24 HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER


Este año me he dedicado a ampliar mi formación y mi tiempo libre se ha esfumado. Por ello, una de las actividades que se han visto reducidas ha sido mi asistencia al teatro. Que conste que pienso recuperar el tiempo perdido, pero aún le queda un poco, me temo.

El caso es que, para mí, ir al teatro es siempre una alegría, es una de mis actividades favoritas. Y además del teatro infantil (que creo que no se ha visto reducido sino incrementado), me gusta ir a obras para público adulto. Hace unas semanas disfruté junto a mi amiga Rosana de una de esas obras que son capaces de transportarte a otro universo y hacer que te olvides del mundo.

La obra, 24 horas en la vida de una mujer, protagonizada por una Silvia Marsó que nunca defrauda. Recuerdo a esta actriz con especial cariño por varias obras suyas que he podido disfrutar sobre las tablas. Especialmente, tengo un grato recuerdo suyo de cuando la vi en el Teatro María Guerrero en el mítico papel de Yerma. No me encajaba por edad (recordemos que Yerma era una jovencita) pero me encantó su interpretación. Por eso, cuando leí sobre esta obra, tuve claro que quería ir a verla. Se trata de una obra de teatro, pero también de un musical que sin duda es capaz de cautivar al espectador. En ella, Silvia Marsó vuelve a interpretar un gran personaje femenino: una aristócrata viuda, con hijos mayores y vida solucionada, llega a Montecarlo, y allí, en el mítico Casino de esta ciudad de la Riviera, conocerá a un joven que sólo en 24 horas será capaz de hacer trastabillar su correcta y monótona vida.

Esta obra se estrenó en el Teatro Abadía a principios de año y hasta el 3 de junio la tenéis en cartel en el Teatro Infanta Isabel, por lo que aún tenéis oportunidad de verla. Teniendo en cuenta que está cosechando buenas críticas y la pasión personal de Silvia en esta obra (ella misma fue a París a ver este montaje musical y le gustó tanto que decidió producirla en España), supongo que con gran probabilidad harán gira.

La historia original del escritor austriaco Stefan Zweig se convierte en un libreto musical en esta adaptación. El resultado es magnífico, yo lo disfruté muchísimo. En la Europa de entreguerras, la correcta viuda parisina llega a Montecarlo y su vida se descoloca en tan sólo 24 horas. Esa misma viuda, ya casi anciana, contará por primera vez esa historia muchos años después de haber sucedido y evocará en su recuerdo esa madurez aún joven, esas horas en las que perdió la cordura y se olvidó por un instante de su vida segura y monótona.


En Montecarlo, en el Casino, conoció a un joven de manera inesperada. Ella, cuyos principios éticos resultaban fuertes y férreos, los vio tambalearse y caer como las grandes columnas al suelo por un día. El joven, jugador empedernido, pierde todo su dinero en la ruleta aquella noche. Ya no le queda nada e intenta suicidarse, pero ella se interpone y decide quedarse a su lado 24 horas, contraviniendo todos sus esquemas morales. Y ese encuentro, dejaría en ella una huella de por vida, esa huella que nunca se atrevió a confesar… ¡hasta ahora!

Silvia Marsó, elegantísima y excepcional, devora la escena y la llena durante una hora y media, sacando a relucir sus magníficas cualidades como actriz y también como cantante. No es fácil, pero ella lo hace francamente bien y me sorprendió esa versión musical de sí misma. Borda el papel de Mrs C. y para ello está acompañada de otros dos actores: Felipe Ansola como el joven ludópata y Gonzalo Trujillo como el maestro de ceremonias. No debemos olvidarnos de los tres maravillosos músicos, Josep Ferré, Gala Pérez Iniesta e Irene Celestino, que al piano, violín y violoncello respectivamente, nos harán volar con esa música en directo tan maravillosa.

Creemos que manejamos nuestras vidas, pero nada más lejos de la realidad. El costumbrismo, la religión, los estereotipos, el estatus y otras variables determinan nuestros movimientos, lo que se supone que debemos de hacer y lo que no. Mrs C. es una viuda encorsetada en el período de entreguerras, en el que la dignidad la marcan otros, una presión social de la que no puede desembarazarse.

Hay algo freudiano en toda esta historia, fácil de entender si conocemos la amistad que unió al autor de la misma con el psicoanalista. El debate moral es palpable en esta historia, en la que se enfrentan los sentimientos más íntimos y devastadores de la viuda con lo que la sociedad espera de ella.

Además del fantástico trabajo actoral, capitaneado por Silvia Marsó, que está brillante, acompañado del gran trabajo musical, no puedo ni debo olvidarme de la escenografía. Me pareció sencillamente maravillosa y capaz de construir diferentes espacios a golpe de cortinón que los propios actores despliegan y recogen: bohemia, intimista, burguesa, hasta con un punto tétrico. Me encantó. La iluminación estaba también muy acertada y el vestuario, especialmente el vestido rojo brillante con doble falda que tan majestuosamente llevaba Silvia Marsó, me gustaron mucho.

En definitiva, una obra sorprendente para los amantes de los musicales pero no sólo para ellos, sino también para los amantes del teatro bien hecho.


Comentarios

  1. Me encantaría poder verla! Le hicieron una entrevista en Atención Obras presentando precisamente esta obra y ya me dejó con ganas. Ojalá hiciera gira.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gustó muchísimo, creo que se nota en mi texto. Si tienes oportunidad de verla, no la dejes pasar, te gustará mucho, seguro.

      Eliminar
  2. ¿Está basada en la novela? si es así veo que está actualizada ¿no?. A mí el libro me gustó mucho.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No he leído la novela, lo siento, pero entiendo que es una adaptación teatral ;)

      Eliminar

Publicar un comentario

¿Te ha gustado? Déjanos unas palabras ;)