MUÑECA DE PORCELANA CON EL GRAN JOSÉ SACRISTÁN

Este curso, por motivos varios, ha sido mucho menos teatrero de lo que me hubiese gustado. Aún así, creo que he tenido suerte con las obras que he podido ir a ver. Empecé la temporada disfrutando muchísimo de La duda, de Darío Facal; me gustaron muchísimo algunas obras como Una habitación propia, con una increíble Clara Sanchís, Troyanas, o 24 horas en la vida de una mujer. Además de reírme y pasármelo fenomenal con el Musical de la Familia Addams y disfrutar mucho de varias obras de teatro infantil con mi hija Henar a lo largo de este curso.

Pero a veces no escribo de ciertas obras que voy a ver y me gustan. Éste era el caso de Muñeca de porcelana, que disfruté en el mes de mayo en el Teatro Bellas Artes y de la que no había hablado hasta ahora.

Lo cierto es que tenía muchas ganas de ver esta obra, que no pude disfrutar en su día cuando la programaron en el Matadero el curso pasado. Tampoco “la pillé” en teatros del extrarradio de Madrid, donde suelo ir a disfrutar de obras que no pude ver cuando estuvieron en la cartelera de la capital. Pero esta primavera la repusieron en el Teatro Bellas Artes y tenía muy claro que no pensaba perdérmela por nada del mundo, menos aún teniendo en cuenta que José Sacristán actuaba como protagonista.

Muñeca de porcelana es uno de los últimos textos del norteamericano David Mamet, uno de los grandes dramaturgos contemporáneos. Yo ya había disfrutado de alguna de sus obras, como Oleanna por ejemplo. Os aseguro que sus textos no dejan indiferentes a nadie. En este caso, escribió esta obra para Al Pacino, que debía encarnar al protagonista. Después de verla, y con una José Sacristán muy diferente al Pacino que conocemos, está claro que lo escribió para aquel, aunque al parecer, según he podido leer, Pacino no disfrutó mucho de este personaje precisamente. 


Un millonario pasa el que debería de ser su último día al frente de sus negocios. Acaba de comprarle un avión a su joven prometida y su idea es abandonarlo todo e irse con ella, pero una llamada trastocará todos sus planes. Este texto nos adentrará en las miserias del poder y todo lo que el ser humano es capaz de hacer por mantenerlo. Mientras instruye a su joven y a priori ambicioso ayudante para que continúe al frente del negocio, sonará el teléfono y entenderemos el enjambre que se urde bajo la figura de ese millonario. Una persona que ha nadado en las cloacas políticas y económicas, que sabe de políticos, empresarios e infinidad de corruptelas, que siempre ha sabido coger la ola y mantenerse de pie, pero que parece que esta vez ha resbalado y se resiste a aceptarlo.


Sobre el escenario, dos actores: el gran José Sacristán y un joven Javier Godino. Ambos están magníficos en su papel y Godino consigue darle la perfecta réplica a un Sacristán que dota a su personaje de infinidad de matices. En una hora y cuarto aproximadamente, veremos muy buen teatro sobre el escenario. Sacristán hilará una conversación con otra a través de un teléfono con interlocutores imaginarios que le pondrán contra las cuerdas y le urgirán a tomar decisiones que antes no se habría planteado.

Ni qué decir que Sacristán obviamente está soberbio. Con los ochenta años ya cumplidos sigue siendo ese caballero de larga figura sobre las tablas de un teatro, capaz de encandilar al público y que es capaz de hilar un texto duro y de auténtica raza teatral. No es fácil este papel ni tampoco sus matices, menos aún saltar de una conversación a otra con varios interlocutores que en realidad no te dan la réplica, sino que te la debes dar tú a ti mismo y tus silencios. Él lo borda.

Asistimos durante la duración de esta obra a una especie de clímax, mindfulness teatral donde el mundo deja de existir. Sé que ésta es una de esas obras que dejan un recuerdo fuerte y con huella y me siento muy afortunada por haber podido disfrutar, por fin, de ella.

Comentarios

  1. Qué envidia me das! Con lo que me gustaría ver a Sacristán en el teatro...
    Besotes!!!

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    1. Con esta obra estuvo en Sevilla, lo he leído en algún sitio

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  2. No sabes cuanto me gusta el teatro, por eso envidio estas entradas tuyas.
    Un beso

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    1. No voy tanto como me gustaría, Tracy, pero es una de mis grandes pasiones!

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  3. Teatro, mi gran asignatura pendiente, aunque el curso que viene, si todo va bien, me voy a desquitar. Te digo como siempre, qué envidia me das, guapa.

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    1. Este año no creas que ha sido una brillante asignatura en mi vida, aunque eso sí, las elecciones han sido buenas. Poco y bueno, diría yo ;)

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