas adoraciones además suelen ser inconscientes. Y el mundo real no te va a disuadir porque esta sociedad vive en el dinero, el poder, las apariencias…

La verdadera libertad implica atención y conciencia, disciplina, esfuerzo, ser capaz de preocuparse de verdad por otras personas. Y esa libertad consiste en que te enseñen a pensar. La alternativa es la inconsciencia, la competitividad febril, la sensación constante y agobiante de que has tenido algo y lo has perdido. La verdad con V mayúscula tiene que ver con la vida antes de la muerte, llegar a los treinta o los cincuenta sin querer pegarte un tiro en la cabeza, el verdadero valor de la educación, más allá de los títulos y con la plena conciencia. Esto es agua.


Y hacer esto resulta extraordinariamente difícil: vivir de forma consciente y adulta día tras día. 


Esto es agua
Agua
Agua
Agua 



NOTA FINAL: Hay una frase que os he escrito en cursiva y que especialmente llega hondo, o al menos a mí sin duda me ocurrió. Llegar a los treinta o los cincuenta sin pegarte un tiro en la cabeza. No es literal, en el libro (teniendo en cuenta que está traducido al español) dice: Tiene que ver con llegar a los treinta años, o incluso a los cincuenta, sin querer pegarte un tiro en la cabeza. 

Wallace murió tres años después de pronunciar este discurso y la causa de su muerte fue suicidio. No se pegó un tiro en la cabeza, pero la forma en que decidió morir es lo de menos. Sufrió depresión durante los últimos veinte años de su vida, tenía 46 años, no llegó a incluso los cincuenta y sabía bien de lo que hablaba. Su medicación para la depresión le produjo graves efectos secundarios, la abandonó e intentó otros tratamientos que no le funcionaron. Cuando volvió al tratamiento inicial, el medicamento no le hizo efecto y ya sabéis el final de la historia. Sabiendo lo que sabemos de él ahora y de cómo fue su final, creo que el texto de Esto es agua se convierte en algo aún más imprescindible y tenemos la oportunidad de APRENDER A PENSAR, como él nos animó en su día. 

Querido lector, te pido un favor. Si algún día vienes por aquí y lees esto, si después de hacerlo lees el texto de Wallace, por favor regresa y comparte conmigo tus reflexiones, te estaré eternamente agradecida. Puedes hacerlo con un comentario (si el post para entonces es antiguo no se publicará automáticamente hasta mi revisión, pero se quedará y cuando lo revise te prometo que aparecerá). Si lo prefieres, puedes enviarme un mail a itacabuscandoaulises@hotmail.com. 


Esto es agua
Esto es vida
TODO lo que tenemos 


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