MINIMALISMO POR ENTREGAS 9: ECONOMÍA CIRCULAR

Me ha encantado este vídeo que he visto en El País y que no puedo dejar de compartir aquí. Mucho hablamos los mayores de minimalismo, reciclaje, consumo responsable… Son temas que yo misma he sacado muchas veces en este blog. Pero ¡qué bien lo explican los niños! Y lo que necesitamos es ¡ponernos manos a la obra!


Antes de nada, os dejo ver el vídeo, porque luego seguro que entenderéis mejor mi reflexión. 




Una cosa que particularmente me pasa es que muchas veces creo que vivimos en un mundo excesivamente teórico.  La teoría del reciclaje está ahí, a veces hasta la ponemos en práctica y separamos basura, llevamos al contenedor verde el vidrio, al amarillo el plástico, al azul el cartón y el papel… Pero creo que a la hora de consumir se nos olvida la teoría y la práctica no siempre es tan buena como racionalmente nos gustaría.

Intento explicarme con ejemplos, que es mucho más gráfico y ésa es la magia del vídeo.

Por ejemplo: cuando me desprendo de algunas prendas de ropa que ya no utilizo, las llevo a un contenedor (o en mi caso a HM y su programa de reutilización de telas de algodón), utilizo algunas prendas para otras cosas (camisetas viejas para dormir es el ejemplo más clásico) e incluso le llevo los retales a una amiga que los utiliza para algunas manualidades maravillosas. Hasta ese punto muy bien porque reciclo pero sin embargo no reutilizo tanto como debería y además sigo comprando más de lo que necesito.

Es mi reflexión personal en primera persona, no digo que le pase a todo el mundo, pero yo, que no tengo demasiada ropa, sin embargo tengo armarios y cajones llenos de ropa que no me pongo, y aún así, sigo comprando ropa cuando (creo que) la necesito. Por ello, mi consumo no es demasiado responsable en este sentido y probablemente debería molestarme más en enviar a arreglar algunas prendas, customizar otras y reducir mis propiedades textiles. Sin embargo, lo cierto es que eso lo complica todo aún mucho más, ya que nos lleva más tiempo, ideas, a veces hasta dinero… y resulta mucho más sencillo comprar ropa nueva cuando la necesitas y ya está. O al menos a mí así me resulta más fácil.

No hablemos ya de cuando tenemos un evento, una boda por ejemplo. ¿Cómo no vamos a comprarnos un vestido para la boda de nuestra querida amiga Fulanita?  Es impensable. Que levante la mano quien no tiene algún vestido (o varios) en su casa que sólo se ha puesto una o dos veces para este tipo de eventos. Más aún, a veces incluso tenemos ropa con las etiquetas sin ningún uso, esperando que llegue el evento perfecto. Y cuando llega un evento, compramos algo nuevo. Es demencial, lo miremos por dónde lo miremos. 

Todo se simplificaría mucho si compartiésemos nuestras cosas, pidiésemos prestado, prestásemos, vendiésemos y comprásemos en segunda mano, customizásemos lo que tenemos… Sí, hemos avanzado mucho en todo esto, pero… ¿creemos que lo suficiente? Normalmente, hay muchas más opciones antes de comprar, opciones que no valoramos lo suficiente, o al menos eso es lo que creo.

Si compartimos más, tiraríamos menos cosas, tendríamos menos cosas y en definitiva se fabricaría menos. Por el contrario, lo que seguimos haciendo es acumular y generar infinidad de residuos, justo lo contrario a lo que hace la naturaleza, que es la que verdaderamente es sabia, no nosotros. En la naturaleza todo se transforma y se reutiliza en un movimiento cíclico continuo (tal y como nos lo cuentan en el vídeo).


La velocidad actual de crecimiento es insostenible y parece que no sabemos o no queremos darnos cuenta de ello. Nuestros abuelos arreglaban las cosas, no las tiraban sin más; ahora hemos llegado a la absurda situación de que arreglar unos zapatos te cuesta lo mismo o incluso a veces más que unos nuevos. No hablemos de tecnología… ¡de locos! Cuestan más dos cartuchos de tinta que la impresora con tres cartuchos nuevos; o los móviles a los dos años “se mueren” y dejan de funcionar bien. Hay cientos de ejemplos tecnológicos, la obsolescencia programada. Por eso consumimos, compramos, tiramos… sin tener en cuenta qué estamos haciendo con nuestro planeta.

Afortunadamente, algo estamos avanzando con la economía colaborativa. En el vídeo hablan de una bicicleta, de que si la compartimos ganaríamos todos, porque una bicicleta compartida te permite no tener que hacer otra bicicleta, y otra más… En este sentido, mi hija, a sus seis años, va por su segunda bicicleta. En nuestra infancia, la mayoría de nosotros tuvimos dos bicicletas, tres a lo sumo. En mi caso, tuve una BH roja, de las que tenía todo el mundo, desde que aprendí a andar en bici hasta que hice la comunión. Para la comunión me regalaron la típica bicicleta rosa con su cesta, que me duró unos cuántos años más. Y al final de mi adolescencia tuve una bici de carreras, a eso de los 17 años aproximadamente (no la incluyo por tanto como bici de infancia). Pues bien, mi hija, de 6 años (repito el dato, porque creo que es importante), ya va por su segunda bicicleta.

Lo bueno es que sus dos bicis han sido de segunda mano. Para eso, Wallapop es fantástico. La primera, una bici del Decathlon de 3 a 5 años (que yo le he estirado hasta hace un par de semanas y que reconozco que ya le quedaba ridículamente pequeña) la compré en Wallapop y ahora la va a heredar la hija de una vecina. La segunda, la ha heredado Henar de su amiga Carolina. Nos la regaló su madre, pero su tío me dijo una frase que me hizo pensar mucho (él es al fin y al cabo quien ha comprado esa bici y todas las de su sobrina): “sólo te pido que cuando ya no le valga se la pases a otra niña para que la disfrute”. Tal cual, seguro que dentro de unos años, cuando ya no le sirva, se la pasaremos a otra niña, a la hija de mi amiga que ha heredado la bici pequeña probablemente.

Sin embargo, no puedo dejar de cuestionarme si tener cinco, seis bicicletas a lo largo de una infancia lo tenemos que aceptar como normal.  En el vídeo incluso se nos habla de no tener bicicleta y sencillamente compartirla, como sucede con las bicis de alquiler que hay en Madrid por ejemplo. Lo cierto es que compartir es reducir y en eso exactamente consiste la economía circular: aprovechar los recursos que tenemos, estirar su vida útil y que otros puedan aprovecharlo. Con eso conseguimos muchísimo: no generar más y más residuos, no generar más objetos que llenan nuestras vidas (y nuestros trasteros) para nada, no cargarnos el planeta como nos lo estamos cargando... 

En definitiva, que creo que debemos de pensar un poco más antes de comprar de manera compulsiva, seguro que hay muchas cosas que podemos ahorrarnos y que podemos seguir utilizando, arreglar, customizar o darles otra vida. Y si no nosotros, otros a quienes les vendrán bien. Me ha encantado este vídeo, por eso quería compartirlo con vosotros. 

Comentarios

  1. Pues sí, toda la razón. Compramos mucho más de lo que necesitamos. Lo tenemos todo tan al alcance de la mano... Nos han educado tan bien en el consumir...
    Besotes!!!

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    Respuestas
    1. Vamos a tener que re-educarnos entonces ;)

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